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Daniela Andrade, la canadiense de raíces hondureñas que abraza su latinidad a través del R&B y el indie

MOR.BO RIOT: Daniela Andrade, la canadiense de raíces hondureñas que abraza su latinidad a través del R&B y el indie
Daniela Andrade. Fotografía: Instagram @danielaandrade
Words Carlos Turmero

La pandemia nos terminó de confirmar el poder de las redes sociales al momento de establecer conexiones y de cómo son la mejor herramienta que tienen los artistas para promover su trabajo o darse a conocer, especialmente durante un momento tan incierto en la historia de la humanidad como este. Sin embargo, hubo quienes desde hace algún tiempo reconocieron el poder de las redes y decidieron aprovecharlas a su favor para construirse un nombre y mostrarle al mundo sus talentos mediante estas plataforma, siendo Daniela Andrade un ejemplo perfecto de cómo se debe captar a la audiencia de la forma correcta con el talento.

Daniela perfectamente entra dentro de lo que hoy en día conocemos como latinx, una chica de 28 años que nació un 14 de agosto de 1992 en Edmonton, Canadá de padres hondureños que emigraron al país norteamericano durante la década de los 80 en búsqueda de una mejor vida. El haberse criado entre dos culturas, dos orígenes completamente distintos, no solo forjaron su personalidad y su manera de ver al mundo sino que tuvo un impacto directo en su afición por la música.

Fue en el año 2008 cuando comenzó a publicar covers de canciones en su canal de YouTube, en el que poco a poco fue construyendo una comunidad de seguidores que abrazaron la manera en cómo desnudaba las canciones, adueñándose completamente de ellas, lo que daba muestra de la capacidad de su talento que tuvo como género de partida la música cristiana. Poco a poco fue ganando espacio y creando una comunidad que llevaron a sus covers a aparecer en programas de televisión como Suits o Supergirl.

Actualmente su canal de YouTube cuenta con casi 2 millones de suscriptores en el que ha mostrado su versatilidad al realizar versiones de temas tan diversos y variados como Crazy de Gnarls Barkley, Creep de Radiohead e incluso Hips Don’t Lie de Shakira, en frente de la cantante barranquillera.

Descubrir su latinidad se convirtió en un camino hacia el autodescubrimiento y una profunda inmersión en un conglomerado de géneros musicales. La narrativa musical de Andrade transmite así, sin ambigüedades, una representación de sus experiencias vitales que rechazan las estructuras dramáticas: su sonido se desborda de giros melódicos, de texturas de R&B y de neo-soul, de reflejos inocuos y de coloridas pulsaciones electrónicas y sensoriales; la antítesis de la paleta musical de un músico insatisfecho.

En 2018, dos años después de la publicación de su primer EP, Shore, se interrumpió abruptamente un primer viaje a la Honduras natal de sus padres debido a los disturbios civiles que sufría el país. “La gente estaba incendiando las carreteras, era un momento apocalíptico”, recordó en una entrevista con Billboard. Andrade, en cambio, miró a México como una alternativa para curar su impulso de conectar con sus raíces hispanas. “Había una extraña sensación de llegar a un lugar en el que sientes que es parte de ti, pero nunca habías estado allí antes”, aseguró con nostalgia.

En esa misma entrevista de principios de este año en medio de la promoción Tamale (su EP de 2019), la cantante comentó cuál había sido hasta ahora su mayor logro en su carrera, una que luego de diez años de trabajo comienza a rendir frutos a gran escala.

“Aprender a seguir mi intuición musical y dudar menos. Nunca tuve un entrenamiento formal en la música, y al final de día, creo que la música viene y se origina desde la más profunda y sincera emoción”.

Esa emoción es la que se ha manifestado a lo largo de su carrera desde la publicación de su primer trabajo con Things We’ve Said, pasando por un EP navideño hasta Tamale, el trabajo que resultó en un esfuerzo terapéutico y catártico entre ella y sus raíces, algo que lleva muy dentro de ella y que exterioriza a través de la música. El próximo trabajo de Daniela llevará por nombre Nothing Much Has Changed, I Don’t Feel the Same, y seguramente será un trabajo en el que demostrará que su esencia en sí no ha cambiado, sigue queriendo transmitir las mismas cosas y evocar los mismos sentimientos, pero evidentemente el acercamiento y lo que lo acompaña es distinto porque forma parte de la evolución de la vida misma y de nosotros como individuos.

Daniela forma parte de esta nueva generación de artistas latinx que representa a toda una generación globalizada que tiene la mirada puesta en un mundo mucho más diverso y amplio, pero que también busca la necesidad de afianzar su raíces y el sentido de pertenencia hacia una cultura, unos sonidos que representen su idiosincrasia.

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