El reportero gráfico francés Yan Morvan ha estado documentando las partes más escondidas de las actividades ilícitas de Francia desde que era tan sólo un joven en la década de los 70. A los 20 años, fue publicado por primera vez en el periódico izquierdista Liberation, lo cual impulsó su carrera, que desde entonces se enfocó en la captura de imágenes de lo liberal, lo controversial y lo inesperado. A la edad de 18 años, Morvan comenzó su búsqueda en la documentación de la actividad de pandillas, comenzando con los Hell’s Angels, y sus trabajos que hablan de las costumbres y actividades de las bandas continuaron a lo largo de las décadas, que más adelante, ofreció una retrospectiva de grupos tales como los Skinheads de París.

Luego de publicar su libro de imágenes Le Cuir et la Baston en 1974, un grupo de los Hell’s Angels no estaba muy contento con la forma en que habían sido retratados; así que respondieron salpicando su casa con cartuchos de escopeta. En este punto, la mayoría de los aspirantes a fotógrafos habrían abandonado por completo, pero Yan no era uno de ellos.

“Si piensas que te vas a morir, no podrías hacer nunca el trabajo. Una vez fui capturado en el Líbano y mataron a todas las personas a mi alrededor. Un chico cayó a mi lado, gritando con un cuchillo en su vientre y cuando uno de los soldados venía por mí, su jefe le dijo, ‘él no’. El día siguiente estaba en un avión de vuelta a casa a París. Esperé tres meses y luego regresé.”

Morvan es venerado por haber eludido la línea del fotoperiodismo entre lo seguro y lo profesional. En 1995 conoció al ahora famoso asesino en serie parisino Guy Georges, mejor conocido como “la bestia de la Bastilla.” Georges fue condenado por violar y asesinar a siete mujeres entre 1991 y 1997, y en esos años, el fotógrafo conoció de cerca lo que vivieron sus víctimas, pues el criminal lo obligo a “trabajar para él” por dos meses para que tomara sus fotos. En el 2000, sin embargo, Yan lanzó el libro Gangs Story, una retrospectiva de su trabajo y las experiencias que le dieron forma.

Después de pasar cuatro décadas poniéndose en peligro real y experimentando con la muerte en innumerables ocasiones, Yan, ahora con 62 años de edad, explica por qué ha estado tanto tiempo tan cerca de la muerte. “Me hago la misma pregunta, ¿por qué hago esto? No sé por qué lo hago. La mitad de mi sangre viene de Dinamarca y la otra mitad de Inglaterra. Son gente de guerra, así que está en mi ADN, ¿qué puedo decir? Me aburro el resto del tiempo. Descansar no es bueno para mí.”

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan Morvan

Fotografía: Yan MorvanYan Morvan

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