El pasado 12 de agosto, Netflix estrenó su proyecto más ambicioso hasta los momentos: The Get Down, una serie musical en donde el director australiano Baz Lurhrmann nos da su propia versión de la infancia del hip hop, ayudado con la perspectiva de sus productores ejecutivos, Nas y el legendario Grandmaster Flash, quien lo ha guiado en la construcción de capas de música, drama y beats de breakdance sobre una base disco. El año es 1977, y Nueva York está sumida en una crisis económica sin precedentes, en donde un apagón generó el caos completo en la ciudad, con saqueos, violencia y vandalismo que se extendieron por dos días.

La historia no puede cambiarse, ni tampoco los recuerdos de la gente, pero en este caso, The Get Down no busca presentarnos un escenario crudo que nos haga tragar grueso. Baz Luhrmann viene de otro lugar: de la imaginación, de la fantasía y del realismo mágico. Su estética definida está llena de yuxtaposiciones inesperadas, ya sea que esté combinando a a Cyndi Lauper con competiciones de baile de salón en Strictly Ballroom; a Elton John con el movimiento post impresionista en el París de Moulin Rouge o a Garbage y William Shakespeare en Romeo + Juliet.

El estilo Baz Luhrmann

Netflix

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Su técnica hace puentes entre períodos, lugares y personajes, y hace simples los sentimientos, pero no en el sentido literal: Luhrmann amplifica las emociones de los personajes a cada momento, haciéndonos sentir con ellos a lo largo de todo el camino. Su tono es apasionado, elevado y casi mágico, y si eres un aficionado, sus películas pueden ser trascendentes, pero si no, pueden pasarte por encima como una gran ola.

Sin embargo, sin importar qué tan fanáticos podamos ser de Luhrmann, su visión es un colirio para los ojos y el corazón luego de ver cómo en los últimos años, una serie de hombres caucásicos han sido los corruptos protagonistas de nuestros shows favoritos: Tony Soprano, Don Draper y el mismo Walter White son ejemplos de antihéroes con problemas que ocuparon nuestra mente por un buen tiempo con oscuros conflictos y vidas dobles. Ya era hora de traer un poco de color a nuestros ojos, tanto en la dirección artística como en el de la piel, y el verano neoyorquino de 1977 es un excelente lugar en donde comenzar la aventura.

¿Lo mejor de todo? El show esta lleno de consultores que estuvieron allí, que vivieron todo lo que pasó. La lista parece salida del Salón de la Fama del Hip Hop: Kurtis Blow, DJ Kool Herc, Afrika Bambaataa, Rahiem de los Furious Five, los coreógrafos José Xtravaganza y Willie Marine Boy Estrada, así como los artistas del graffiti John “Crash” Matos y Chris “Daze” Ellis interpretaron un rol vital para darle forma a la historia.

Parte del encanto de The Get Down es la manera en que vierte polvos mágicos como un hada madrina sobre sus protagonistas sin que deban ser millonarios, poderosos o vestidos con ropa de diseñador para ganárselo. La marca particular de realismo mágico de Baz Luhrmann termina siendo la ruta más perfecta para mostrarnos un momento esencial de transformación política y cultural, y cómo un grupo de jóvenes se transforman en adultos. Netflix no nos trae un documental, sino una versión inspirada en el pasado que tiene el mismo mérito y la misma magia.

Realidad y Realismo Mágico

The Get Down - Mylene

Imagen: Netflix

Cuando Luhrmann nos muestra a Ezekiel, interpretado por el maravilloso Justice Smith, encontrando su voz en una de las fiestas de Grandmaster Flash (Mamoudou Athie), la combinación de los estimulantes que ruedan por el sitio y la intoxicación sin nombre que siente el personaje al poder compartir su talento, nos transporta a todos, y Grandmaster Flash se convierte en una figura casi mística, un Buda de la música que da lecciones de vida que todavía los amantes de la música experimentamos hoy en día.

Cuando el aspirante a DJ Shaolin Fantastic (interpretado por Shameik Moore) salta sobre los techos de la ciudad en una búsqueda desesperada para entregarle un disco a Grandmaster Flash con la esperanza de que el álbum lo convierta en un aprendiz, claro que el momento se siente más grande que la vida: es casi heróico, porque sabemos lo que significa para él. Cuando Mylene Cruz (cuyo rol interpreta la talentosa Herizen Guardiola) suela con volverse una diva de la música disco y termina arrancándose la toga del coro de la iglesia de su padre para impresionar a un productor, sabemos cuáles son los riesgos involucrados; sabemos lo que pasará con su familia. Pero ese momento de valentía es gigante, trascendente y poderoso, y Luhrmann nos guía a través de la emoción, pidiéndonos que confiemos en él, porque The Get Down será una aventura que valdrá la pena.

The Get Down - Shaolin

Imagen: Netflix

Y sí, Shaolin, Mylene, Ezekiel son pobres, al igual que sus amigos. Y sí, viven en el fantasma de una ciudad en donde edificios son incendiados para cobrar el dinero del seguro y en donde esas paredes llenas de hollín terminan siendo el lienzo de jóvenes que algún día se convertirán en artistas del graffiti. Eso no quiere decir que sus vidas deban ser plasmadas en la pantalla como una tragedia, o como un ejemplo de superación social a través del dolor y el esfuerzo que supone no tener dinero.

Sin importar sus circunstancias, sus vidas merecen el toque de magia de Luhrmann: ya la vida tiene suficiente drama por sí misma. Aún no sabemos el final de sus historias, y ¿quién sabe? Quizás algún día se conviertan en los arquitectos de una revolución cultural y artística. Pero incluso si sus historias terminan siendo sencillas como las nuestras, su alegría, sus sueños y esperanzas pintan a la ciudad de Nueva York de color, de música y de posibilidades.

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