Definitivamente, pocas cosas pueden compararse con la experiencia de un concierto en vivo. Si bien es cierto que a veces se siente como una carrera de obstáculos en las que hay que superar filas, guardias de seguridad, una visita a baños portátiles y a las concesiones de alimentos con pizza recalentada, siempre valdrá la pena experimentar de cerca a tus artistas favoritos cantando todas las canciones que te sabes de memoria.

De hecho, es algo que podríamos hacer constantemente si no existieran molestas responsabilidades como ir a estudiar y trabajar, sin hablar de los límites de nuestras billeteras. Y a pesar de este profundo e intoxicante amor por la música en vivo, es probable que no sepas exactamente qué es lo que sucede en tu cuerpo cuando estás en un concierto. Pero tranquilo, que hicimos un poco de investigación para contarte sobre la revolución que se desata dentro de cada uno de nosotros cuando comienzan esas primeras notas.

Una explosión de dopamina

¿Conoces ese sentimiento de alegría irrefrenable? ¿Cuando comes tu comida favoritay está mejor que nunca o cuando terminas una sesión de ejercicios tremenda y estás agotado, pero energizado y feliz? Pues lo mismo sucede en un concierto: tu cerebro tiene una descarga de dopamina, un químico que te hace sentirte bien. Cuando escuchas melodías que te gustan, el cerebro se convierte en una fuente de dopamina, que te ayuda tanto en la motivación como en la adicción. Por eso tienes esa sensación increíble cuando escuchas tu canción favorita en vivo: esencialmente el cerebro te hace sentir placer.

Pero no sólo eso: el cerebro además busca crear tu propio videoclip, sin importar lo que estés viendo en la tarima. ¿Te ha pasado que aunque tengas a Lana Del Rey al frente cierras los ojos? Es porque el cerebro busca una asociación visual con lo que escuchas, aunque ya tengas estímulos visuales. También es posible que la dopamina te haga sentir euforia, que combinada con el rush de adrenalina que te hace sentir la emoción de estar en el concierto, es un high incomparable.

Por otra parte, el ánimo de la audiencia suele compartirse: si alguna canción pone a todos a tu alrededor alegres, es probable que también te sientas igual, y si tu vecino de concierto tiene una expresión sombría con Radiohead, puede que te contagie el sentimiento: estamos más propensos a interpretar una expresión neutra como feliz o triste, para igualar el tono de la música que estás escuchando en el momento.

Sin embargo, lo mejor de todo es que ir a conciertos es una de las actividades más desestresantes que puedes realizar: un estudio realizado en el Reino Unido demostró que los niveles de cortisol en los asistentes a un concierto se redujeron significativamente luego de apenas una hora. La sustancia, aunque útil para metabolizar carbohidratos, grasas y proteínas, está relacionada a la diabetes y el aumento del riesgo de enfermedades del corazón, y reeducirla en un show en vivo es definitivamente mejor que tomar vitaminas, y omega-3, ¿no?

También hay riesgos

Aunque los beneficios de asistir a conciertos en vivo son muchos, también hay que tomar previsiones, pues nuestro cuerpo por lo general no está acostumbrado al estrés causado por las ondas de sonido. El volumen elevado y el exceso de decibeles podrían causar daños irreparables al oído si asistimos constantemente a shows y nos ubicamos cerca de los parlantes. En estos casos, lo mejor es darle tiempo a nuestros oídos a que se recupere, o comenzar a utilizar tapones para protegernos, pues podríamos terminar con un caso crónico de tinnitus, que causa un zumbido constante en los oídos, y que es una tortura para muchos. Pueden preguntarle a Brian Johnson de AC/DC.

Un bajo fuerte y constante durante un concierto también puede causar daños en los pulmones: recordemos que cada persona tiene una sensibilidad diferente, y al igual que una soprano puede romper una copa de cristal, un bajo fuerte puede hacer lo mismo con nuestros órganos internos: hay reportes de casos en los que algunos fanáticos han sufrido de neumotórax, una pequeña rotura en uno de los pulmones que permite que el aire escape en el espacio entre los pulmones y la pared torácica, causando el colapso del pulmón.

Beavis and Butthead. Imagen: MTV

Beavis and Butthead. Imagen: MTV

Finalmente, los fanáticos del metal deben tener precaución, pues su movimiento de cabeza favorito, el headbanging, puede causarles daños severos: hay ejemplos desde el caso del baterista de 15 años que sufrió un aneurisma en el cuello a principios de los 90 hasta el de 50 años que desarrolló un coágulo de sangre en su cerebro después de asistir a un concierto de Motörhead en el 2014. Además, no podemos olvidar al músico chileno Tom Araya de Slayer, quien tuvo tanto daño a largo plazo en su espalda debido al headbanging que requirió cirugía y tuvo que renunciar a batir la cabeza por completo. El movimiento se ha relacionado con accidentes cerebrovasculares, aneurismas, enfisema mediastinal, latigazos cervicales, y como si fuera poco, ha sido relacionado con la demencia temprana. Nos quedamos con esto:

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