Nacido en la isla caribeña de Curaçao, hace seis años Gilleam Trapenberg decidió convertirse en fotógrafo, y luego de tomar un avión hasta Holanda para estudiar en la Royal Academy of the Arts de La Haya, descubrió que mirar a través del lente era su verdadera pasión. Como proyecto de graduación decidió pasarse una temporada visitando su isla natal así como las antillas caribeñas de St. Lucia, Barbados, St. Vincent, The Grenadines y St. Maarten, desde donde concibió imágenes que combinan el concepto de masculinidad con una paleta cohesiva y casi intoxicante de colores que invitan al hedonismo.

El resultado es una serie fotográfica llamada Big Papi que examina el cliché de la cultura machista inherente en estas islas del caribe, y que de alguna manera coexiste con mujeres poderosas e independientes y cielo del color del algodón de azúcar. Si bien esta cultura de pelo en el pecho fue el punto de partida para Trapenberg, también hay elementos más sutiles en las imágenes:

“Este proyecto es una investigación visual sobre la cultura de la imagen de la masculinidad en contraste con un paisaje caribeño iluminado por la luz del sol. Una hora del día en la que las fronteras están menos definidas. Los estereotipos y clichés asociados con la cultura machista fueron mi inspiración para el trabajo, y mientras miro críticamente el tema también estoy seduciendo y romantizando los temas y paisajes que fotografío”.

Con temas como el estatus, la representación y la cultura de la imagen así como su propia visión de la masculinidad negra, Trapenberg terminó encontrándose con que Big Papi también es un reflejo de cómo las normas y presiones sociales afectan a los hombres en el Caribe. En las imágenes, junto a grandes cuerpos musculosos y los barcos llamados Viagra, hay contrastes color pastel y parejas que se abrazan demostrando que para llegar a los extremos hay que pasar por una paleta de distintas tonalidades.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

Big Papi. Fotografía: Gilleam Trapenberg.

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