A ver como te lo digo sin que te siente mal, gamer de pro. Hay vida más allá del triple A, del GOTY, de los indies que lo petan en Metacritic. Del Humble Bundle. La hay. Sí. La hay.

¡Ah! ¿Que no entiendes ni papa de lo que escribo? Perdona. Quizá eres más bien de juegos casual. Ya sabes, PokemonGo, Candy Crush, Clash Of Clans, Angry Birds, QuizUp, etc. Tus referentes portables. Esos en los destinas las horas y la vista. Da igual. Poco trasciende en que lado del filo de la navaja andes. Esto nos une a todos. Es la comidilla de la semana. Quizá del mes.

Lo que vas a ver, leer y releer a continuación es material de primera, sin cortar ni adulterar. Algunos de los juegos que conforman este locurón de texto conforman a su vez el núcleo duro de la deep web de la industria videojueguíl. Tira por el inodoro cualquier tipo de estupefaciente que tengas en mente consumir, porque créeme, te sabrá a chichinabo. Esto chuta más, mucho más. Es canela en rama, alta cuisine para ti, gourmet de lo raro. Prepárate para un viaje al inframundo. No te olvides de cerrar la mandíbula al final, por si te ven y eso. Aunque sea muy semao todo esto, es preferible conservar cierto decoro.

Panzermadels: Tank Dating Simulator

Panzermadels: Tank Dating Simulator

Imagen: Darr Lehmann

Sí, sí. Has leído bien. Me pasó igual. Tuve que leerlo dos veces y ni aún con esas. Soy un poco lentito, me cuesta, pero al final llego. Tank Dating Simulator es un simulador de citas con tanques. Ejem. Ya. Porque…, bueno…, ¿Quién no ha querido tema con un Panzer de la Segunda Guerra Mundial alguna vez? Con esa carrocería que se gastan…, y ya ni hablemos de sus pedazo cañones. Comprensible, claro.

Lo curioso de todo no es la premisa en sí, que roza lo esquizoide. El puntito está en que en lugar de tanques (no sea que no pase el corte de la censura), ligas con colegialas de la escuela secundaria que hacen de tanques. Todo a través de la mecánica clásica de juego conversacional de toma de decisiones que inciden de forma directa en el decurso de la trama. A estas bellezas las conocerás por nombres como M4 Sherman, Tiger-J, T-34, Panzer IV, IS-2. Identificaciones de vehículos militares cuyos días de gloria y destrucción quedan ya lejos. Sigo.

Algo que lo vuelve todo un poco más weird es que en ocasiones se comportan como chicas y otras como vehículos acorazados. Juegan al despiste las muy pillas. ¿Estrategia militar, trastorno de personalidad múltiple? Ni idea. El caso es que cuando te imbuyas en la mecánica y lo asumas todo como normal podrás disfrutar del roneo del bueno que se gasta Panzermadels. Estos vehículos-teenager te incitarán al pecado con frases cargadas de lujuria tales como:

—¿Has estado alguna vez dentro de un tanque?”, o “—Perdona por llegar tarde…, no pude encontrar mi falda blindada esta mañana”. Todo va in crescendo, al ritmo del himno nacional soviético, o del alemán. Porque, perdona que te diga, el reggaetón no es el género musical que se pone para ligar en los bares para tanques. ¿Lo sabes, verdad?

Mr. Mosquito

Mr Mosquito

Imagen: ZOOM Inc.

¿Eres de esas personas que cuando perciben a un mosquito cabrón zumbando cerca del oído ya no pueden pegar ojo? Tienes toda la pinta. Si no espachurras a ese maldito chupasangre hijo de mil larvas contra una pared hasta ver como se desangra en un último aleteo no puedes dormir a pierna suelta. Te resulta imposible.

Pues qué quieres que te diga, eres un ser de lo más reptiliano. De muy poca sensibilidad. En serio. ¿O qué? ¿Me dirás que te has puesto en su pellejo alguna vez? ¿Sabes acaso lo dura que es la vida del chupóptero? ¿Lo estresante que resulta esperar agazapado horas y horas a que te sobes de una jodida vez para succionar… nada, un par de mililitros de tu sangre? Para el parásito eso supone un pantagruélico banquete de células, glóbulos rojos y plaquetas. Y tú negando la mayor.

—¡Oh si! Soy donante de sangre y colaboro en la Cruz Roja, pero a un mosquito no le doy ni un ápice de mi hemoglobina pura y virginal. Madre mía. Qué poca sensibilidad… Mira, te lo voy a decir; todavía tienes una opción para redimirte de ese parecer egoísta. Mr. Mosquito ha mutado de la extinta Playstation2 al mundo de la emulación.

