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Perspectives

La dañina hipocresía de Netflix en la controversia anti-trans del especial de Dave Chappelle

Ted Sarandos y Dave Chappelle. Fotografía: Getty
Words mor.bo Reading 6 minutos

A estas alturas, es posible que ya estén familiarizados con la controversia que ha venido rodeando el estreno del más reciente especial de comedia de Dave Chappelle en Netflix. Publicado a principios de este mes, el último especial de Chappelle, The Closer, fue criticado por burlarse de las personas trans: durante el stand-up, el cómico dice que es del “equipo TERF” (feminista radical trans-excluyente) y expresa su malestar por haber sido “engañado” para llamar bella a una mujer trans, compara a las mujeres trans con los blancos que llevan blackface y compara los genitales de las mujeres trans con la carne vegetal. También se alinea con J.K. Rowling, afirmando que “el género es un hecho”.

Chappelle termina el especial contando una historia sobre Daphne Dorman, una cómica trans de la que se hizo amigo en San Francisco, explicando que fue su telonera una noche en un club de comedia, y que ambos mantuvieron una franca discusión en el escenario sobre la identidad trans. Chappelle dice que cuando le dijo a Dorman que seguía sin entenderla, Dorman respondió: “No necesito que me entiendas. Sólo necesito que creas que tengo una experiencia humana”. Dorman murió por suicidio al mes siguiente.

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La controversia

En los días posteriores a la publicación del especial en Netflix, muchos acudieron a las redes sociales para emitir críticas y exigir a Netflix que retirara el especial. En un comunicado, la ONG norteamericana en pro de los derechos LGBTQI+, GLAAD dijo: “Netflix tiene una política de que el contenido ‘diseñado para incitar al odio o la violencia’ no está permitido en la plataforma, pero todos sabemos que el contenido anti-LGBTQ hace exactamente eso. Si bien Netflix es el hogar de historias LGBTQ innovadoras, ahora es el momento de que los ejecutivos de Netflix escuchen a los empleados LGBTQ, a los líderes de la industria y a las audiencias y se comprometan a estar a la altura de sus propios estándares”.

Desde entonces, el director general de Netflix, Ted Sarandos, ha defendido públicamente el especial de Dave Chappelle en un par de memorandos. En el primero, Sarandos defendió originalmente al cómico, diciendo que la libertad artística permitía “un estándar de expresión muy diferente” al que se permitía internamente en la empresa. Luego, al continuar las críticas, Sarandos redobló su posición, afirmando que entendía que “la preocupación no es por los contenidos ofensivos para algunos, sino por los títulos que podrían aumentar el daño en el mundo real (como una mayor marginación de los grupos ya marginados, el odio, la violencia, etc.) El año pasado, escuchamos preocupaciones similares sobre 365 Days y la violencia contra las mujeres. Aunque algunos empleados no están de acuerdo, creemos firmemente que el contenido en la pantalla no se traduce directamente en daños en el mundo real”. El correo electrónico insistía en que hacer bromas duras sobre diversos grupos es simplemente el “estilo” de Chappelle y que “los comediantes de stand-up a menudo exponen temas que son incómodos porque el arte, por naturaleza, es altamente provocativo”.

El revuelo

Mientras que muchas personas centraron la mayor parte de su ira en Chappelle, muchas otras criticaron a Netflix (y con razón) por darle una plataforma. La semana pasada, Jaclyn Moore, una productora ejecutiva de la serie de Netflix Dear White People que también es trans, dijo que boicotearía el trabajo con la compañía “mientras sigan publicando y sacando provecho de contenidos descarada y peligrosamente transfóbicos”. Terra Field, una ingeniera trans de Netflix, escribió en Twitter que el especial de Chappelle “ataca a la comunidad trans y a la propia validez de la transexualidad”. Cuando ella y otros dos empleados asistieron a una reunión virtual para altos ejecutivos a la que no estaban invitados, fueron posteriormente suspendidos, según el New York Times. Tras los reclamos públicos, volvieron a sus trabajos.

Luego del segundo correo de Ted Sarandos, un grupo de empleados trans y aliados LGBTQI+ de Netflix anunció que organizarían un paro programado para el miércoles 20 de octubre. Un líder del grupo de recursos para empleados trans de la compañía escribió a sus miembros, según The Verge: “Netflix ha fallado continuamente en mostrar un profundo cuidado en nuestra misión de Entretener al Mundo, publicando repetidamente contenido que daña a la comunidad trans y fallando continuamente en crear contenido que represente y eleve el contenido trans”.

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La hipocresía de Netflix

Muchos críticos del especial, de Chappelle y también de Netflix, han condenado la respuesta de Sarandos, y con razón: al parecer, no importa lo que se diga en un show de stand-up, siempre y cuando genere muchas vistas y dinero para la plataforma. Lo realmente triste es que la declaración del director de Netflix de que “el contenido en la pantalla no se traduce directamente en daños en el mundo real” es absolutamente falso en el caso de las personas trans: solo faltaría que él mismo viera un documenta en su plataforma llamado Diclosure, en donde vemos de manera sistemática y clara como durante décadas los medios de comunicación utilizaron diferentes tipos de plataformas para darle voz a comentarios transfóbicos, que resultaron no solo en estereotipos dañinos, sino en la normalización de este contenido, como lo demuestra el especial de Chappelle. El daño puede adoptar muchas formas, y ese prejuicio que lleva una sonrisa puede dejar cicatrices con la misma seguridad que las formas más contundentes de fanatismo antitrans.

De esta manera, al darle una plataforma (y millones de dólares, claro está) a un cómico que difunde repetidamente mentiras y promueve la burla de las personas trans, Sarandos parece participar en la larga tradición que su compañía condenó a través de ese documental original de Netflix del año pasado. Netflix es una de esas plataformas que se enorgullece por tener gran contenido LGBTQI+, pero no tiene derecho a felicitarse cuando la defensa de esta comunidad se trata solo de palabras y no de acciones. Si años atrás cambiaron escenas gráficas de suicidio en 13 Reasons Why por el daño potencial que podría causar en jóvenes con problemas de salud mental, ¿por qué todavía se considera que la mera existencia de las personas trans sigue siendo un chiste? Para Sarandos, llegó la hora de decidir si la empatía o las políticas inclusivas de su compañía son más importantes que los clicks y el espacio dado a una retórica dañina. ¿Quién gana aquí, el algoritmo o los seres humanos?

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