La semana pasada falleció Cristina Ortiz Rodríguez, la vedette transexual, cantante y actriz española famosa por su participación en programas de late night de su país como Esta noche cruzamos el Mississippi y La sonrisa del pelícano presentados por el periodista Pepe Navarro; famosa por no callar nada; famosa por sus explosivos momentos de talk shows que se convertían en frases acuñadas por el público; famosa por sonreír ante la adversidad.

Mejor conocida como La Veneno, se dedicaba a la prostitución cuando alcanzó la fama, y nunca la dejó del todo. Fue una mujer franca y sin secretos cuando se trataba de su vida, tal como lo demostró en su biografía ¡Digo! ni puta ni santa: Las memorias de La Veneno publicada el mes pasado por la periodista y escritora Valeria Vegas, en donde la vedette confesaba haber tenido aventuras con algunos de los hombres más poderosos de su país. En una entrevista con el diario La Vanguardia, confesaba que sabía que guardar esos nombres significaba seguir viva:

“Algunos venían en coches con cristales tintados. Me he acostado con gente que con un dedo mueve España. Yo se lo contaba a mi madre y me advertía: ‘Ni se te ocurra dar su nombre’. Me han ofrecido millones para que los dijese pero fue gente tan importante, que si lo hago, no llego viva a la puerta de mi casa. De dos tiros me han quitado de en medio.”

Hace varios días fue encontrada en su casa con golpes y rodeada de sangre en extrañas circunstancias que la policía aún no ha esclarecido. Al parecer, una caída la habría llevado a sufrir un traumatismo craeneoencefálico, y aunque en un principio su muerte fue declarada como accidental, la policía decidió detener su sepelio el fin de semana para hacer una autopsia más a fondo y esclarecer las verdaderas causas de su muerte. Según cuenta el diario ABC, su familia, que la echó de casa al saberla transexual alos 13 años, quería enterrarla con ropa de hombre bajo una lápida con su nombre masculino, pese a que los últimos deseos de Cristina estaban especificados en su biografía:

“Que esparzan mis cenizas por el parque donde fui una puta feliz.”

Para quienes no conocieron a La Veneno, es difícil resumirla. Fue fuego, pasión, desparpajo y tragedia en una sola persona, y una figura icónica de la cultura pop española, que hoy se entristece por la partida de una mujer que siempre tuvo algo que decir, sin importar lo que dijeran los demás.

1. Fue la reina de los ratings

Por su personalidad mediática que atraía todos los ratings de la televisión española, siempre se podía contar con ella para tener momentos épicos como este, en donde una supuesta vecina la acusaba de ser sinvergüenza, embustera, falsa, mentirosa y timadora, a lo que La Veneno respondió con una frase que la hizo famosa: “¿Y tú quién eres, peazo puta?”

2. Nunca fue aceptada por su familia

Desde muy niño, José Antonio Ortiz Rodríguez (nombre de nacimiento de La Veneno) sabía que era diferente, y cuando en la adolescencia se reveló como transgénero, su familia lo echó de casa cuando apenas tenía 13 años. Nunca aceptaron su identidad sexual, e incluso después de su muerte se siguen refiriendo a ella como “Joselito”, su apodo de la niñez.

3. Fue una víctima de abuso sexual

La Veneno estuvo en la cárcel entre los años 2003 y 2006 luego de que una de sus ex-parejas, un italiano de nombre Andrea Petruzelli, la denunciara por tratar de incendiar su apartamento sólo para cobrar el seguro. A su salida, denunció haber sufrido abusos sexuales y maltratos por parte de los funcionarios de prisiones.

4. Tuvo dos exitosos sencillos

Gracias a su éxito en la televisión, la veneno decidió aventurarse en el mundo de la música, logrando grabar un par de canciones: Veneno Pa’ Tu Piel y El Rap de La Veneno, gracias a los cuales firmó algunos contratos para giras por España, aparecer en algunos festivales y conocer a artistas internacionales como Ricky Martin.

5. Fue “una puta feliz”

En su entrevista con La Vanguardia el mes pasado luego del estreno de su libro biográfico, recordaba su época de prostitución en el Parque del Oeste de Madrid:

“Me encantaba prostituirme. Era tan feliz… Yo tenía una cabalgata de niños guapos que llegaba a Albacete. Los miraba a la cara y pensaba “si este está para ponerle un piso en la Castellana, puede ligar con quien quiera en una discoteca”. Y hombres casados con la silla del crío en el asiento de atrás. Con hombres mayores normalmente no, porque los clientes mayores buscaban un buen tiburón y lo mío… Es más bien una aceitunita. Pero tenía una belleza y un cuerpazo, con el pelo rubio y largo, que me comparaban con Elle McPherson, Brigitte Bardot o Raquel Welch y yo decía “¿Y esas quién son?”

Descansa en paz, Cristina.

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