La vida de estas piltrafas del escalafón evolutivo es corta pero intensa. Aprovecha la oportunidad que se te brinda, atormenta a una familia nipona que llega a veranear a su casa del pueblo, que, todo hay que decirlo, hasta ese instante es tu casa. Malditos intrusos. ¿Quiénes se han creído que son? Tu cena. Aunque todavía no lo saben. Je.

A través de una mecánica repetitiva hasta el hastío sentirás el placer de llenar tu segundo abdomen de néctar humano. Planea, realiza fintas evasivas y tirabuzones imposibles. Cualquier recurso es válido para alcanzar el escote de vértigo de la hija buenorra de la familia e hincharse hasta las trancas de plasma sanguíneo. Sacia tu gula con el resto del clan familiar en situaciones que te producirán más de un deja vú. Pero ojo, como buen pecado capital, si lo sobrepasas, sufrirás más de lo esperado. No quieres acabar dando panzazos a ras de suelo. Créeme, ningún mosquito zancudo tiene interés alguno en sucumbir ante los chorros de agua, el spray acaba-con-todo-bicho-viviente, los raquetazos de la muerte, o la celebérrima palmada split. Ya sabes, cuando la sangre y el sonido de tu cuerpo espachurrado en la pared certifican que todo ha terminado. Que el humano, al fin, va a dormir del tirón. Ninguna nana surte mejor efecto que tu muerte. ¿No quieres acortar tu ya de por si exigua existencia, cierto? Pues espabila. Dosifica tus ansias. Al tajo. Aleteando que es gerundio.

Line Simulator

Line Simulator

Imagen: DevilishLaugh

Hacer cola. Una de las peores torturas que el ser humano se autoimpone desde tiempos inmemoriales. Un duro pulso al civismo. Da igual el contexto. Es un verdadero suplicio. No sabes cómo puede ser, pero siempre que llegas a un sitio te encuentras con una fila kilométrica frente a tus narices. Toca aguantarse… no hay otra. A esperar. Mejor dicho, a desesperar.

Tras media hora dando pasitos cortos… ¿Qué habrás avanzado? ¿Medio miserable metro? Y eso con suerte. La sensación de que estás desperdiciando tu vida te puede. Te enerva de mala manera. Notas como un efluvio emana de la mollera. Eso tiene un nombre. Se llama ira. Es como tu alter ego, pero en cabrón. Pide paso. Oh sí. Y va a actuar en tu nombre. Sin permiso. A partir de este instante todo vale. El fin justifica los medios. Empieza el juego, da comienzo Line Simulator.

La premisa no podría ser más simple. Quieres ser el primero en conseguir una PlayStation 4 el día de su lanzamiento, para eso deberás acabar con todos esos pardillos que se interpongan en tu objetivo. No saben a quién demonios le están dando la espalda. Tú eres especial. Puedes con todo. Eso te decía siempre tu mami. Ellos no son como tú, son unos enclenques. Así que aprovéchate de sus momentos de debilidad. Endíñale una hamburguesa en estado de putrefacción al famélico de delante hasta que se ahogue en su propio vómito por intoxicación alimentaria. Rescata una chuchilla del cubo de basura más cercano y ofrécesela con modales británicos a un Emo depresivo. Sólo espera hasta que su estado anímico haga el resto, acabará abriéndose venas. Dos menos. Ahora a por la choni petarda esa, altiva como una grulla. Déjala con un palmo de narices y un chicle del tamaño del agujero de la capa de ozono bien adherido a su melenita morena de alisado japonés. Huirá despavorida ipso facto a por unas extensiones cutres de clip. Bien, sigue así. Ya casi hueles como carburan los ventiladores de esa Play a todo rendimiento. Sólo te separa un Final Boss del premio gordo. Y resulta que es un nerd, uno de manual, hacinado en una tienducha Quechua que habrá pillado en algún Decathlon de barrio para tal ocasión. Haz lo que sea para sacarlo de ahí. Lo-que-sea. Agarra esa silla y estámpasela en la cabeza hasta que salga de ella un cóctel de spoilers con todas las temporadas de Big Bang Theory, Doctor Who y Star Trek. Y sigue un poco más. No te detengas hasta que no veas salir el final de Los Serrano de su cabeza. Ahí ya sí. Que descanse en paz. Sonríe. Sonríe sádicamente, ya con la consola bajo el brazo. Colas a ti. Ja. Qué se han creído todos esos mamarrachos. Aquí mandáis tú y tu TIC nervioso del ojo.

