Fresca de su estreno en el Festival de Cine de Venecia, el debut en idioma inglés del director chileno Pablo Larraín es el más impersonal de todos los géneros: la película biográfica, y la transforma en algo impactante, glorioso y completamente suyo. Jackie va en contra de las convenciones en casi todos los sentidos, y anclada por el dolor en la mirada de Natalie Portman, la película es una de las mejores versiones de esta historia que pueden existir.

La narrativa de la película es engañosamente simple: a pesar de que sigue a la Primera Dama estadounidense en los días inmediatos después del asesinato de John F. Kennedy recreando esas imágenes icónicas en Dallas, a bordo del Air Force One y en el cementerio nacional de Arlington, el film es mucho más, pues logra ser un drama impactante sobre un ícono del glamour del siglo 20 de glamour que también habla de la construcción de mitos y ese gran trecho que separa a una figura pública de su vida privada.

Jackie es una cinta que se siente libre para recrear esos días traumáticos en noviembre de 1963: la primera hora es eléctrica mientras vemos el avión presidencial viajando a Dallas, para luego llevarnos a ese famoso convertible, y de allí a la historia. La cámara nunca deja lado de Jackie, y por lo general se dedica a ella en primeros planos manuales y cerrados, desde el tiroteo de JFK hasta el hospital, el avión y de vuelta a la Casa Blanca. Pablo Larraín y el guionista Noah Oppenheim nunca pierden de vista quién es la protagonista de la historia, y es por ello que la película no se siente como un docudrama más. La controlada Jackie Kennedy de manos de Natalie Portman sabe cuál es su rol, y cómo debe interpretarlo aunque su vida se desmorone a su alrededor, guardando el luto y la dignidad, pero también un corazón roto.

Se espera que el film llegue a las pantallas de cine a finales de este año. Veamos una de las escenas de Jackie a continuación.

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