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Art Perspectives

Conoce a François Vogel, el artista visual francés que distorsiona la realidad con sus imágenes

Jellyfish cat. Fotografía: Instagram @francois.vogel
Words Carlos Turmero

Como seres independientes, únicos e irrepetibles, cada quien tiene su propia visión y percepción del mundo, que puede verse completamente influenciada por los sentimientos, el contexto, o terceras personas. Sin embargo, es innegable que la vida a través de los ojos de un director adquiere un matiz completamente distinto, debido a que una motivación artísticas está detrás lo que da lugar a la identificación de nuevos elementos o paradigmas para mirar a la vida misma.

En el caso particular de François Vogel, y si nos guiamos a través de su cuenta en Instagram en la que tiene más 98.000 seguidores, la vida puede ser bastante distorsionada y bizarra, algo que en la práctica es completamente cierto si nos guiamos por muchas de las noticias que surgen día a día. Para Vogel, la vida está completamente distorsionada y extraña, pero no por eso deja de ser divertida, cómica ni tampoco bella, porque ya a estas alturas es absurdo pensar que la rareza y la belleza no pueden ir de la mano.

Entre sus famosas obras se encuentran el virtuoso autorretrato Cuisine / Kitchen (2007) realizado durante un desayuno nocturno de ensueño, Stretching (2009), donde la relación con la arquitectura pasa por una especie de “gimnasia urbana”, o Terrains Glissants / Slippery Grounds (2010), un excéntrico diario de viajes en el que los paisajes urbanos y los lugares vírgenes se alternan entre sí a través de poéticas proyecciones estereográficas.

El primer encuentro que François tuvo con el arte fue cuando visitó por primera vez la Catedral de Notre Dame por primera vez y se tiró al suelo para observar todo lo que sus ojos fueran capaces de captar, debido a que quedó maravillado ante lo que sus ojos contemplaban. La pasión por el dibujo le lleva desde muy joven cuando realizaba películas de animación con la cámara super 8 de su padre, a la vez que conoce y se enamora de las obras visionarias de M. C. Escher, que sigue siendo uno de sus principales referentes estéticos, y luego, tras iniciar estudios científicos, que abandona inmediatamente, se inscribe en la Academia de Artes Decorativas de París.

Una vez que se metió de lleno dentro del mundo de las artes, comenzó a probar muchas técnicas para abrir la realidad a todas las interpretaciones posibles: desde las cámaras estenopeicas que construye él mismo, a las bolas de cristal que utiliza para la mayor parte de sus rodajes de vídeo, hasta el software para el modelado en 3D. Como investigador, inventor, creador de imágenes, Vogel utiliza muchos dispositivos, juega continuamente con la representación de la realidad, en un intento de llevarla a sus límites más extremos, para expandirla desde dentro y ponerla patas arriba.

En una entrevista con Digicult, explicó un poco sobre su proceso creativo al momento de crear sus piezas audiovisuales.

“Por ejemplo, cuando tomo una foto de un cactus, me interesa su forma geométrica circular, y así me imagino una herramienta capaz de dar una deformación esférica centrada en el centro del cactus. Durante mis primeras experiencias fotográficas solía dar forma a mis propias herramientas fotográficas para adaptarlas a la fotografía que tenía que tomar. La geometría del sujeto orientó la de mi aparato fotográfico. En mis cortometrajes a menudo utilizo la tecnología digital, pero no he olvidado cómo solía construir herramientas por mi cuenta”.

Para Vogel, el momento de la edición representa la oportunidad de moldear su propia plastilina fotográficas, como si estuviera masajeando el sensor de la computadora a su antojo para crear el producto final

Esa es justamente la sensación que genera Vogel con sus obras, como si se trata de una imagen de plastilina que va moldeando de acuerdo a su necesidad y al propósito que busca.

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