Para nadie es un secreto que los conflictos y las guerras son tristemente parte de nuestro día a día, ya sea por cuestiones étnicas, de género o religiosas, ser tratados como iguales es más difíciles para unos que para otros, y una de esas regiones en donde más conocen esta realidad es en Cisjordania, un lugar localizado en el corazón mismo del conflicto Árabe-Israelí en el Medio Oriente, una lucha que lleva más de 60 años. Pero mientras judíos y palestinos siguen peleando, hay una fuerza que está uniendo ambas partes en el underground: el skateboarding.

Todo comenzó en el año 2013, cuando la organización británica sin fines de lucro SkatePal construyó unas mini-rampas de madera en Cisjordania. La fascinación fue tal que tuvieron que montar un skatepark como tal en la aldea de Zebabdeh poco después. En la actualidad, más de la mitad de la población palestina tiene menos de 25 años, por lo que no es de extrañar que el skateboarding sea un remedio ante el caos interminable de la vida cotidiana. Abdullah Milhem, un joven de la ciudad de Qalqilya, dice:

“Tengo amigos en Israel con los que patino. Cuando fui para allá, patinamos juntos y era pacífico. Cuando veo a otros patinadores, se conectan al instante. Es como un lenguaje universal… una forma pacífica de resistencia.”

Al parecer, el skateboarding es una voz universal que la región (y muchos otros lugares) necesitan de manera desesperada; una que celebre nuestras diferencias y nos una en lo que tenemos en común.

Skaters en Cisjordania

Fotografía: SkatePal

Skaters en Cisjordania

Fotografía: SkatePal

Skaters en Cisjordania

Fotografía: SkatePal

Skaters en Cisjordania

Fotografía: SkatePal

Skaters en Cisjordania

Fotografía: SkatePal

Skaters en Cisjordania

Fotografía: SkatePal

Skaters en Cisjordania

Fotografía: SkatePal

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