En estos días, la cultura del streetwear se ha popularizado tanto que ya es común ver a los hypebeasts alrededor del mundo haciendo lo imposible por adquirir sus piezas favoritas de las colecciones de Supreme, las últimas zapatillas deportivas de edición limitada o un accesorio de una colaboración que parecía ser imposible. Hacen largas filas, pagan un dineral en eBay, y hasta crean bots para poder adquirir esa chaqueta que los hará lucir como el tipo más fly del vecindario.

Pero hace 30 años, a mediados de los 80, los tipos que querían darse el lujo de llevar puestos outfits de pies a cabeza de Ralph Lauren y Polo debieron usar métodos más primitivos y prácticos de adquisición: simplemente robándolos. En una época difícil para ciudades como Nueva York en donde la epidemia del crack consumía a barrios como Brownsville, muchos querían lucir las ostentosas piezas del diseñador Ralph Lauren que vestían los tipos blancos de la Quinta Avenida y que la publicidad de la marca recordaba en cada valla que era sólo para gente pálida y con dinero.

Un buen día un crew de amigos de Brooklyn decidieron que iban a tomarse las colecciones de esas marcas para ellos, aunque nunca fueron mercadeadas para los negros del barrio que igual querían lucir bien. En ese entonces usaban técnicas variadas: entrar con bolsos llenos de periódicos que después llenaban con ropa y con los que salían como si nada, usar ligueros de mujer con ropa ancha para doblar las piezas a su mínima expresión y salir sin que los bultos se notaran.

Todo en nombre de la moda, tal como explica el fotógrafo y cineasta neozelandés Tom Gould, quien ha estado recopilando información acerca de esta subcultura durante los últimos cinco años para publicar un libro y un documental que llevarán como título Bury Me With The Lo On. Gould descubrió la movida cuando se encontró con el álbum Skillionaire de 1999 lanzado por el líder de la banda, Thirstin Howl the 3rd, quien describía en las canciones todo lo que hacía para llevar encima su look perfecto:

“Nadie aprecia la marca como estos chicos. Yo, siendo de Nueva Zelanda, estaba tan aislado… Para mí todo era original, diferente. Los chicos me hablaban de robar en tiendas, correr por Saks y Bloomingdale’s y llevarse todos estos artículos de Ralph Lauren. Nadie estaba rapeando sobre eso en esa época, y estos chicos eran muy graciosos en sus discos, hablando de cómo robaban ropa. Era increíble”.

El crew de Howl se llamaban los Lo Lifes, usando Lo como un diminutivo de Polo. Y si bien en un principio todo surgió para lucirse pues llevar las coloridas piezas era atrevido, pues eran casi imposibles de obtener para alguien como ellos al final siguieron haciéndolo como una gran fuck you al sistema, pues aunque se podía ver a un ejecutivo de Manhattan llevando el mismo outfit que los Lo Lifes, todos sabían que ellos no habían pagado un centavo por él.

Muchos de ellos siguen teniendo las piezas vintage de la época, y aunque públicamente Ralph Lauren nunca ha comentado públicamente sobre ellos, todos saben que los conoce y que está familiarizado con el origen de esta tripulación, que creó su propia subcultura con un cliché del Sueño Americano que terminaron transformando en algo propio.

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

Bury Me With The Lo On. Fotografía: Tom Gould

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