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Album Reviews

Charli XCX

CRASH

Portada del álbum "CRASH" de Charli XCX.
7.8
Words Juan Carlos Sahli

Tras más de una década desfigurando los sonidos del pop, en agosto del año pasado, la británica Charli XCX (Charlotte Emma Aitchinson, de 29 años de edad) se aprontaba a abortar misión. ”RIP Hyperpop?” semi-ironizaba en sus redes sociales, poco antes de anunciar el primer single de CRASH, Good Ones. Una dosis letal de electro-pop, de bajos robustos y melodías bajo presión, probaba que aunque junto al colectivo PC Music Charli hubiese sido precursora de todo un movimiento, ahora podía darse el lujo de derribarlo. Su último álbum, How I’m Feeling Now (2020) sonaba como el apogeo mismo del hyperpop, colmado tanto de disonancia electrónica y delirios rave como de una atmósfera hogareña. Concebido en 5 semanas durante el peak de la pandemia  junto a un par de productores y el apoyo de los fans, hoy es un fiel reflejo del poder comunitario que brinda la música en tiempos de fragilidad. Con CRASH, Charli da vuelta hacia atrás y acelera en dirección diametralmente opuesta a ese último trabajo. ”Me aburrí de la autenticidad’‘ confesó en una entrevista, hablando de que esta sería su era sellout (vendida). Se guardan las cámaras caseras; en su reemplazo llegan videos cinematográficos coreografiados y una cuidada estética de vampiresa retro. Los fans ya no están invitados a crear con ella vía zoom, ahora los hace esperar 8 meses para el lanzamiento. Otra señal: A. G. Cook, productor ejecutivo de casi todas sus obras más insignes del hyperpop (incluyendo Pop 2 de 2017 y Charli de 2019) aparece en solo dos oportunidades. En su lugar, entra un arsenal de distintos productores, desde Jason Evigan (Dua Lipa, Madonna) a Ariel Rechtshaid (Sky Ferreira, Ariel Pink), quien produjo gran parte de True Romance, su disco debut de 2013.

De apenas 30 minutos de duración, CRASH destaca por canciones fugaces pero adictivas, que conjugan distintas variaciones entre el pop más sexual de los 80, la sencillez contagiosa de los 90 y la opulencia digital de los 2000. Son recurrentes las apologías a la obsesión y el enamoramiento, aunque, como una femme fatale sacando pañuelos de la guantera, Charli también lamenta amores fallidos, saboteados por su fobia al compromiso y al aburrimiento. En Move Me confiesa llevar ”en su alma” la compulsión de abandonar relaciones aunque estas la hagan sentir bien. El beat sincopado y la atmósfera de glamour con toques oscuros cabrían en cualquier disco de R&B comercial lanzado en 2007 o 2008; el estribillo en un comienzo suena muy familiar y luego se quiebra hacia una de esas melodías rítmicas que Charli maneja a la perfección. La vemos plenamente melancólica en Every Rule, producida por Oneohtrix Point Never y A. G Cook. Un relato sobre el consuelo que le significó una relación a sombras de la oficial, está dentro de sus interpretaciones más sentimentales hasta la fecha. La producción minimalista recuerda a Charlie Puth en modo balada, los sintetizadores a The Human League. 

Hacia el final del disco, las canciones se vuelven aún más livianas, Charli más asertiva en sus recuentos amorosos. Nos regala un elemental tema de house-pop noventero con Used to Know Me, cuya producción bebe de la recontra sampleada Show Me Love de Robin S y aún así mantiene gran potencial para arrasar como single en las pistas de baile. Es una celebración de independencia tras romper con una relación estancada, probando que a veces solo se necesitan las palabras precisas para poder digerir a un ex: ‘’me solías conocer/ahora no’’ canta llanamente Charli en el estribillo. En Yuck, aborda con humor a un pretendiente que no logra sacarse de encima, sobre una espesa base synth-funk. En los versos, Charli intenta controlar su disgusto, pero cuando el tipo en cuestión empieza a tirarle piropos, el colorido ’’yuck!’’ del coro irrumpe como el globo onomatopéyico en un comic. 

Todo estos pastiches del pop funcionan de forma impecable mientras menos se lo proponen. Al contrario, cuando CRASH homenajea al pop de otras épocas de forma más evidente, se desinfla. Charli es conocida por ser una colaboradora innata, pero las únicas dos en el disco sufren del mismo problema. Beg for You junto a Rina Sawayama interpola a Cry For You de September, mientras que New Shapes junto a Christine and the Queens y Caroline Polachek rinde tributo al R&B de 1985. En ambos singles, la química está ahí, pero aún así las piezas no encajan en el todo y los estribillos tan ásperos cantados por Charli tampoco ayudan. Cuando se inspira en el euro-dance o el hi-NRG para fines menos predecibles, en cambio, agarra el punto exacto entre lo dramático y lo mecánico de esos estilos y lo hace estallar. En la gloriosa Constant Repeat, Charli va alcanzando el beat galopante con una destreza digna de Ciara o Janet Jackson, mientras samples de voces manipuladas a distintos tonos inundan la mezcla a destiempo, como un Blackout de Britney Spears en clave gótica. Lightning, producida por Rechtshaid, comienza con acordes fúnebres, se detiene a exclamar en vocoder y luego explota con toda la fuerza de New Order en sus momentos más house, infiltrando la clásica hiperventilación de ciertos hits ochenteros con restos de toda una carrera jugando con elementos dinámicos de la producción. 

Con CRASH, el último en un contrato por cinco discos con Atlantic, discográfica con la que firmó a los 16 años, Charli aspira sin complejos a los criterios comerciales que se le imponían y que antes esquivaba, o si no, intentaba moldear a su antojo. Es quizás su proyecto más consistente hasta la fecha, aunque acierte más de lo que sorprenda o arriesgue. En ese sentido, tiene menos del David Cronenberg que inspira su título y arte de tapa, y más del diseño estilizado y compacto de un auto deportivo. Trata sobre la autodestrucción, pero es un disco efervescente, hecho para entretener. Twice, la última canción, ejemplifica estas contradicciones: está inspirada en Melancholia de Lars Von Trier y alude a la trágica muerte de SOPHIE pero bajo una cadencia alegre y sonoridad transparente. Lo curioso es que si bien Charli propone una suerte de juego retorcido con las nociones de lo auténtico en el pop, no pierde ninguna gota de su propia autenticidad. Incluso, en los momentos más lentos o midtempo del disco prueba que puede brillar por encima de los sonidos como una verdadera popstar, y no sólo una irónica. A ratos esto mismo se vuelve cuestionable, como cuando llega dos años tarde a un sonido ya perfeccionado por Dua Lipa o Doja Cat, pero su sentido británico de la ironía, junto a la franqueza y desgarro con los que ataca hasta los clichés más asiduos del pop, se mantienen intactos. El universo de CRASH es simple —  letras íntimas, dance-pop frívolo, visuales de thriller low-budget — pero no por eso conclusivo: quedamos ante a una Chari XCX tan única e inclasificable como siempre. 

Escucha CRASH en su totalidad a continuación:

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