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Film / TV Perspectives

Lo que la serie “I May Destroy You” nos enseña sobre el consentimiento sexual

"I May Destroy You". Fotografía: HBO
Words mor.bo Reading 13 minutos

Atención: este post contiene spoilers de todos los capítulos de I May Destroy You, así como descripciones de abuso sexual.

Decir que el año 2020 ha sido completamente diferente a todos los que hemos vivido hasta ahora es quedarnos cortos: pandemia, encierro, miedo, caos… todo parece estar al borde. Por eso es apropiado que el show más impactante de este verano haya sido una serie íntima y profundamente personal de la escritora, creadora e intérprete británica Michaela Coel. Desde el principio, I May Destroy You apareció en la programación de verano de HBO como un potencial diamante en bruto, pero pocos podían esperar el reconocimiento que ha recibido de parte de los críticos y los espectadores por igual.

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Para los que ya conocen el trabajo previo de Michaela Coel, en concreto la serie de comedia británica Chewing Gum, I May Destroy You se presenta como un giro oscuro. El episodio de estreno nos presenta a Coel como Arabella, una joven escritora popular en Twitter que trabaja en su nuevo libro, y que lucha con las cosas con las que todos nos enfrentamos mientras intentamos escribir y estar a la altura de cierta reputación como una Joven Voz Millennial. En el episodio termina posponiendo su pitch a sus editores, terminando en un bar para encontrarse con sus amigos, solo para que alguien le ponga algo en la bebida y vuelva al medio del trabajo al día siguiente, plagada de flashes de recuerdos de un hombre que la violó en un baño. El episodio, y de hecho la serie, se centra (aunque no exclusivamente) en Arabella tratando de recomponer esta pesadilla de un asalto sexual, tratando de encontrar una manera de arreglárselas sola, y luchando con el proceso de una investigación policial.

I May Destroy You es una narración de sobreviviente mezclada con un show de procedimiento criminal mezclado con un drama de personajes, que incorpora a los amigos de Bella, Terry (Weruche Opia) y Kwame (Paapa Essiedu). Con esta mezcla de géneros que mantiene al espectador en alerta, el programa ofrece un retrato increíble de cómo Bella maneja su mundo tan profundamente sacudido, con la historia ampliando su alcance con cada episodio para incluir historias paralelas, flashbacks, cambios momentáneos de enfoque en Terry y Kwame, todos los cuales llenan los detalles de lo que se convierte en una narrativa profundamente convincente sobre la cultura de la violación… y de lo que significa el consentimiento sexual.

Based on a true story

Michaela Coel tiene 32 años y es una inglesa hija de ghaneses, y se crió en las afueras de Tower Hamlets, un barrio londinense multiétnico, pobre y marginal. Era la única niña negra de la primaria católica en la que cursó, y hasta el 2009, estuvo en la Unversidad de Birmingham estudiando teología y literatura inglesa. En ese entonces era muy religiosa, y participaba en slams de poesía. Luego hizo teatro y grabó dos discos, pero fue Chewing Gum Dreams, la obra de teatro y tesis con la que se graduaría en la Guildhall School of Music & Drama, la que la llevó a la televisión.

Reescribió la obra y en 2015, Chewing Gum se estrenó con ella como protagonista: interpretaba a una adolescente ansiosa por iniciarse en el sexo. Luego de una muy mala experiencia en la que no se le permitió siquiera ser productora de una serie que ella misma escribió, decidió tomar el control de las cosas cuando comenzó a escribir I May Destroy You: rechazó un millón de dólares de Netflix por el show, porque el contrato no incluía derechos de autor para ella, y por fortuna, encontró un nuevo hogar en HBO, quienes le dieron rienda suelta. Y el crédito de productora.

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La serie de 12 episodios cuenta una experiencia muy personal de Coel: su propia violación, mientras trabajaba en Chewing Gum en el 2016. “Trabajé toda la noche en las oficinas de la empresa; tenía un episodio previsto para las 7 de la mañana”, dijo Coel en una entrevista. Describió el desmayo y la recuperación de su conciencia horas más tarde mientras trabajaba en el episodio. “Me tomé un descanso y me tomé una copa con un buen amigo que estaba cerca. Me desperté escribiendo la segunda temporada, muchas horas después. Tuve suerte. Tuve un flashback. Resultó que había sido violada por extraños. Las primeras personas a las que llamé después de la policía, antes que a mi propia familia, fueron los productores”.

