Antes de comenzar, un aviso necesario de SPOILER ALERT. ¿Ya vieron la serie? Perfecto.

Ser un fanático de series de televisión en estos días se siente a veces como un trabajo: seguir dramas y miniseries y nuevas producciones se hace bastante complicado en especial cuando hay plataformas de streaming que parecen estrenar algo nuevo semanalmente. A veces, incluso se siente que ya hemos visto todas las fórmulas habidas y por haber, y entonces, llega Netflix y nos cachetea entregándonos un show que nos mueve el piso y que termina siendo tan malditamente bueno, que es criminal que haya durado tan poco.

Ese es el caso de la serie adolescente británica The End of the F***ing World, inspirada en el cómic del mismo nombre de Charles S. Forsman, y que nos cuenta la historia de un par de adolescentes llamados James (Alex Lawther) y Alyssa (Jessica Barden), a quienes podríamos resumir como unos Bonnie and Clyde modernos, o como si viéramos una precuela de la pareja al principio de Pulp Fiction, saben, la de Honey Bunny y que asalta el restaurante.

Es brillante, precisa y nihilista. Aguda, dolorosamente actual y divertida. No tiene capítulos de relleno. En menos de tres horas que se sienten demasiado breves la ves de principio a fin, y en vez de darnos un par de episodios expositivos acerca de qué trata todo, van al grano en el primer minuto del primer capítulo:

“Soy James. Tengo diecisiete años. Y estoy bastante seguro de que soy un psicópata”.

Amor a primera línea. Es una serie que rompe con los esquemas y los clichés de shows con teenagers problemáticos, sin miedo de mostrarnos de manera visceral, vulnerable y real lo que significa ser dos misfits en un mundo de mierda. Es una bocanada de aire fresco en un mercado televisivo saturado, y vaya que lo necesitábamos.

“No confío en la gente que encaja”

The End of the F***ing World. Fotografía: Netflix

The End of the F***ing World. Fotografía: Netflix

A diferencia de las series adolescentes con las que muchos crecimos centradas en mean girls, en el glamour de escuelas secundarias privadas, porristas o la visión de una vida teenager desde un punto de vista tan dramático como en cualquier telenovela, hoy en día el público quiere algo real y diferente.

Ser adolescente es generalmente una mierda, y series como Skins o Skam han logrado conectarse con su audiencia justamente por no tener miedo de mostrar las presiones de pertenecer, de tener problemas mentales, de enfrentarse a una familia homofóbica, al bullying, a las drogas o simplemente al hecho de no saber quién demonios eres. Y ese conflicto de saberse un desadaptado y un misfit se refleja perfectamente en la historia de James y Alyssa.

En uno de los episodios, Alyssa cuenta que no confía en la gente que “encaja” en la sociedad. Los que parecen no tener problemas, los que aparentemente tienen una familia y una vida perfecta, y los que se conforman con el mundo que los rodea. Era casi inevitable que se unieran: él, psicópata pero no tanto, que se frió la mano cuando era niño para sentir algo luego de presenciar el suicidio de su madre; y ella, invisible, con una madre convenientemente ciega al hecho de que su esposo tiene ganas de tener sexo con su propia hija.

Terminan convirtiéndose en fugitivos improvisados porque es la única manera de sentirse libres bajo sus propios términos; sin adultos de mierda que tomen decisiones por ellos. Con un auto robado, sin dinero, sin reglas y con el mundo a sus pies. Al menos por un rato.

Cuando el trauma es relatable

The End of the F***ing World. Imagen: Netflix/Tumblr

The End of the F***ing World. Imagen: Netflix/Tumblr

The End of the F *** ing World aborda de manera sincera temas con los que todos podemos relacionarnos de una u otra manera: enfermedades mentales, violencia doméstica, abuso sexual, suicidio, trauma, agresión y tratar de saber qué es lo correcto. No hay cenas familiares, proms o un adulto que sirva como guía sobre lo que es bueno y malo. Irónicamente, casi todos los adultos que James y Alyssa conocen en su road trip son depredadores: el viejo que les da un aventón toca sexualmente a James en un baño público; el dueño de la casa que invaden termina siendo un violador y asesino en serie; el padre de Alyssa está dispuesto a ofrecérsela a la policía por una recompensa.

Y sí, ver que los adultos están tan jodidos como los adolescentes es refrescante. Oscuro, desesperanzador, pero refrescante. Esta serie es una representación visceral y honesta del mundo de la post adolescencia, y puede que a veces se sienta tan cercano a nuestra vida que puede ser difícil de ver, pero ver a James y a Alyssa lidiar de una manera real con temas complejos como el sexo, violencia y las dificultades de ser adulto es algo novedoso.

El público joven (y no tan joven) sin duda se ha identificado, pues The End of the F *** ing World  ya se ha convertido en uno de los programas más exitosos de Netflix en lo que va de año, pese a que se estrenó hace solo 20 días. Increíble, ¿no? Esta historia es una especie de combinación perfecta de audiencia fiel y comprometida, que también está dispuesta a conversar acerca de cuánto se identificaron con ella. Ser trending topic en redes sociales suele ser una buena señal.

Es bastante posible que gracias a su popularidad, más plataformas de streaming y canales de televisión se den cuenta de que necesitamos relacionarnos con el trauma adolescente sin importar la edad del público: generar una conversación sincera acerca de la alienación y los conflictos de los adultos jóvenes siempre son buenas noticias. Aunque hay conversaciones acerca de una posible segunda temporada del show, nos atreveríamos a decir que no la necesita. Sabemos cómo el mundo real funciona, en especial cuando un disparo es seguido de un fade to black.

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