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Si no te gusta comer solo, los “mukbangers” de YouTube están aquí para hacerte compañía por Internet

Una youtuber en una sesión de Mukbang con mucho pollo. Imagen. YouTube
Words mor.bo

Cada día, las nuevas generaciones se alejan más de los patrones típicos de comportamiento de sus predecesores: ya es más común ver a un centennial pasar su tiempo en YouTube, Twitch o en Netflix que frente a la TV, en especial cuando estos espacios crean un sentido de comunidad, ya sea acompañando a sus gamers favoritos mientras juegan en vivo, conversando con otras personas mientras escuchan estaciones de radio pirata hip hop lo-fi o haciendo livetweets de su serie favorita de Netflix, parece que estamos conectados de maneras inusuales.

Uno de los femónemos más populares de YouTube en los últimos años es el Mukbang, que ha hecho que miles y miles de personas pasen horas viendo videos de extraños mientras consumen más de 5.000 calorías de comida en una sola sesión. Además, pagan por el privilegio de hacerlo: la tendencia viral incluso hace que algunos YouTubers puedan ganar alrededor de USD $10.000 al mes. Solo por comer delante de otros.

Mukbang (pronunciado “mook-bong”) es una combinación de palabras coreanas: meokneun, comer, y bangsong, transmitir. En Corea, no es algo común que las personas salgan a comer solas, pues comer es una actividad social. Sin embargo, para aquellos cuyas circunstancias no les permiten comer con otros, es más que probable que se queden en casa para comer solos, pero seguirán teniendo la necesidad de socializar mientras comen, así que esa es una de las experiencias que los mukbangers replican en sus videos.

Los protagonistas son conocidos como broadcast jokeys o BJs, quienes se sientan ante grandes festines, comiendo tazones de ramen, relamiéndose y hablando con sus fanáticos sobre grandes comidas que a menudo duran horas. En Corea, muchos fanáticos ven a la gente comer en tiempo real: los BJs coreanos transmiten sus comidas en plataformas como AfreecaTV, donde los comentarios en vivo se transmiten a un lado del stream, y los espectadores pueden responder a los BJs con tokens de globos, pequeños micropagos ofrecidos a sus anfitriones.

Debido a que los comentarios son en vivo, los anfitriones interactúan con sus fanáticos y aceptan sugerencias, haciendo de la experiencia algo aún más comunal, y la sección de comentarios algo así como un chat con todos tus amigos. Y si bien es cierto que para muchos el mayor atractivo de este tipo de videos es sentirse acompañados mientras comen, para otros el interés es algo más esotérico: los sonidos.

Por lo general, los sonidos que vienen acompañados con el actor de comer son vistos como algo de mala educación. Alguien sorbiendo, masticando, chupando y tragando será mal visto en la mayoría de las casas de nuestros padres, pero los fanáticos del ASMR (abreviatura en inglés para la respuesta meridiana sensorial autónoma), que experimentan el placentero fenómeno en su cerebro, parecen tener un hormigueo particular al escuchar a otros comer.

La tendencia, para la sorpresa de nadie, se ha extendido a occidente, y ya hay en Estados Unidos algunos cuantos mukbangers famosos como Trisha Paytas, con casi 5 millones de suscriptores. Sin embargo, hay una diferencia notable con el público coreano, cuyos comentarios suelen ser educados, de ánimo y llenos de sugerencias sobre cosas que les gustaría ver comer a los YouTubers. En el caso de Trisha, las cosas son distintas: no solo recibe comentarios de trolls que la llaman gorda, algunos más de otros que piensan que sus videos son asquerosos, sino que también tiene un público inesperado: personas con desórdenes alimenticios.

Algunos le dicen que ver sus videos los hace “sentirse llenos”, utilizándolos como sustitutos de comidas (algo perturbador), mientras que otros le confiesan que verla comer tan feliz los ha hecho reconectarse con el placer de comer, aunque están lejos de aventurarse con una comida de 5.000 calorías. Pese a su público heterogéneo, Trisha sigue haciendo videos sin importar las críticas: “Realmente disfruto mi comida cuando como. No lo hago solo para la cámara”.

Ya sea por diversión, soledad, obsesión con el ASMR o como una manera de manejar desórdenes alimenticios (de manera positiva o negativa), parece que el Mukbang está aquí para quedarse por un buen tiempo. En una era en la que dependemos de Internet para la gratificación virtual espontánea, estos BJs sirven no solo como avatares para nuestros deseos, sino como la última frontera de un mundo hiperconectado con pocas interacciones cara a cara. Puede que el fenómeno nos deje con muchas interrogantes, pero ahora al menos sabemos que a unos pocos clicks de distancia siempre habrá alguien que nos acompañe con un tazón de ramen.

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