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Art

Conoce a Vanessa Stockard, la artista que reinterpreta pinturas clásicas con gatitos

Obra de Vanessa. Fotografía: Instagram @vanessastockard
Words Carlos Turmero

Entre todas los ejercicios de reimaginación y reinterpretación que a lo largo de la historia se le ha hecho al arte clásico, es usual que veamos memes con mensajes adaptados a situaciones de la actualidad o con elementos de la cultura pop dándole una nueva vida a estas pinturas. Pero nunca pensamos lo mucho que podría impactar en estas obras la presencia de un adorable gato negro de grandes ojos.

Vanessa Stockard es una pintora australiana que le ha dado al mundo su reimaginación de grandes obras clásicas y de su trabajo propio con la presencia de una familia de mininos que aparecen en sus pinturas (Kevin The Kittin, su mamá Fluff Ferstenberg, y Satan), atendiendo la necesidad de aquellos amantes del arte que consideraban que no había suficiente representación gatitos en el arte.

La relación de Vanessa con el arte la desarrolló desde muy joven cuando invertía horas de su vida dibujando y esto lo acompañaba junto con lesiones de piano, lo que en definitiva fueron los impulsos que la llevaron querer ser una persona creativa. Sin embargo, durante su adultez reconoce que envidia un poco la creatividad que tenía cuando era más joven dado que para ella “la mente creativa joven reposa en un castillo de calcetines perdidos”.

Vanessa considera que no necesita de la musa para poder desarrollar su arte, pero reconoce que cuando inevitablemente aparece es una como una especie de droga, la dirección creativa se convierte en algo explosivo, como cuando alguien se alimenta de la energía de otra persona.

En una entrevista con Metal, Vanessa comentó sobre los orígenes de Kevin así como de sus otros personajes que aparecen en sus pinturas.

“Siempre he tenido una conexión por los gatos, los amo y los odio por diferentes razones y los encuentro infinitamente entretenidos. Crecí con una gata Manx negro que era bastante particular y bueno creo que de alguna forma se quedó conmigo. Ella vivió una larga vida y la amaba como a nada. He conocido muchos gatos durante mi vida y que me han impresionado por completo. Obviamente, el persa negro manchado que apodé Satan comenzó un viaje hace varios años, y finalmente, vi un viejo calcetín en el estudio y pensé… ¡Eso es un gatito! No lo era. Pero eso no era importante. Es un gatito y se llama Kevin. Lógico”.

Vanessa escoge el lugar en el que Kevin aparecerá en las pinturas a las que quiere rendir homenaje, celebrando la técnica, dedicación y entrega de algunos de los artistas más icónicos de la historia.

El proceso de Stockard incluye piezas desarrolladas sin referencia visual, sino más bien de memoria. Estas narraciones incorporan mascotas domésticas como gatos y perros, yuxtaponiendo la naturaleza antropomórfica de estos animales dada por la sociedad, infunde la personificación de la virtud y el vicio en el statu quo cotidiano canino y felino.

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Los gatos con sus facciones cómicas y esponjosas pero con un instinto de matar y una tendencia a ser crueles con sus presas, los perros con su providencia de felicidad y amistad se remontan a la metáfora de Churchill sobre la depresión. A pesar de esta no tan alegre descripción de sus obras, Stockard se las arregla para hacer su arte de alguna manera estrafalaria y muy agradable.

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KBOMB!!! Vermeer

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