En Santiago hemos recibido a la población china desde hace varios años, tuvimos un boom de restaurantes en los noventa y luego de tratados internacionales, hemos podido acceder a un comercio fluido con este país en algunos barrios heterogéneos de la capital. Pero además del consumo, ¿hemos sido capaces de profundizar en su cultura? La llegada del año nuevo chino fue una instancia para conectarnos un poco más con este lejano e interesante oriente.

Fotografía por Dano Mozó

Templo budista “Fo Guang Shan”. Fotografía por Dano Mozó

Domingo 7 de febrero de 2016 en Talagante (a escasos 20 kilómetros de Santiago). Sensación térmica de unos 40 grados celsius, cero humedad en el ambiente, un paisaje rural con un camino de tierra y árboles y cuatro chinos que van caminando hacia la carretera protegiéndose del polvo que sueltan los automóviles. Esa es la imagen que me encuentro cuando voy llegando al Templo budista Fo Guang Shan, el lugar de los festejos de la llegada del nuevo año lunar.

El templo había preparado una celebración para los fieles a esta religión y todos los que quisiéramos ir a celebrar esta efeméride asiática. La sede se ubica en una parcela, y recibe hace 14 años a los practicantes del budismo, a cargo de las maestras Shi Miao Mu y Shi Miao Kuan, quienes enseñan la divulgación del dharma a través de actividades durante todo el año.

La ceremonia inicial fue el momento de reflexión y rito. Nos ubicamos en el gran salón donde se llevó a cabo una instancia de conversación sobre lo que fue el año de la oveja y como nos debemos preparar para la llegada del mono de fuego. Hay oraciones, mantras, peticiones y emociones en un acto que no se aleja de la solemnidad, pero que se vive con una empatía total. Se vivió un momento de paz tibetana que culminó con el acto más personal del día, recibir la bendición de la propia maestra. Ella explica en lo que consiste esta bendición (que a todo esto era el requisito para poder almorzar), y luego de hacer la fila recibes un sobre rojo con tu mensaje personal para este año 4.714, un amuleto para la fortuna, una bolsita de arroz para la abundancia, un ticket de comida para el almuerzo y un póster de bienvenida al año del mono.

En el exterior del salón se realizaban las demás actividades. Por un lado estaba el almuerzo vegetariano, donde podías canjear los tickets de la bendición u otros comprados anteriormente, por platos en base a verduras y tofu, en preparaciones cariñosas y abundantes realizadas por los habitantes del templo. Las filas eran largas y el sol era hostil, pero el ambiente de paciencia permitía pasar por alto esta inclemencia.

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Varios Budas recibiendo inciensos, esculturas de perritos, niños disfrazados, tienda de recuerdos, e incluso un sector de diagnóstico de salud de medicina ancestral formaban el contexto del momento de dispersión de la tarde, donde las familias pudieron compartir y realizar sus peticiones tanto a dioses como a doctores, mientras estaban a la espera de las actividades siguientes.

La programación de la tarde incluyó un variado espectáculo de demostraciones tanto de la tradición como de relleno familiar, en una gran tarima encabezada por autoridades. Comenzó la escuela de niños y adultos Nei Huo, quienes nos mostraron las habilidades de sus alumnos del tipo hung gar, que está basado en los cinco animales del Kung Fu, poniendo énfasis en el tigre y la grulla. Realizaron esquemas a mano vacía, luego con distintas armas, incorporando el sistema de respiración Chi Kung y finalizó con la esperada Danza de León. Probablemente esta última es la imagen que todos queremos ver de una celebración china, incluso cuando no hay dragones, y que además lleva nuestra cabeza a cerrar el círculo del mundo cuando se encuentran comparaciones entre nuestras fiestas andinas como La Tirana, Oruro y alrededores con las representaciones que utilizan en la antípoda. Un espectáculo que todos disfrutamos, admirando la resistencia física de los felinos y acrobáticos movimientos de cada par de bailarines, e incluso siendo partícipe cuando de dinero se trata: en un momento el león lanzó por su boca una lechuga hacia el público, y cuando la anfitriona explicó que esa lechuga prosperaba una buena fortuna económica, varios asistentes corrieron al escenario a recoger los restos que ahí quedaban, camino a la putrefacción.

El varieté continuó con una demostración de Tai Chi, de mano del par de expertos que se habían especializado en China, y nuevamente nos sorprendimos por como la resistencia física puede lograr una coreografía marcial. Ovacionados por el público e incluso causando catarsis en una profesora de esta arte de avanzada edad, se despidieron entre aplausos para dar paso a un show familiar, o más bien para el público pueril. Se trataba de la perrita Carrie, una Golden Retriever de 12 años, cuyo amo se jactaba de haber sido escogida el año 2010 como el animal más talentoso del orbe por Animal Planet, título que le había valido para viajar por el mundo realizando presentaciones, y en esta ocasión se presentaba ante la comunidad oriental para mostrar sus dotes escénicos. Luego de una larga introducción y ante la fascinación del público, bailó el evidente “Baile del Perrito”, con una falda colorinche, simulando ser una bípeda con pasos que podrían ser sacados de un tango. La instancia de felicidad general no admitía críticas, aunque los que estamos en contra de la explotación animal podemos marcar aquí un punto un poco disconforme con la celebración. Finalmente un show de blues en vivo a cargo del animador de apoyo y una bailarina amateur dieron el cierre a esta jornada familiar, coronando la programación con un espectáculo que nos retorna hacia el occidente.

Así es como llegó el mono de fuego a nuestra ciudad en vías de ser cosmopolita. Un año que se anuncia inquieto, y que nos invita a reflexionar sobre la tolerancia y el agradecimiento para poder sobrellevarlo. Los chinos saben de esto, y justamente esa es su invitación, desde una humilde celebración alejada de un Chinatown colorido y nevado, cuya imagen es la que soñamos ver.

 

* El correcto resultado para el proceso creativo se da mediante la sinergia entre normas y azar, donde lo primero otorga una estructura y lo segundo le da vida. En este caso, mi regla es utilizar siempre un objetivo de 50 mm (f1.4), y sus respectivas distancias y focos que este permite.

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