Olivia Rodrigo convirtió el estreno de su festival Daisy Chain Fields en una declaración de música, feminismo y solidaridad. La artista celebró el 29 de agosto en Great Park, Irvine, la primera edición del evento, con un cartel encabezado por Stevie Nicks, Chappell Roan, Doechii, Mitski, Bikini Kill y Garbage. Antes del festival, Rodrigo anunció que se destinarían 10 millones de dólares a diez organizaciones dedicadas a los derechos reproductivos, la salud materna, la igualdad de género y el apoyo a mujeres y niñas. “Es un verdadero honor anunciar que estamos donando 10 millones de dólares, que se entregarán directamente a estas 10 organizaciones sin ánimo de lucro”, declaró.
El gesto llegó acompañado de uno de los looks más significativos de la artista. Rodrigo apareció con un minivestido rosa hecho a medida por Nöl Collective, firma palestina, decorado con tatreez, una tradicional técnica palestina de bordado. El diseño incorporaba pájaros y cadenas de margaritas bordados a mano, símbolos vinculados a la libertad y la unión, mientras que los zapatos vintage de Gucci y un colgante inspirado en Lilith Fair completaban el estilismo. La elección conectaba directamente la estética del festival con una tradición artesanal palestina y con el legado del histórico festival feminista de Sarah McLachlan.
Para Rodrigo, Daisy Chain Fields nació precisamente de esa idea de unión. “Daisy Chain Fields trata sobre lo que puede ocurrir cuando nos unimos y utilizamos nuestro poder colectivo para apoyarnos mutuamente”, explicó la cantante durante el festival. Y añadió: “Estoy increíblemente agradecida a Melinda y a Pivotal por creer en esta misión y hacer que el impacto de nuestro primer festival sea el doble de poderoso”. La referencia no era casual: durante su actuación, Melinda French Gates anunció que igualaría los 10 millones recaudados por el festival, elevando la cifra total destinada a las organizaciones colaboradoras hasta los 20 millones de dólares.
El festival, que reunió a unas 45.000 personas y contó con artistas que actuaron sin cobrar honorarios, terminó así convirtiendo una celebración musical en una plataforma de financiación para causas relacionadas con mujeres y niñas. Rodrigo también explicó que la inspiración se remonta a su actuación en Glastonbury tras la derogación de Roe v. Wade: “Quiero que la gente se vaya de aquí sintiéndose esperanzada y sintiendo que puede generar cambios. Esa era toda la tesis de este festival. Creo que podemos hacerlo. Lo hemos visto antes y estamos viendo algunos cambios ahora”. Entre el tatreez palestino, el homenaje a Lilith Fair y los 20 millones de dólares recaudados, Daisy Chain Fields terminó siendo mucho más que un festival: una declaración de principios de una nueva generación pop.
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