Para nadie es un secreto que el sistema carcelario de los Estados Unidos es una máquina capitalista y privatizada cuyo motor está conformado por hombres y mujeres que toda su vida han vivido bajo la línea de la pobreza, y que terminan pagando largas condenas simplemente por no tener los recursos necesarios para pagar una fianza que les permita seguir en libertad mientras su caso sigue en curso.

El año pasado como regalo del día del padre, el rapero Jay Z decidió pagar la fianza de un grupo de hombres afroamericanos, quienes se mantenían en la cárcel por crímenes menores (desde incumplimiento de pagos de multas de tránsito hasta posesión de drogas para uso recreacional sin intención de distribuir), y en el cortometraje The Bail Project, hecho por la ONG del mismo nombre y dirigido por Kevan Funk, conocemos de cerca un caso similar.

The Bail Project. Imagen: The Bail Project

The Bail Project. Imagen: The Bail Project

El filme nos relata la historia de Ramel, un hombre que estuvo encarcelado durante casi dos años por andar en bicicleta en la acera, simplemente porque no podía pagar una fianza de USD$ 500, que necesitaba para pagar la renta de su apartamento. En el corto, Funk entrevista a Ramel y logra revelar los detalles íntimos de su experiencia en la cárcel dándole voz a una víctima del sistema carcelario.

La organización The Bail Project trabaja para pagar las fianzas de personas inocentes que a menudo se sienten forzadas a declararse culpables ya que no pueden pagarlas y no ven otra salida, y la película tiene como objetivo mostrar su trabajo. Pero esta no es una campaña de concientización cualquiera: es un documental visualmente impactante y conmovedor, en donde conocemos de cerca el costo humano de la pobreza, que suele ir de la mano de la injusticia.

 

En el cortometraje, las tomas informales de Ramel están intercaladas con tomas de niños, y con impactantes encuadres en tonos azules y rojos, que lo convierten en una figura hermosa, alejándolo de cualquier percepción criminal y que transmiten el dolor y la dificultad de su experiencia.

The Bail Project nos recuerda que ante nada, los privados de libertad son ante nada seres humanos, aunque muchos quieran verlos como un engranaje más en las ruedas del sistema de justicia penal. Tal vez la lección más importante que este filme puede darnos es el slogan del proyecto: la pobreza no es un crimen.

Despues de leer, ¿qué te pareció?