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Entre el glamour de la alfombra roja, los escándalos, las negociaciones y las rudas de prensa con algunos de los directores más famosos del mundo presentes en el Festival Internacional de Cine de Cannes, el más reciente trabajo del mexicano Alejandro González Iñárritu y su fiel colaborador Emmanuel Lubezki se lleva a cabo un poco más allá del lujo de la Croisette en el Mediterráneo.

En vez de una película, el par lleva a Cannes una exhibición en realidad virtual en el hangar de un aeropuerto cercano. Se llama Carne y Arena, y busca mostrarle a los asistentes en seis minutos y medio lo que se siente viajar como un inmigrante mexicano a través de la frontera y terminar en las famosas hieleras de las autoridades norteamericanas, pequeñas celdas heladas en las que muchos terminan por dos días en una odisea inhumana claustrofóbica. Esta es la descripción oficial del proyecto:

“Sobre la base de historias verdaderas, las líneas superficiales entre sujeto y espectador se borran y se unen entre sí, permitiéndole a los visitantes a pie entrar en un espacio extenso y vivir de manera detallada un fragmento de los viajes personales de los refugiados. Carne y Arena emplea la más alta tecnología virtual nunca antes utilizada para crear un espacio de luz inmenso y de narrativas múltiples con personajes humanos”.

Al llegar al lugar, el hangar prácticamente llama a los visitantes con una gran sección amurallada, que por cierto, es una sección oxidada y regenerada del muro original de la frontera entre México y Arizona, que desde entonces ha sido reemplazado, y podría ser repensado de nuevo si a la construcción de Donald Trump le va bien.

Carne y Arena (Poster Oficial)

Carne y Arena (Poster Oficial)

Uno a uno, los visitantes son guiados: se guardan sus zapatos y calcetines en una celda de acero, a esperar a que suene la alarma. Al pasar la puerta siguiente comienza la experiencia: un espacio cuadrado, del tamaño de un campo de voleibol, cubierto de arena. Dos técnicos esperan con gafas de realidad vitual Oculus Rift y auriculares, y de la oscuridad, un paisaje comienza a emerger en la forma del Desierto de Sonora. En los alrededores, personas casi reales buscan cruzar la frontera y huir de los helicópteros que los amenazan desde el aire. Oficiales amenazan a todos con un arma, y los asistentes caen de rodillas, aterrados, pese a estar en un espacio seguro.

Carne y Arena

Fotografía: Emmanuel Lubezki

Iñárritu había estado planificando este proyecto durante los últimos cuatro años, y para prepararlo estuvo conociendo y entrevistando a muchos refugiados mexicanos y de Centroamérica, cuyas historias nunca pudo sacar de su mente, así que también los invitó a participar en el proyecto.

“Mi intención era experimentar con tecnología de realidad virtual para explorar la condición humana en un intento de romper con la dictadura del encuadre, pues allí sólo eres un observador. De esta manera se recupera el espacio para permitirle a los visitantes una experiencia directa en los zapatos de los inmigrantes, bajo su piel y dentro de sus corazones”.

Antes de su apertura oficial en la Fondazione Prada de Milán el próximo mes, la instalación estará en Cannes hasta el próximo fin de semana. En julio, llegará al Los Angeles County Museum of Art para luego mudarse al Museo de Tlatelolco de Ciudad de México este verano.

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