The Sexiest People are Thinkers

11 de febrero. Se cumple un mes sin ti en el suelo de este planeta, aunque tu presencia permanece como si siguieses en él. No sé si tanto o menos de lo que mereces, pero treinta y un días después ya ha dejado de cabrearme todo lo que se pueda decir o lo que se hayan dejado olvidado. Ahora lo único que me preocupa es que siempre que te escuche, el corazón me siga latiendo con la misma intensidad.

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Ya sabrás todas las morgues que salieron del archivo de los medios a primera hora de la mañana, todos los especiales que se han publicado y las supuestas noticias exclusivas. Aquí debo decirte, por cierto, que mi preferida ha sido eso de que te negases a colaborar con Coldplay porque no te gustaba su música. Sea cierto o no, imaginarte dando una palmadita en la espalda a Chris Martin me hizo muy feliz.

No faltaron los mensajes de todos aquellos que, casualmente, se habían convertido en tus fans el domingo por la noche y tampoco las salas de baile que recurrieron a tus canciones cuando pocas veces lo han hecho antes. Me costó alguna discusión, pero lo cierto es que después de una semana decidí que lo mejor era hacer como si nada hubiese pasado, por mucho que mi único gran sueño se hubiese esfumado.

¿Qué coño hacemos que no estamos inyectándonos Blackstar (2016) en vena y hablando sin parar de la obra de arte que es? Un disco tuyo es capaz de renovar una vida y este último entra hasta lo más profundo del alma. Más sabiendo el ardor con que está hecho. Gracias por traerme las lágrimas hasta la frontera de la esclerótica.

Gracias por todo tu legado. Gracias por hacer una canción que me llevase hasta mi primer tatuaje sin dudar. Gracias por sonar tan bien en un tocadiscos tan viejo. Gracias por hacerme soñar que algún día te vería sobre un escenario del Primavera Sound. Gracias por hacer que aún tenga la esperanza de escucharte en directo, donde y cuando sea. Gracias por tus mil caras. Gracias por dar mil pasos al frente. Gracias por tu patada al arte. Gracias por ser la salvación. Y, por supuesto, como siempre digo cuando se merece: gracias por la música.

Si ahora me pusiese a pensar la forma en que esto que llevo escrito pueda encajar en un medio meramente informativo, borraría las 411 palabras. Mi intención era hacer un repaso por todo lo dicho estas semanas y, al final, me ha podido el amor. Hay personas para las que no puedo escribir de otra manera y, por mucho que lo intente, la lírica se va a la mierda. Me alegra cerciorarme de que eres una de ellas.

En mi reproductor acaba de sonar tu respiración al inicio de “Tis a Pity She Was a Wore” y creo que es perfecto para sellar tu eternidad. Trago saliva. Hasta siempre, David Bowie.

Despues de leer, ¿qué te pareció?