Estos fueron quienes enviaron a Coel a una clínica privada y financiaron su terapia hasta el final del rodaje. También describió su ansiedad por la agresión: “De la noche a la mañana, los vi transformarse en un ansioso equipo de empleadores y empleados por igual; tambaleándose de un lado a otro entre la línea de saber lo que es la empatía humana normal y no saber lo que es la empatía en absoluto”, dijo. “Cuando hay policías involucrados, y filmaciones de personas llevando a tu escritor dormido a lugares peligrosos, cuando se encuentran cortes, cuando hay sangre… ¿cuál es tu trabajo?”

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“Vomité estos doce episodios”, dijo Coel a Vulture cuando le preguntaron sobre el proceso creativo para montar la serie, un debate acerca de la intimidad, la identidad y orientación sexual, y la manera de vincularse de muchos millennials que tratan de adaptarse a las nuevas miradas en torno a la violencia con peso de estructuras culturales del siglo pasado.

Cuando el sexo sucede sin consentimiento

La serie está en sintonía con las muchas encarnaciones de la violación, incluida la retirada no consentida del preservativo por parte de Zain (Karan Gill), conocido como stealthing, un acto que Arabella inicialmente ni siquiera se da cuenta de que constituye una agresión sexual. El programa también es sensible al relativo privilegio que las fuerzas del orden conceden a las víctimas femeninas como Arabella frente a los hombres homosexuales (especialmente negros) como su amigo Kwame (Paapa Essiedu), cuya propia denuncia por abuso se ve aún más obstaculizada por ser una agresión sexual difícil de categorizar, en especial para un policía que no tiene ni idea con lo que está lidiando.

Luego de una exitosa cita en Grindr, Kwame tiene buen sexo, pero antes de marcharse, el hombre desconocido con el que se encuentra lo forza a la cama mientras se fronta contra sus nalgas hasta acabar. ¿Cómo denunciar algo que ni las autoridades saben cómo describir en un formato?

Algo similar sucede con Terry (Weruche Opia), quien al principio de la serie tiene una audición como modelo en la que le preguntan cuál ha sido el momento más liberador de su vida. Luego de un encuentro terrible lleno de clichés raciales de parte de la gente del casting, Terry se devuelve para decir que una vez tuvo un trío. Más adelante, somos testigos del encuentro: después de dejar a Arabella en un club en Italia, Terry se encuentra con un hombre atractivo y desconocido, que la invita a bailar y tomar un trago; cuando este se ausenta momentáneamente, un segundo baila con ella de forma sensual, y cuando su acompañante original aparece, nos da la impresión de que no hay celos, sino un acuerdo tácito de seguir la fiesta juntos.

Así, terminan en el Airbnb de Arabella, un escenario ideal con el que Terry soñaba cuando vio la habitación principal (“¡tengo que tener sexo en esta cama!”), pero las breves tomas tras la puerta de la habitación solo nos muestran a ambos hombres penetrándola, y luego marchándose juntos, dándonos a entender que ya se conocían, y que este era un truco usual entre ellos para embaucar turistas ingenuas. El trío liberador de Terry resultó ser un engaño desde el principio.

Además de estas historias, Coel también dramatiza la insoportable incógnita de lo que le sucedió a su propio cuerpo, así como la igualmente poco discutida repetibilidad de la agresión sexual, una experiencia que desconcierta y atormenta a Arabella después de su experiencia original en el bar, y la agresión de Zain, su editor.

Finales sin final

El final de la serie no está hecho para quienes busquen un felices para siempre: en lugar de fijarse en una conclusión determinada para Arabella, cuyo arco ha trazado las secuelas de su agresión sexual, Coel presenta cuatro codas alternativas y exclusivas para el final de I May Destroy You. Hay una fantasía de venganza en la que Arabella mata a su atacante y deja su cadáver bajo su cama. Hay una fantasía de entendimiento mutuo en la que ella llega a ver la oscuridad del mundo interno de su violador antes de que la policía finalmente lo lleve a enfrentar la justicia. En una tercera línea de tiempo, las normas de género son cambiadas o incluso inexistentes: el atacante de Arabella es ahora una conquista, y ella tiene la ventaja. Tienen relaciones sexuales en su casa, y cuando ella le pide que se vaya, él se lleva la versión del atacante que aún se pudre bajo la cama (en este mundo no hay atacantes). Y en la cuarta versión de fantasía, el trauma de Arabella ya está procesado. Ella no necesita nada de su atacante. Ella y sus amigos se aseguran de tener parejas amorosas y éxito profesional. La vida no es más que un sueño.

