En julio de este año, el gobierno boliviano legalizó 20.000 hectáreas de cultivos de coca a través de una nueva ley general que excluya a esa planta de la actual norma que penaliza las sustancias controladas. En el año 2004, el presidente Evo Morales decidió legalizar los sembradíos de coca en su país como una medida para erradicar la violencia que de manera constante se suscitaban en diversas regiones bolivianas entre los agricultores de la planta y oficiales de la DEA. Luego de in incidente en el 2008 que cobró la vida de 30 personas, Morales decidió expulsar a la agencia antidrogas norteamericana del país, pues alegaba que ya no podía garantizar su seguridad con las tensiones crecientes.

Desde hace miles de años, las hojas de coca han sido utilizadas por la gente de Los Andes como un estimulante ligero en la comida, en forma de té o simplemente masticadas para proporcionarles energía y como una medicina natural que los ayuda a combatir diversos malestares, que van desde la altitud hasta los dolores menstruales. Por supuesto, la coca también es la materia prima en la producción de la cocaína, el primer blanco a destruir en la región por diversas agencias antinarcóticos de norte y sudamérica.

El permanente conflicto entre Bolivia y la DEA

Durante 13 años, de 1997 a 2004, en Bolivia se estableció un programa fundado por los Estados Unidos para la erradicación absoluta de la coca en Bolivia, sin tomar en cuenta su uso ancestral y la importancia de esta planta para la sobrevivencia de los campesinos bolivianos, en especial los de la región de Chapare. El resultado fue un conflicto intenso y traumático en donde las mujeres de la región eran golpeadas y violadas de manera constante, y los campesinos eran interrogados a todas horas y hasta asesinados por los agentes de la DEA. Las protestas nunca terminaban, sus campos eran destruidos, y debido a que la siembra es la fuente de ingreso casi exclusiva de la zona, debían tener campos ocultos con el miedo de que fuesen a ser sancionados.

Con la legalización de la coca en el 2004, Bolivia comenzó a colaborar con la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, quienes hacen un estimado anual de la cantidad de tierra que se dedica al cultivo de la planta para hacer proyecciones de cuánto de la siembra podría convertirse en cocaína. gracias a un rastreo satelital y visitas a los campos hechas por inspectores. El límite actual de 20.000 hectáreas parece ser un balance ideal hasta los momentos, pues satisface la demanda local de coca y asegura que la menor cantidad posible llegue a manos de los productores de drogas.

Washington no está muy contento

Aunque esta iniciativa es considerada por lo general bastante exitosa, Washington no está muy contento. En más de una oportunidad el Departamento de Estado ha acusado a Bolivia de no lograr sus objetivos antinarcóticos y aunque admiten que “ciertas actividades” han tenido un buen resultado, el hecho de que sigan existiendo plantaciones de coca no es bien visto. Sin embargo, de acuerdo con Sanho Tree, del Institute for Policy Studies de Washington y quien se especializa en políticas de drogas, a visión estadounidense de no considerar el aspecto cultural de la planta en la región no tiene sentido. Según él, la solución es ayudar a los campesinos a diversificar sus campos para que no dependan sólo de la coca. “Al negarse a reconocer la realidad, los Estados Unidos prácticamente aseguran que continúe el círculo vicioso”.

La Unión Europea lo considera positivo

Por su parte, el embajador de la Unión Europea en La Paz, Tim Torlot, ha declarado que la estrategia del país es buena.

“En general, los bolivianos han sido buenos compañeros en la lucha contra las drogas.”

“Eso no quiere decir que no tengamos algunas críticas, pero creemos que realmente están comprometidos en reducir los campos de coca. Nos gusta cómo han diseñado sus políticas, con una aproximación integral”.

10 años después de la legalización de la coca, Evo Morales sigue apostando a la idea de no penalizar, pues hasta ahora, Bolivia ha demostrado que es posible confrontar el tráfico de drogas con la participación de la gente. Sin bases militares norteamericanas y sin la presencia de la DEA, pero aún más importante es el hecho de que lo ha logrado sin la responsabilidad compartida de países consumidores.

Según David Gagne de Insight Crime, el Centro de Investigación de Crimen Organizado, el próximo paso podría ser la legalización de la cocaína, de manera controlada, aunque este sería un paso sin precedentes. Sin embargo, la organización dice que sería una muy buena medida a considerar en un futuro.

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