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Music

“The Queen Is Dead”: 30 años de rebeldía sensible y provocación

Portada del álbum "The Queen Is Dead"
Words Mirangie Alayon

A principios de los 80, los grupos de rock alternativo casi no podían distinguirse de los dinosaurios decadentes que se supone que habían derrocado: el rock and roll como postura rebelde había perdido el brillo, o quizás la suciedad. Había pantalones de cuero rasgados en las rodillas, pero ni una sola idea nueva rebotando en el medio de todos esos cráneos cubiertos de mohawks con gel. Y la prensa musical estaba más o menos plagada de drogadictos que buscaban tener sexo con las groupies de las bandas de las que hablaban cada semana. Había represión, pobreza y mucha ortodoxia Thatcheriana, pero nadie sabía como ponerle letra a esa canción.

Y entonces llegó The Smiths. Con su rechazo absoluto de los conceptos tradicionales de la masculinidad del rock and roll, su rechazo de los valores adquisitivos de los 80, su rechazo del sexo en sí (al menos en entrevistas donde el celibato era y sigue siendo una de las palabras favoritas de Morrissey) llegaron a ser una forma muy atractiva de rebelión doble. The Smiths eran los héroes y los herejes, negándose a las normas sociales pero también negándose a conformarse con los clichés trillados de rebeldía. Al ser la banda menos rock and roll del mundo, los hizo la más rock and roll.

En 1984 lanzaron su primer álbum homónimo, trayendo consigo controversias con los temas Reel Around the Fountain y The Hand That Tocks The Cradle. Un año después llegó Meat is Murder, más estridente, más político, y más vegetariano y más diverso musicalmente, pero sin alejarse de las polémicas. Sin embargo, lo que muchos llaman su mejor álbum llegó el 16 de junio de 1986: The Queen is Dead.

De comienzo a fin, The Queen is Dead dura solamente 37 minutos, que a primera vista parece poco, pero que son suficientes para hablar de ejecutivos sucios de compañías discográficas, amores no correspondidos, regicidio, suicidio, religión organizada, poetas muertos y mucho más. De un solo golpe, The Smiths resumieron de manera magistral los retos personales y políticos de la vida en el Reino Unido durante el régimen de Margaret Thatcher.

Si bien es cierto que el disco es producto de su era, estas canciones siguen sonando tan actuales como si se hubiesen hecho hoy: la industria de la música sigue siendo superficial, todavía hay ideólogos morales atrapados por sus propios vicios, y Morrissey aún no quiere a la Reina Isabel II. En The Queen is Dead, Morrissey no solamente logra plasmar letras llenas de lamentos rompecorazones y mórbidos, vueltas de frases ingeniosas o insultos elegantes y mordaces, sino que el resto de los instrumentalistas de la banda logran una declaración musical cohesiva: el guitarrista Johnny Marr, el bajista Andy Rourke y el baterista Mike Joyce hacen que el álbum tenga un feeling pop con influencia de los 60 pero con una nostalgia sin edad.

Parte del encanto del álbum es que ninguno de los integrantes de The Smiths domina la producción, que va desde encantadores riffs y ritmos con The Boy With The Thorn In His Side, pasando por el rockabilly y el humor de Vicar in a Tutu, así como baladas como I Know It’s Over y el balance sónico de The Queen is Dead. Además, no podemos olvidar que este disco contiene uno de los más inolvidables himnos de la banda: There is a Light That Never Goes Out, con románticas líneas sobre el aislamiento, la soledad y la muerte.

En ese momento, nadie lo sabía, pero el final de The Smiths se acercaba. La agrupación solamente nos daría un álbum más antes de una separación que todavía duele cuando recordamos el potencial que pudieron haber tenido. Sin embargo, su influencia y su vigencia siguen vivas 30 años después con The Queen Is Dead, permitiéndole a nuevas generaciones identificarse con su marca particular de rebeldía sensible y emocionalidad provocadora para convertirse en habitantes de un universo particular que aún resuena e ilumina como una luz que nunca se apaga.

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