En el 2012, la banda rusa Pussy Riot estuvo en muchos de los titulares de los diarios luego de que dos de sus integrantes, Maria Alyokhina y Nadezhda Tolokonnikova fueran sentenciadas a dos años de prisión luego de cantar temas en contra de Vladimir Putin en una iglesia de Moscú. Para el momento de su salida, ya no eran miembros oficiales de la banda (pues buscan mantenerse anónimas), pero junto a sus ex compañeras siguieron haciendo ruido en las olimpíadas de Sochi en donde fueron golpeadas por las autoridades.

En estos días, María Alyokhina se prepara para su debut en el teatro en la pieza Burning Doors, en la que hablará de su experiencia como artista perseguida, y de la tortura psicológica que sufrió tras las rejas en manos de los agentes de seguridad del estado ruso. En la obra también habla de Petr Pavlensky, mejor conocido como el artista que clavó su propio escroto en la Plaza Roja como protesta a la indiferencia política de la sociedad, y poco después encendiera en llamas las puertas de la sede de la KGB, y de Oleg Sentsov, un director ucraniano que se encuentra sirviendo una condena de 20 años por “organizar actos de terrorismo” en Crimea, pese a que insiste en su inocencia.

En la obra, Alyokhina vive y revive sin cesar las experiencias vividas en la prisión, para entender qué tan lejos puede ir, porque su historia se conecta con la de cualquier persona que está protestando en su propio país, y son torturados y castigados todos los días. Maria pasó meses en prisión de manera solitaria, y era humillada de manera constante, con “búsquedas de cavidades” que ocurrían todos los días.

“Sin espejos, sin guantes, sólo dedos. Lo más terrible es que cuando te sucede, luego de la segunda o tercera vez ya no sientes nada. Ya es normal. Es una tortura psicológica realmente, lo aguantas en ese momento, pero cuando tu cerebro comienza a funcionar de nuevo comprendes que no es posible aceptar algo así, ni siquiera cuando lo recuerdas”.

La obra de teatro está montada en forma de guerrilla: no hay una sede fija. Los asistentes deben ofrecer su pasaporte como garantía de seguridad en caso de ser arrestados y contactar al jefe de escena, quien les da un punto de encuentro y de allí se van a otro sitio, que casi siempre es un garaje sin ventanas y candados en las puertas para no ser descubiertos. Si no, hacen live streams de sus shows alrededor del mundo via Skype, pues se niegan a quedarse en silencio.

“Tengo un problema con el miedo, porque ya no puedo sentirlo. Pueden doblegarnos o prohibirnos hacer las cosas, pero siempre encontraremos la manera de superarlos. Podemos vivir y hacer algo.”

Burning Doors se presentará en el Soho Theatre de londres hasta el 24 de septiembre, y luego comenzará un tour por Europa.

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