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El pasado 14 de febrero, HBO estrenó su producción dramática más reciente: Vinyl, una mirada caótica a la intensa escena musical de Nueva York en 1973. Bajo la dirección de Martin Scorsese, creada por el mismísimo Mick Jagger y producida por Terence Winter, esta caminata salvaje por el mundo de la música de los 70 al borde del nacimiento del punk, el hip-hop y el disco es una propuesta atrevida y perfecta para la una audiencia acostumbrada a la alta factura de las series de la estación televisiva.

Vinyl no sólo está compuesta por un equipo de producción de ensueño, sino que cuenta con un elenco encabezado por Bobby Cannavale, Olivia Wilde, Juno Temple y Ray Romano. Si le agregamos una banda sonora llena de covers de música de la época para la cual se lograron los talentos de artistas como Alison Mosshart, Julian Casablancas e Iggy Pop, el paquete suena bastante irresistible. ¿A quién no le gustaría un show con toda esta gente reunida?

Pero algo sucedió: después de invertir $30 millones solamente en el primer capítulo, éste tuvo menos de un millón de televidentes (una cifra irrisoria en comparación con Game of Thrones, que promedia 18 millones por capítulo) y desde entonces, su audiencia ha ido disminuyendo paulatinamente. Los críticos, aunque son generalmente positivos hacia la serie, no se muestran emocionados al reseñar semanalmente los capítulos como sucedía recientemente con otras series.

Vinyl es la prueba de que el departamento dramático de HBO está actualmente en crisis. Este canal ha sido el responsable de llevar al aire algunos de los mejores programas dramáticos de los últimos 20 años como The Sopranos, The Wire, Six Feet Under, Game of Thrones y Boardwalk Empire, pero sus producciones más recientes no han calado de la misma forma con la audiencia: después de una primera temporada llena de éxitos y galardones, la serie True Detective se convirtió en un hazmerreír para los fanáticos en su segunda entrega. Game of Thrones ya se encuentra en su sexta temporada, y HBO necesita seguir teniendo una serie popular que represente lo mejor que pueden ofrecer.

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Empezar de cero con algo nuevo ya no es una opción con el anuncio de la segunda temporada de Vinyl, un producto en el que Home Box Office ha hecho una fuerte inversión de recursos económicos y de personal. En medio de esta crisis, el canal decidió hacer cambios profundos en el equipo de trabajo: hace apenas unos días, el productor Terence Winter abandonó la serie por diferencias creativas con el resto del equipo.

Pero ¿por qué no ha respondido la audiencia a la historia de Richie Finestra empolvada de cocaína? El protagonista de la serie, encarnado por Bobby Cannavale, es un héroe icónico de Scorsese: una escoria humana furtiva cuyos momentos de gloria existen en el éxtasis sudoroso de su próximo high y que vive de sus mentiras, de su avaricia sin fin y de sus sueños irreales. La trama está llena de nuestros momentos dramáticos favoritos: egoísmo, sexo, drogas, mentiras, pecados, castigos y culpas.

Pero lamentablemente, los bajos fondos de la Nueva York de los 70 no resuenan con el público. Nadie la comenta en el trabajo al día siguiente. El programa ofrece clones semanales de los íconos de la época para mostrarnos qué genial era todo hace 40 años, pero los dobles de Robert Plant, Andy Warhol y David Bowie no tienen ni una centésima parte del carisma de los originales. Todo se ve pulido bajo las luces magenta y naranja de la noche, pero en el fondo, sabemos que estamos viendo a unos actores con peluca doblando a los New York Dolls. Vinyl se vuelve un cliché en donde se hace evidente que el guión del programa no tiene la calidad narrativa suficiente para darle validez a su propuesta estética.

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El paisaje televisivo de hoy en día está en plena evolución luego de la aparición de servicios de streaming como los de Netflix, Amazon, Hulu y los exclusivos de canales de televisión estadounidenses como Showtime, FX y AMC. Los tiempos han cambiado, la competencia es más fuerte. Hay más opciones y programas para ver, y la audiencia se ha convertido en un crítico imperdonable. Tener televidentes fieles se ha hecho más difícil, y ese es el obstáculo que HBO debe superar.

No sabemos qué le deparará a Vinyl en el futuro. Lo cierto es que hasta los momentos, la serie parece haber sido un sueño no muy alejado de la realidad de Richie Finestra: una excelente idea que se le ocurrió a alguien en el medio de un éxtasis de cocaína. Habrá que esperar hasta la segunda temporada para saber si tiene el potencial de convertirse en un clásico o simplemente quedar relegado al hall de la fama de los one-hit wonders.

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