Cada uno de estos finales se lee tan inverosímil como el último. Ninguno se siente más verdadero o probable, en parte porque Coel se pasó una temporada completa haciendo un mundo en el que a las víctimas se les niega regularmente la justicia y donde no hay medidas fiables para corregir la desigualdad. A lo largo de los 12 episodios, cosas muy malas le suceden a la mayoría de las personas buenas que también hacen cosas malas con poca indicación de que haya alguna trayectoria positiva al final. En Ego Death, el capítulo final. Coel lleva el argumento más allá: no son los finales felices los que resultan esquivos, sino los finales en su conjunto.

“Estaba mirando a todos estos personajes y me di cuenta de que eran bastante predecibles, así que fui capaz de predecir cómo estos pequeños humanos, en este mundo que creé, estaban lidiando con sus traumas”, le dijo Coel recientemente a Vulture en una entrevista. “Y es casi como hacer clic de nuevo para mí, y cuando me di cuenta de que había un juego, para mí, me di cuenta de que había una manera de que podía ganar y pasar a la siguiente fase. Es algo que tiene que ver con el crecimiento, y definitivamente tiene que ver con permitir que cada uno de estos personajes se deje llevar”.

“Kwame tiene que dejar de preocuparse por lo que la gente piensa de él, de sentir que es una persona que debe ser castigada, y que su placer es un castigo, y que no es una persona agradable. No importa que Nilufer piense que es básicamente un violador; tiene que dejarlo ir. Tiene que dejarlo ir. Toda esta gente tiene que dejar ir las cosas, pero hay una forma de ver lo que es profundamente ofensivo. Pero yo, Michaela, he tenido que dejarlo ir. He tenido que dejarlo ir. Tuve que dejarlo ir y darme cuenta de que todavía estaba viva si lo dejaba ir, y el trauma no necesitaba definirme. Podía dejar ir el trauma, y todavía estaría aquí. El trauma está en todas partes, y no estoy tratando de dictar la vida de nadie, pero hablando por Arabella, el trauma se convierte en lo que la alimenta, y a veces la idea de que ella y yo dejemos ir las cosas, da miedo simplemente porque no sabes lo que es la vida sin el trauma. Así que es como saltar de un acantilado”.

La decisión de no dar una conclusión formal a I May Destroy You le permite a Coel lograr un improbable espejo con la realidad. Porque para tantos supervivientes de asalto, no hay finales. Lo que le pasó a Arabella es parte de ella ahora. No hay manera de terminar una serie sobre un evento que puede vivir en su protagonista para siempre. Coel deja a Bella en ese espacio donde la gente pasa tanto de su vida real: no yéndose de cabeza por un camino, sino en el punto de decisión entre ellos, todavía esperando que llegue la respuesta. Depende de cada quien saber si algún día esta llegará.

Mientras veíamos a Arabella lidiar con las consecuencias de su asalto, la serie se acercó y se alejó para mostrar el abismo insoportable de dolor, culpa, rabia, injusticia y trauma que aflige no solo a Arabella, sino a todos los que están en su órbita. Pasamos tiempo con otras víctimas, revisamos las angustiosas zonas grises de la adolescencia, e incluso obligamos a Arabella a mirar hacia el abismo que crece dentro de ella. AL terminar el show, queda claro que Coel quería explorar mucho más que el consentimiento: abordó la humanidad.

Al final, I May Destroy You no es solo un programa sobre el consentimiento sexual. No es sólo una serie que entrelaza temas de racismo, el uso de drogas, la homosexualidad negra, la amistad, la vergüenza, la memoria, las redes sociales y la intimidad. El eje cortante sobre el que gira toda la serie es la verdad: cómo contarla, cómo encontrarla y cómo esconderla de los que amamos y de nosotros mismos. Y en ese sentido, la serie en realidad se trata de lo que está en el centro de todo; se trata de lo que sucede cuando nos enfrentamos a las verdades que más nos duelen.

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