Rob Hornstra es un fotógrafo holandés conocido por sus proyectos documentales, a los cuales se dedica por largos períodos de tiempo, tanto en su país como en distintos lugares del mundo. Ha publicado varios libros de su trabajo, producido series documentales para una variedad de revistas internacionales, y participado en numerosas exposiciones, y actualmente se desempeña como director del departamento de fotografía de la Real Academia de las Artes de La Haya.

En el año 2004 debió mudarse a Utrecht (una municipalidad a unos 50 km. al sur de Amsterdam) poco después de su graduación, y ya que ese un barrio arquetípico de la clase trabajadora en donde la arquitectura austera y los residentes con problemas contrastan con el pintoresco centro de la ciudad, debió aplicar para ser asignado en una vivienda social. Así nació uno de sus más grandes y emotivos proyectos: Man Next Door.

“No es fácil encontrar una vivienda adecuada en Utrecht, pero también tomé la decisión consciente de ubicarme en este entorno realista porque estoy fascinado por la sencillez de las personas que viven aquí. Nunca seré uno de ellos, pero no es imposible ser ‘adoptado’ y así llegar a tener una mejor comprensión de su perspectiva del mundo. Yo, al menos, logré hacerlo”.

Durante siete años, capturó la vida de su vecino, Kid. Cuando comenzó a vivir a su lado, a menudo escuchaba ruidosas peleas, que terminaron cuando su esposa y su hijo se marcharon, dejándolo solo. El fotógrafo cuenta que su vecino a menudo usaba palabras vulgares con una voz que rugía, y a menud estaba acompañado de delincuentes, y en más de una oportunidad debió estar en la cárcel.

“Tomaba prestado mi teléfono todos los días porque no tenía crédito para llamar, pero eventualmente comenzamos a tener mucho menos contacto. Se veía mal, y unos tipos malencarados se apoderaron de su casa. Cada vez más a menudo se paseaba por la ciudad con vagabundos y adictos. En un día de verano, su cadáver terminó flotando entre dos barcos en el canal de Utrecht. Tenía 42 años”.

Después de la repentina muerte de Kid, Hornstra tuvo acceso a los informes policiales que daban una idea de la vida que llevaba fuera de su apartamento, y gracias a esta serie fotográfica, que sirve como una documentación de casi una década, Hornstra superó sus propios prejuicios y estableció una conexión que le permitió conocer ambos lados de Kid: el hombre con problemas de consumo de alcohol y drogas, pero también el vecino alegre que lo adoptó, y que amaba y extrañaba a su hijo.

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

Man Next Door. Fotografía: Ron Hornstra

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