Radiator 2

Hurt Me Plenty

Imagen: Robert Yang

Uno de los máximos exponentes del panorama bizarro actual. Bordea la censura como pocos, exuda extravagancia por todos y cada uno de sus bits, causa estupefacción e hilaridad allá donde es jugado, y para más INRI, posee gran valor lectivo-sexual. ¿Qué más se le puede pedir? Ah. Es cierto. Es gratuito. Hurt Me Plenty, vendría a significar algo como Castígame nene, pero a base de bien, y es el título que lleva el primero de los cuatro minijuegos que configuran este adalid de lo bizarro. En él aprenderás a azotar traseros que da gusto.

Previa quedada por móvil con un “maromo”, pactaréis vuestros propios límites, así como el instrumento fustigador. A saber: un látigo, la clásica fusta, una maza con pinchos o tu propia palmada de pelotari vasco. Porque, poca broma, es importante dejar claras las reglas del juego de roles del BDSM (Bondage y sumisión) antes de empezar a hostiar al prójimo.

Si te pasas de la raya, que es lo más probable, podrás constatar como tu partenaire empieza a transpirar como un cerdo recién metido en el horno. Verás como se constelan gotas de sudor en su espalda, como el color sus glúteos pasa de un cándido rosado a un más que preocupante negro violáceo. Todo en gráficos de alta definición. Algo así te hará tomar consciencia del sufrimiento ajeno como pocos juegos. Comprensible que cuando vuelvas a intentar quedar para una futura sesión BDSM acabe dándote largas. Si es que no tienes freno. Azotado quedas. Digo, avisado quedas.

Succulent no necesita traducción, sólo succión. Succión y fruición. Te da la oportunidad de mostrar al resto quién manda de verdad. Dejando constancia de que eres el mejor cuando te pones en serio. Haz de las tuyas para lograr derretir esos veintitrés centímetros de hielo sabor naranja. Modula la oscilación, el ritmo, la cadencia… Deja al personal boquiabierto con tu freestyle succionador y tu (no menos hábil) juego de muñeca con el mouse. Quédate sólo con el palito del helado. ¿Tendrá premio esta vez? El resultado puede ser literalmente estroboscópico.

Stick Shift

Imagen: Robert Yang

En Stick Shift, cambiar de marcha nunca resultó tan placentero. El famoso séptimo cielo, en este caso se alcanza al poner la quinta marcha de tu monovolumen. Para ello deberás ir acelerando de a poco, bache placentero a bache placentero. Si te desmadras lo puedes lamentar, dado que obtener el éxtasis sobre cuatro ruedas entraña sus riesgos. Lo mismo que conducir pegado al móvil. ¿Acaso quieres ver como la pasma acaba ordenándote que detengas tu vehículo? ¿No respondes? ¿Has enmudecido? Vaya…, dado tu estado de trance…, igual no te viene mal la “ayuda” de un agente bien “armado”, dispuesto a cachear al sospechoso. ¿Eh granujilla?

La escena final que recrea este minijuego no tiene parangón. Esa última gotita de “éter” cayendo del tubo de escape, acompañada del mejor diseño de expresión facial en 3D que se haya usado jamás para recrear una cara de placer es sencillamente in-su-pe-ra-ble. Ni Buñuel en sus mejores sueños.

Condomcorps ya es desfase en estado puro. Formas parte de la brigada del condón. Bajo las órdenes de Comandante Cojones deberás erguir tu fusil de asalto, cargado hasta las “trancas” de munición. Una munición un tanto especial. Condones. Sí. Porque en este juego prima el sexo seguro. ¿Sabes? El amor, no la guerra. Busca en el edificio de enfrente parejas de gays que se dispongan a jugar “sucio”. Haz zoom con la mira telescópica del rifle y cuando veas que alguien se empalma… ¡Bang! Endósale un condón a distancia. Ahora sí. Que “fluya” el amor. ¡Condomcorps, brigada condonera al rescate!

C’est fini. Hasta aquí hemos llegado. Te he avisado antes, pero nada. La boca. Cierra la boca. Se te había olvidado. Ahora comparte este artículo en tus redes sociales. Que menos. Te servirá de terapia. Porque si has llegado hasta el final, es que algo dentro de ti ha cambiado. Ambos lo sabemos. Lo bizarro te pone.

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