Un incendio masivo y devastador afectó el Museo Nacional de Brasil en Río de Janeiro, según informes de medios locales e internacionales, quienes reportan que el incidente comenzó el domingo por la noche, hora local, después de que el museo fue cerrado, y hasta el momento no hay informes de heridos o muertes, pero las pérdidas culturales, artísticas y científicas son irremplazables.

El Museo Nacional se estableció en 1818 y no solo es la institución científica más antigua de Brasil, sino también uno de los mayores museos de historia natural en ambos continentes. “Se perdieron 200 años de trabajo, investigación y conocimiento”, dijo Michel Temer, presidente de Brasil, en un comunicado de prensa, calificando el incendio como una “pérdida incalculable” para el país.

La colección del museo contenía más de 20 millones de artículos, y hasta ahora los informes iniciales no indican cuánto de este precioso material podría perderse para siempre para la ciencia y la historia colectiva de la humanidad. Entre los tesoros del Museo Nacional se encuentra una enorme colección de artefactos del antiguo Egipto que comenzó en el siglo 19 e incluye el sarcófago exquisitamente detallado de Sha-Amón-em-su, un cantante cuyo ataúd nunca se ha abierto, conservando aún a la momia dentro.

El museo también albergaba una de las mayores colecciones de artefactos producidos por diversos pueblos indígenas de las Américas, que data de mucho antes de que cualquier europeo pusiera un pie en el continente sudamericano. Estos objetos incluyen muestras invaluables de cerámica, fragmentos textiles, herramientas y más de culturas andinas como la civilización Inca, la cultura Chancay y la cultura Nazca, por nombrar solo algunas.

El museo también contaba con una amplia colección de la antigüedad clásica, incluyendo un conjunto de frescos únicos y una serie de objetos romanos antiguos recuperados de las ruinas de Pompeya. El museo, que forma parte de la Universidad Federal de Río de Janeiro, también alberga una de las bibliotecas científicas más grandes de Brasil, que contiene casi medio millón de volúmenes, incluidas 2.400 obras que son consideradas rarezas.

Según un informe en el sitio web de la red de televisión brasileña Globo, los vecinos de Rio de Janeiro han encontrado las páginas quemadas de los documentos alojados en el museo volando por los aires y en las calles, en escenas descorazonadoras.

Además de los tesoros antropológicos, el museo también albergaba una gran selección de plantas y animales en su sección de zoología, y su colección de paleontología incluía el fósil humano más antiguo encontrado en el país. Según Reuters, el museo había sido descuidado financieramente por el gobierno federal y debía renovar sus sistemas de seguridad contra incendios gracias a un préstamo de un banco privado.

Es difícil expresar lo desgarrador que es ver cómo dos siglos de investigación científica se incendian tan fácilmente. Lo único que podemos esperar que al menos algunos de los tesoros del museo hayan salido ilesos de este devastador incendio, aunque como relata en El País el urbanista Washington Fajardo, ex presidente del Consejo Municipal del Patrimonio Cultural de Río de Janeiro, por ahora lo que queda es el dolor: “Que las generaciones futuras nos perdonen. Somos la gran nación desmemoriada, vagando por el cosmos sin saber lo que fuimos, o que podemos, o soñamos. Ahora son cenizas aquello que debería inspirar a los jóvenes a guiar la nación”.

A continuación, un recorrido de lo que eran las instalaciones del museo.

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