Dilara Findikoglu, oriunda de Estambul pero basada en Londres, dio a conocer hace poco su colección Primavera/Verano 17 en uno de los muchos clubes de striptease de mala muerte de la capital inglesa con motivo de la Semana de la Moda. La diseñadora llevó a los espectadores a un grandioso viaje en el tiempo en donde el rococó decadente María Antonieta pasaba por los años 70 con Bowie y Ziggy Stardust. Al igual que un cuadro en movimiento, la pandilla de modelos llevaba opulenta ropa punk que saltaba sin control entre décadas y eras, combinando el glam con los corsets del siglo 18 con cuellos victorianos y mangas Tudor con charol, bordados brillantes y cuero metálico en relieve.

Incluso se sentía un aire a club de motociclistas gracias a los tatuajes de las modelos que tenían letras góticas y símbolos de pandillas, que también se encontraban bordados en las piezas de satén de la colección. El color rosa fue dominante, y su asociación femenina fue tanto un homenaje a la niñez de la diseñadora y su sentido subversivo de la misma. Por supuesto, la elección deliberada lugar también lo era: tal como muchos hombres se habían sentado en ellas, las usadas sillas del club de strippers colocaba a los asistentes por debajo de las modelos, que llevaban botas de látex y corsés que mostraban sus atributos, y sin embargo no estaban allí para ser consumidas por la mirada de nadie: pues veían a todos de frente, en plena posesión de su propia sexualidad. Findikoglu dice al respecto:

“Esta colección no se trata realmente de la historia. Se trata de cómo los cuerpos de las mujeres han sido tratados en diferentes sociedades; lo que llevaban puesto y lo que estaban haciendo, y cuáles eran sus limitaciones.”

La diseñadora dice que su país, Turquía, se está volviendo tan conservador que se siente casi extranjero, y que la violencia contra las mujeres rara vez se toma en serio. Gracias a su pasado como joven no conformista en el cual se sumergió en el heavy metal y pasaba horas investigando sobre espiritualidad, la parapsicología, aliens, otras dimensiones y otros mundos, su colección es muy personal, casi una extensión de sí misma.

En un momento en el que el feminismo ha sido adoptado como lemas vacíos en camisetas que irónicamente son confeccionadas por mujeres en el extranjero a costos ínfimos y luego se venden por ridículos precios, la colección de Findikoglu es un refrescante recordatorio de que la política del poder femenino se puede transformar en ropas que son a la vez hermosas y rebeldes.

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

Dilara Findikoglu - Primavera Verano 2017

Fotografía: Lillie Eiger

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