En Irán, millones de galones de combustible salen ilegalmente del país mensualmente, en particular en las provincias de Sistán y Baluchistán, cuyo contrabando se calcula en unos 25 millones. Aunque el gobierno ha intentado una serie de medidas para detener el tráfico ilegal como recortar subsidios al combustible, erigir cercas y muros a lo largo de la frontera e imponer fuertes multas a los contrabandistas que son atrapados, la matemática es más sencilla: mientras que en Irán el combustible cuesta 34 céntimos de dólar, en Pakistán, su nación vecina, esta se vende por lo menos en tres dólares.

Para los contrabandistas, el mercado negro de diesel es una manera de subsanar la crisis económica que ha devenido luego de la sequía y el desempleo en la región, haciendo que la mayoría de los jóvenes en esas provincia realicen este trabajo tanto arriesgado y lucrativo. En su serie Fuel Smuggling, el fotógrafo iraní Sadegh Souri ha estado capturando durante los últimos cuatro años la peligrosa vida de estos piratas de carretera, quienes ponen su vida en riesgo cada vez que buscan cruzar la frontera.

“Al principio, las personas no estaban dispuestas a cooperar conmigo, consideraban que era demasiado arriesgado. Pensaron que yo estaba allí para espiarlos tomando estas fotos y pensaban que las entregaría a las autoridades porque el contrabando de combustible es un crimen en Irán, y los contrabandistas pagan fuertes multas. Por lo tanto, tenían miedo de mostrar sus caras, pero dado que yo también vivo en esta provincia, pude ganar su confianza al convertirme en su amigo”.

Para Souri, el riesgo subyace en tener sus tarjetas de memoria digital borradas o destruidas por las autoridades, y el hecho de estar tan cerca de bombas rodantes de combustible delante de su automóil mientras acompaña a los traficantes en su recorrido.

Para los contrabandistas, el viaje comienza en un depósito de combustible, donde bombean cientos de galones de diesel o aceite de parafina en tanques de plástico en sus camiones, que viajan a 160 kilómetros por hora en las carreteras de montaña. Algunos dejan su carga a transportistas que llevan el combustible en burros, mientras otros aumentan sus ganancias llevando el diesel hasta su destino final. Pero es un camino lleno de riesgos: enfrentamientos a balazos con la policía y explosivos accidentes que dejan consecuencias físicas para toda la vida. Un alto precio para pagar, y que hacen que la matemática se vuelva más complicada en el cálculo final.

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

Fuel Smuggling. Fotografía: Sadegh Souri

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