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Perspectives

¿Qué es lo que hace de un videojuego como “Fortnite” algo tan adictivo?

Imagen: Getty
Words mor.bo

Desde su lanzamiento en el 2017, parece que todo el mundo, sin importar su relación con los videojuegos, está jugando Fortnite: tu novia, tu novio, tu jefe, tu perro, incluso tu abuela. Para estos jugadores casuales, Fortnite parece ser un juego de supervivencia de disparos en tercera persona, algo tonto y desenfadado que hacer en el tiempo libre.

Pero lo cierto es que en los últimos dos años, el videojuego se ha transformado en un fenómeno sociocultural inescapable: en la actualidad y hay 200 millones de personas alrededor del mundo en pleno juego, quienes gastan entre 6 y 10 horas al día embarcados, en su mayoría, en una batalla multitudinaria al mejor estilo de Los Juegos del Hambre para saber quién logra ser el último en pie en un reto grupal que desafía reflejos, estrategia y rapidez en su modo Battle Royale.

El fenómeno de Fortnite es tan grande, que en el 2018 sus ganancias se elevaron a tres billones de dólares; Netflix reveló recientemente que era su competencia más fuerte (nada de HBO); el porno animado inspirado en el juego se convirtió en uno de los términos más buscados en Pornhub; y Tim Sweeney, el dueño de Epic Games, la compañía creadora del juego, llegó al puesto 194 de la famosa lista Fortune 500, que lista al medio millar de personas más ricas del mundo.

Aunque el juego es gratuito en todas sus plataformas (que van desde PC pasando por Nintendo Switch y terminando en dispositivos móviles iOS y Android), el usuario promedio gasta unos USD $58 a la semana, lo que hace que Fortnite genere unos USD $ 2.5 millones diarios en ingresos. Según Bloomberg, el éxito de Fortnite también impulsó a Sweeney a cosechar unos humildes USD $ 7.200 millones de fortuna el año pasado. Además de ser altamente rentable, el juego se ha convertido en un fenómeno global y cultural, y ha impulsado a la industria de los esports en general.

Y claro, un asunto muy adictivo.

La heroína Fortnite

Fortnite. Imagen: Epic Games

Fortnite. Imagen: Epic Games

Con más de 200 millones de jugadores alrededor del mundo, no queda duda de que el videojuego es increíblemente popular, pero en algunos casos, se ha vuelto tan compulsivo el jugar, que algunos expertos han comparado al juego con  la adicción a sustancias con la heroína. De acuerdo con Lorrine Marer, una especialista en comportamiento, Fortnite no es solo el juego más popular del mundo, sino básicamente una droga.

“Este juego es como la heroína. Una vez que estás enganchado, es difícil que te salgas de él”.

Los comentarios forman parte de un gran informe publicado por Bloomberg que sostiene que la adicción a Fortnite está fuera de control. Una madre, Debbie Vitany, incluso dice que su hijo juega durante 12 horas al día y que no ha podido encontrar una manera de recuperar su vida. Incluso llega a decir que “nunca ha visto un juego que tenga tanto control sobre las mentes de los niños”.

El artículo señala igualmente que el fenómeno no se limita a niños y adolescente: al parecer, la adicción al Fortnite se ha citado en un número sorprendente de casos de divorcios recientes, e incluso, deportistas profesionales de la NBA y las Grandes Ligas se hann confesado adictos: David Price, un lanzador de los Medias Rojas de Boston, dijo que incluso se había logrado lesionar la muñeca de tanto jugar.

Si bien recordamos, el año pasado, la Organización Mundial de la Salud anunció que habían clasificado la adicción a los videojuegos como un trastorno psicológico. La controversia en torno a esa clasificación no se basó realmente en un argumento en contra de la idea de la adicción al juego, sino más bien en la idea de que, de alguna manera, debería estar separada de las adicciones de cualquier otro tipo.

¿Por qué no podemos despegarnos?

Fotografía: Viorel Florescu

Fotografía: Viorel Florescu

Si bien no todo el mundo llega al extremo de aquel niño de 11 años que tomó la tarjeta de crédito de sus padres y se gastó USD $1.200 en trajes, armas y bailes para su personaje en Fortnite, lo cierto es que hay cierta preocupación, sobre todo entre padres que ven a sus hijos obsesionados con el juego. La explicación es muy fácil: el videojuego involucra una importante liberación de dopamina, haciendo que nos sintamos felices, plenos y satisfechos, y se siente tan bien, que termina creando un enganche.

Al igual que con la mayoría de los videojuegos, esos hits de dopamina llegan gracias a pequeños logros en el gamplay, pero también hay que considerar que la resolución de problemas es un conjunto de habilidades importante que todos los humanos intentamos perfeccionar de forma innata, y que juegos como Fortnite hacen que podamos cumplir. Sentirse parte de una misión más grande, destruir criaturas zombies, crear un nexo virtual con otros jugadores… todo eso nos ofrece un sentido de propósito.

Con juegos como Fortnite, buscamos la competencia: la necesidad de dominio, progreso, logros y crecimiento. Necesitamos autonomía, la necesidad de sentir que hacemos cosas por nuestra propia elección, y libertad de control sobre esas elecciones. Y, por último, nos esforzamos por relacionarnos, es decir, por la necesidad de sentir que importamos a los demás y que los demás nos importan, al menos por un rato en un ambiente virtual.

Quizás lo complicado llega cuando no sabemos balancear esta necesidad constante de dopamina con nuestras responsabilidades y nuestra vida real. Sin embargo, hay que tomar en cuenta esas dos visiones y no lanzar la palabra adicción tan a la ligera, pero también considerar que todo en exceso es dañino, pues la vida real fuera de la pantalla siempre termina siendo más poderosa que la de cualquier universo paralelo en Fortnite.

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