Nacida en Kiev, Ucrania en 1975, la artista del performance Zinaïda Kubar, mejor conocida como Zinaïda, se sintió atraída por el arte a temprana edad: aunque estudió arte y arquitectura, su carrera se vio trucada con la desintegración de la Unión Soviética en 1991, cuando el surgimiento de una Ucrania independiente marcó el comienzo de una profunda transformación económica. Podría decirse que las circunstancias tumultuosas que experimentó de primera mano a través de dos revoluciones despertaron en la artista un sentido de propósito.

Durante los últimos años, Zinaïda ha centrado su trabajo en las imágenes y los mitos que rodean los problemas de las mujeres y la identidad femenina tanto en la cultura ucraniana como en la mundial. La artista usa como herramientas arquetipos socioculturales tradicionalmente asociados con el tema femenino a través de la combinación del performance, la instalación, la escultura y el video, equilibrando simbolismo y modernidad con imágenes tradicionales, rituales y manualidades para transmitir significados relevantes para una cultura vibrante y fluida.

“Todas las personas que perdieron sus valores como resultado de la violencia, los cambios en la mentalidad, las actividades delictivas, las enfermedades, estos son los desafíos para mí como artista. Creo que el arte es un lenguaje que estoy usando para enfrentar estos desafíos, traer transformaciones para calmar el dolor”.

Una de sus más fieles seguidoras (y ahora su madrina oficial en el mundo del arte) es la icónica Marina Abramović, con quien comenzó a trabajar hace unos años atrás cuando aplicó para hacer un taller de facilitadores de performance art. Tuvo la suerte de ser seleccionada, por lo que se fue un par de semanas a Australia. Desde entonces, Zinaïda ha seguido estudiando con una de las maestras del arte de performance, aplicando las lecciones que aprendió a su próspera práctica: “Creo que el arte debería ser como el aire: a veces creas objetos y, a veces, haces acciones”.

Zinaïda y Marina. Fotografía: Artnet

Zinaïda y Marina. Fotografía: Artnet

Su más reciente muestra se titula Zinaïda: 4.5.0., cuya inauguración tuvo lugar hace pocos días en la ciudad de Nueva York, con el auspicio de su maestra serbia. La exhibición (que incluye performance, fotografía y video) se centra en las imágenes y los mitos que rodean a las mujeres y la identidad femenina, inspirándose en la cultura, el patrimonio y los símbolos históricos de Ucrania para enfrentar nuestro momento presente. El título 4.5.0. tiene un significado profundo, ya que es un código utilizado originalmente por el ejército ucraniano, que se traduce como “todo está bien, todo está en paz”.

Originado de la guerra, el código 4.5.0. ahora ha sido adoptado por los veteranos del ejército ucraniano y transformado en un poderoso deseo para la “paz y armonía” de todos los días. Como creadora, Zinaïda lo usa para personificar la nueva búsqueda ucraniana de una identidad unificadora y contemporánea.

“Tenemos una guerra. Muchas mujeres están perdiendo a sus padres, sus hijos y sus hermanos debido a este enfrentamiento, que al final del día nos hace más fuertes. Esto se trata de la sangre, de la vida, de perder nuestra virginidad no solo física, sino espiritual”.

El performance incluye a un grupo de mujeres ataviadas con vestimentas tradicionales que terminan arrodilladas frente a un montón de cerezas kalyna, símbolo nacional ucraniano, y que representan tanto el derramamiento de sangre en la guerra civil, y la manera en que estos eventos han afectado a las mujeres, forzando a niñas y adolescentes a crecer rápidamente. El performance es un símbolo de dolor y de fuerza, y una intensa demostración política a través de la simbología de la sanación y el renacimiento.

Zinaïda: 4.5.0. Fotografía. WhiteBox

Zinaïda: 4.5.0. Fotografía. WhiteBox

Zinaïda tambén es la mente detrás de ARTREHUB, un programa de rehabilitación de soldados centrado en el arte que creó en colaboración con hospitales ucranianos, y que tiene como objetivo ayudar a los soldados a adaptarse a la sociedad cuando vuelven de la guerra. Después de haber trabajado con unos 200 soldados en su país, la artista está buscando programas de rehabilitación artística en Nueva York durante la exhibición. “Esto es diplomacia cultural para mí”, dice. “Este es mi regalo por parte de Ucrania”.

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