La movida del trap en España es una de las más fuertes cuando se trata de mezclar hip hop con beats sintetizados de música electrónica: gracias al empuje de las redes sociales y de YouTube, hoy en día conocemos a artistas como Dellafuente, Young BeefC Tangana, Chanel o Bad GyalSin embargo, uno de los MCs más veteranos de esta escena es Cecilio G, quien desde más o menos el 2012 anda soltando rimas por allí.

Aunque aún no tiene un disco como tal, es uno de los artistas más prolíficos en lo que a trap se refiere: incluso se dice que fue uno de los arquitectos que unió a los ex PXXR GVNG cuando Young Beef y Khaled llegaron a Barcelona. Sin embargo, el asunto terminó en beef no sólo musical sino hasta los golpes, y ahora son némesis. También ha trabajado con Agorazein, Pimp Flaco y Kinder Malo, y ahora ha hecho una que otra cosa con actos como El Coleta y Jarfaiter, con los que ha hecho giras por toda España.

A diferencia de sus colegas, quienes poco a poco han ido definiendo su oferta musical hasta volverse profesionales y llegarles al público que desean, el caso de Cecilio G es diferente: es conocido por su estilo un tanto errático y surrealista, que incluso podría llamarse mumblecore. Sus letras son un tanto inaccesibles y experimentales, y su discurso bastante anti-establishment, y tal vez un poco punk, pero 100% fuck you.

“He conocido a muchos subnormales que sólo quieren fama y dinero; cosas que yo no quiero. A mí me basta con tener para comer. Yo no soy un medio, ni una empresa, ni un cuerpo de más de uno: yo soy un artista y voy a hacer música hasta el día en que me muera”.

Con la cruz en la frente y el nihilismo en la lengua

Cecilio G nació en 1994 con el nombre de Juan Cecilia Ruiz, y según la leyenda que lo rodea, sus orígenes son más acomodados de lo que nos imaginamos: aunque hoy en día vive cubierto de tatuajes, con un cigarro en los labios y un espíritu de rebelde sin causa, dicen que su padre era médico, pero cuando falleció, Juan se fue a vivir a la calle.

Se pudo a dibujar, pintar, rapear y a meterse en problemas, a vivir esa vida al límite de la que canta. Incluso ha dicho en entrevistas que ha vendido drogas, vagado en las calles sin hogar, visitado la cárcel y en uno que otro psiquiátrico.

“Me han dao pastillas y gotas que me han dejao to zumbao… He sufrido alucinaciones… Me han diagnosticado de todo, esos asesinos de neuronas”.

Así que sus canciones vienen de esos lugares oscuros por los que ha transitado como fantasma y en carne viva, y prueba de ello es una cruz demente que se tatuó en la frente como una letra escarlata luego de su éxito Gucci Shanna (con sampleo de Elvis Crespo incluido), que podría clasificarse como un diss track dirigido a quien sea que le haya pasado por delante: C Tangana parece un cromo, Una etiqueta lacoste de mi polo.

El año pasado, desapareció por un par de meses, preocupando a sus fans mientras la prensa y sus detractores se imaginaban lo peor: al fin y al cabo, lo único que le falta pasar en la vida es una de esas trepanaciones para sacarse los demonios como Vanessa Ives. Sin embago, antes de que llegara la navidad volvió como un hijo pródigo, pero también como un San Nicolás renovado: estrenó un nuevo mixtape llamado Caries Hoe Xmas 3, así como una serie de nuevos tracks en los que colabora con gente como Lil Moss, Pimp Flaco y Kinder Malo. Hierba mala nunca muere.

Aún no se sabe qué tenga planeado para el 2018, pero ya estamos prevenidos: Cecilio G está en nuestro radar, armado y peligroso.

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