Para muchos, las cicatrices son el recuerdo inevitable de una caída de la infancia, de una travesura con consecuencias, de un hecho que se pudo haber prevenido. Son marcas accidentales, momentos de descuido. Pero para personas como Natasha, las cicatrices son parte esencial de quién es, de su depresión y de sus intentos de suicidio.

“Siempre he sido hiper-sensible con una extremadamente baja autoestima. La primera vez que me corté fue después de que una maestra me escogió en clase para participar, y básicamente me dijo delante de todo el mundo que pensaba que iba a fallar su asignatura y que yo, más que cualquier otra persona allí, necesitaba bajar la cabeza, escuchar y trabajar duro. Eso realmente me afectó. La mayoría de la gente sólo lo supera, pero siempre he estado aterrorizada por el fracaso, nunca he creído ser capaz de mucho. La escuela fue un momento muy difícil para mí, especialmente con mis problemas de salud mental. Nunca encajaba, siempre me sentía como una extraña, como si no perteneciera a ningún sitio.

Mucha gente piensa que lo hice por atención, pero en realidad mantuve oculto mucho de mi dolor. Mis compañeros de clase no sabían que había pasado el día antes de mis exámenes en el hospital debido a un intento de suicidio. Entré y me senté a hacer esos exámenes igual que todos los demás. No sabían que no tenía un espejo en mi habitación durante mucho tiempo porque la había roto una noche porque me sentía enferma mirando mi reflejo. Utilicé las piezas rotas para cortarme. No creo que haya muchos lugares en mi cuerpo que no haya dañado en algún momento, así que tengo suerte de no tener cicatrices por cada vez.

Sólo recientemente he podido salir con mis cicatrices expuestas. A menudo me pregunto cuántas conversaciones empiezo caminando en público… pero estoy aprendiendo a amarme y a aceptarme más… poco a poco”.

Natasha es una de las muchas personas que se ofrecieron como voluntarias para la serie fotográfica Scars, hecha por la joven británica Sophie Mayanne, cuya pasión por la imagen comenzó en la universidad cuando se propuso a tomarse 365 selfies en un año, y 200 días después terminó fotografiando a sus amigos. Ya con varios años de experiencia, en el 2016 hizo un editorial para una revista británica en el que querían tratar el tema de reflexión a través de la fotografía, y se le ocurrió tomar imágenes de cicatrices y sus historias.

Scars

Natasha. Fotografía: Sophie Mayanne

Para Sophie, nuestra piel es el mapa de nuestras vidas, desde las líneas intrincadas que rodean nuestros ojos, hasta las manchas de edad de los ancianos, pasando por las cicatrices marchitas que a menudo olvidamos, producto de un momento olvidadizo en la cocina con un cuchillo. Según esta fotógrafa, contar las historias de nuestras cicatrices es recordar triunfos en distintas batallas, y un homenaje a nuestra fuerza.

Su serie Scars es una celebración de la belleza, de los defectos, de las batallas ganadas y de los obstáculos superados. Sus imágenes nos hacen recordar que muchas veces la vida se trata de sobrevivir en una representación verdaderamente honesta de cómo nuestra historia, mostrada a través de estas cicatrices, no nos define, sino que nos impulsa.

“Siempre me he sido atraída por lo que la sociedad considera como defectos en mi trabajo fotográfico, así que creo que el interés en continuar el proyecto también se deriva de esto”.

En un mundo visual en donde todos parecen estar obsesionados con la perfección, ¿cómo se te ocurrió una serie centrada en cicatrices?

La idea comencé a explorarla en mi trabajo el año pasado, cuando hice una sesión para una revista en donde el tema de la reflexión era lo más importante, así que compartir un poco acerca de las historias detrás de las cicatrices estaba aunado a mi trabajo fotográfico. Pero luego de terminar la sesión me di cuenta de que había mucho más que hablar sobre este tema. Siempre me he sido atraída por lo que la sociedad considera como defectos en mi trabajo fotográfico, así que creo que el interés en continuar el proyecto también se deriva de esto.

Algunas de estas imágenes son muy íntimas. ¿Cómo elegiste a tus modelos y cómo lograste que se sintieran lo suficientemente cómodos para mostrar sus cicatrices y compartir las historias de cada una?

Gran parte del casting se hizo a través de las redes sociales, incluyendo Facebook e Instagram, y es hecho de manera voluntaria, así que las personas que están interesadas en tomar parte de las fotos se presentan. La mayoría de la gente que me contacta tiene un interés en la idea de mostrar sus cicatrices y compartir su historia, y aunque algunos están nerviosos, la sesión en sí tiene un ambiente muy relajado y amigable, así que los nervios se disipan rápidamente.

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

Nuestra reacción a una cicatriz siempre es personal, y a menudo muy difícil. Recalibrarnos para aceptar lo que no se considera perfecto no es fácil: la sensación es incómoda, resquebrajando nuestra confianza y autoestima, y cambiando nuestra percepción de nuestra imagen corporal. Una cicatriz es cruda e infinita. A menudo toma tiempo y valor hablar de ellas, y mucho más mostrarlas el mundo exterior.

Es por eso que verlas en una narrativa pictórica nos permite apreciarlas bajo una luz diferente: junto a historias de dolor, sí, pero también de valor y superación. Como golpes de pincel de un artista, una vez que Mayanne elimina la dura realidad de un quirófano, las cicatrices de sus fotos toman una forma, una belleza quizás que a veces es difícil de apreciar, pero que no deja de ser fascinante.

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

¿Hubo alguna historia particular de una cicatriz que te conmovió?

Muchas de las cicatrices y sus historias me han conmovido, y creo que es increíble poder compartir la adversidad que el cuerpo puede superar mental y físicamente. La historia de Natasha realmente resonó conmigo. Me hizo llorar cuando la leí. Pero una historia que realmente encarna el mensaje que quiero que la gente obtenga del proyecto es la de Isabella.

“En el verano de 2015 hubo un incendio en mi casa. Mi ropa y forma de vida se esfumaron entre las llamas, y pasé mi verano en la unidad de quemados de Fulham Road. Mis cicatrices continúan cambiando, pero nunca me he sentido más bella”.

Scars

Isabella. Fotografía: Sophie Mayanne

Has estado compartiendo las imágenes de la serie en Instagram, donde la mayoría de la gente utiliza filtros para corregir sus propias imperfecciones. ¿Qué tipo de feedback has recibido?

La gente parece identificarse con el trabajo y con las historias a nivel personal, y lo más importante es que están viendo la belleza de las imágenes, en especial en lo bello de una imagen cruda y honesta. Para mí es muy importante que las imágenes permanezcan sin retoque, a excepción los colores, pues sería una contradicción retocar la piel de las personas, cuando es eso lo que estoy celebrando.

Mayanne se encuentra preparando un libro con todas estas historias personales y sus respectivas imágenes, que aunque lejos de la perfección, nos acercan más a nuestra propia humanidad. Para ella, si los secretos escondidos detrás de estas cicatrices nos hacen ver de manera diferente no sólo las imperfecciones, sino la individualidad que estas marcas pueden engendrar, entonces para ella, el proyecto será un éxito.

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

Scars

Fotografía: Sophie Mayanne

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