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Juan Pablo tiene tres relaciones amorosas estables. Una con Cecilia desde hace 11 años, otra con Sebastián desde hace cinco años y otra con Juliana desde hace tres años. “¿Viven juntos?” pregunté diagramando el panorama en mi cabeza. “Convivo con Ceci y Sebas, que intimamos todos con todos. Y, además, salgo con Juliana”. Agrega que todos están conscientes de la situación y que permanecen abiertos a mantener relaciones amorosas con otros por fuera de ese círculo porque se definen como poliamorosos y practican el poliamor, que significa amar a más de una persona de forma simultánea y establecer relaciones amorosas, íntimas y duraderas con cada una de ellas, con el consentimiento de todos los involucrados.

“Lo descubrimos cuestionándonos sobre si la monogamia era algo natural, correcto o necesario. Y llegar a practicarlo fue un camino largo en el que nos fuimos sacando de encima la idea de que la exclusividad en las relaciones es algo esencial.”

Eso es lo que dice Juan Pablo. “Al principio sentía la necesidad de saber lo que hacía el otro, luego entendí que el otro tiene libertad. Ahora me pregunto si el otro está bien o está mal porque me preocupa la persona, no porque me interesa saber con quién está”.

El poliamor no está supeditado a cuestiones de orientación sexual, y en sus variaciones, una relación poli puede ir desde una convivencia de a tres, hasta dinámicas más complejas como un matrimonio grupal con parejas que existen por fuera de ese matrimonio. “¡Sólo son justificaciones al libertinaje y a la infidelidad!” grita alguien en los comentarios de un blog, cosa que para un poliamoroso está lejos de la verdad. Porque lo importante, más allá de cómo esté configurado el núcleo afectivo, es que implica amor, compromiso, honestidad cruda y sin tapujos por parte de todos. Si no existe eso, no es poliamor.

"Sí, soy poli. No, no quiero tener sexo contigo"

“Sí, soy poli. No, no quiero tener sexo contigo” Fotografía: Aaron Muszalski

“Me gusta tener una red de relaciones que me apoya, que me sostiene, y en dónde caer cuando el resto del mundo se pone difícil” son las palabras de Citizen en un foro, al refutar la idea de que ser poliamoroso es sólo tener muchas relaciones sexuales por fuera de la pareja, puesto que no lo es, por eso tampoco equivale al swinging o a las parejas abiertas.

Aunque muchos lo asocian a la constante búsqueda de individualidad y expresión de libertad perseguida por la controversial generación millennial, no es una idea nueva. En esencia, ha estado en el universo de las relaciones humanas desde inicios de la civilización, cuando se convivía en familias elegidas y en comunidades que compartían sus propiedades, ¡o todo! Lo nuevo es llamarlo poli o poliamor, término acuñado en los 90, cuando comienza a desarrollarse como un movimiento social a nivel global.  

La vuelta a las raíces poliamorosas que estamos experimentando ahora, en contraposición a la impuesta monogamia social, se ha hecho sentir desde mediados del siglo XX al venir de la mano de la revolución sexual de la década del 60 y del poderoso apogeo del feminismo. Hoy en día se dice que el poliamor se encuentra en una fase comparable al movimiento LGBT hace varias décadas, luchando por ser más visible en la sociedad, por ser aceptado como una opción de unión legítima y por tener los mismos derechos que las parejas monógamas.

En el 2015, en Brasil, se formalizaron los primeros registros legales de este tipo de unión, aunque se alega que “solo fueron posibles por una brecha en el Código Civil que no especifica si otros modelos de relaciones no constituyen una unión estable”. No es un triunfo colectivo, pero es un comienzo cuando hablamos de romper estructuras pre-establecidas.

Estas parejas se acercaron con la intención de “volver pública su relación; establecer derechos matrimoniales y poder pleitear una declaración del impuesto de renta conjunta, habilitar la creación de un plan de salud familiar e incluso la posibilidad de tener hijos juntos en el futuro”. Tal es el caso de los brasileños Leandro, Thais y Yasmín que acaparó a los medios de ese país.

Un grupo de poliamoros marcha en parade de Londres 2016

Un grupo de poliamoros marcha en la parade de Londres 2016. Fotografía: Katy Blackwood

Busqué la palabra poliamor en plataformas como Facebook, Instagram y Twitter y de inmediato proliferaron grupos y comunidades, en especial de España, México, Argentina y Brasil, destinados a compartir experiencias personales e íntimas sobre el tema. Por ser una opción minoritaria y poco conocida, muchos se abstienen de comunicar de forma abierta que lo practican, y las redes sociales y los blogs son el canvas perfecto para socializar las emociones y frustraciones asociadas a la experiencia poliamorosa.

Juan Pablo, quien participa de forma activa en la comunidad poli argentina, cuenta que tienen como objetivo que más personas conozcan que existe una alternativa a la monogamia y el interés de que las que ya saben que existe esta alternativa tengan más recursos para afrontarlo, desde material educativo a redes de contención y especialistas que puedan acompañar en el proceso.

Un punto a favor es que el reporte anual de Sparks & HoneyA-Z Culture Glossary of 2017: The Trends You Need to Know to be Relevant (A-Z Glosario de Cultura de 2017: Las tendencias que necesitas saber para ser relevante), uno de los más importantes en marcas y cultura, enlista al poliamor como una de las 100 tendencias culturales que darán forma al mundo y cambiarán el comportamiento del consumidor de cara al 2017, en este caso en la categoría de tendencias ideológicas.

En una época de gran incertidumbre acerca de las relaciones, no es extraño que nos cuestionemos nuevas alternativas de conexión como las no-monogámicas. Si bien el poliamor no encaja en el molde que estamos acostumbrados y todavía está siendo descubierto, lejos de ser solo una tendencia acaparada por el espectro mainstream, la comunidad poliamorosa es una que se está haciendo sentir y que está apostando de forma valiente a la creación de una sociedad más inclusiva.

“¿Por qué no le quitamos el ‘poli’ y dejamos el ‘amor’?” leí mientras hacía la investigación para esta nota. Una pregunta que da para pensar, y que no podía dejar de compartir.  

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