Hugh Hefner es un nombre que forma parte de la cultura pop de manera inequívoca; hablar de Hefner es hablar de revolución sexual, mujeres exuberantes, fiestas desenfrenadas y las bondades del Sildenafil – activo principal del Viagra. Pero al igual que Roma, el Imperio del César de las publicaciones para caballeros, está frente al ocaso de lo que en algún momento fueron mejores días, cuando era el pináculo aspiracional de millones de hombres alrededor del mundo.

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La pornografía altamente explícita ha sido el enemigo eterno de Playboy; si bien la publicación luchó por normalizar la presencia de desnudos femeninos en medios impresos, dio paso a ventanas como Hustler de Larry Flynt, que sustituían la clase y el glamour que identificaba al trabajo de Hugh, por meros exámenes ginecológicos sin contenido literario. Luego llegó el Internet, dándole continuas estocadas a la revista con su stock infinito de material triple X.

Las décadas pasaban y Playboy se mantenía con su cabeza en alto, indestructible, adaptándose al paso de los años y dándole al lector aquello que otros medios no podían ofrecer: un estilo de vida. Además, la revista continuaba valiéndose de sus dos grandes armas: buenos artículos y celebridades sin ropa. Gabriel García Márquez, Tennessee Williams y hasta Truman Capote adornaron las páginas del conejito, haciéndole compañía con sus textos a la desnudez de figuras como Marilyn Monroe, Madonna, Kim Basinger, Elle Macpherson, Kate Moss, Cindy Crawford y, por supuesto, Pamela Anderson.

Muchas razones pueden explicar el declive en las ventas de Playboy, lo que no se puede argumentar es el contraste en las cifras; la revista pasó de tocar picos de hasta 5,6 millones de ejemplares mensuales en 1975, a alcanzar apenas las 800.000 copias al mes en la actualidad. Esto sin contar la rebelión de las exnovias de Hef, en especial la de Holly Madison, quien fuera novia del magnate editorial por siete años y derrumbara el mito del personaje, resumiendo su época en la mansión como una “pesadilla” en su autobiografía. Dicha mansión está actualmente en venta por $200 millones.

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Scott Flanders, CEO de Playboy, asegura que tras una reunión entre Hefner (quien permanece activo como Editor en Jefe a sus 89 años) y uno de sus editores, se tomó la decisión conjunta de dejar a un lado los desnudos femeninos dentro de la versión impresa de la revista. Para Flanders, la pornografía en línea convirtió la “emoción” de ver mujeres desnudas en cosa del pasado, sumado a que, para él, la batalla que se luchó por normalizar el desnudo femenino, ya fue ganada.

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Muchos aseguran que la reinvención es lo que necesita Playboy; dejar el esquema del centerfold con la rubia universitaria mes tras mes y así atraer a los Ians Fleming y Margarets Atwood de esta generación, creando así un contenido que pueda “quitarle clics” a Vice, BuzzFeed y demás medios digitales que se apoderan actualmente de los lectores, sin necesidad de implantes ni peróxido. En resumen: más Pulitzers, menos CCs.

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