En los últimos años, el uso recreativo de drogas entre los jóvenes millenials ha aumentado progresivamente, lo cual no es un secreto para nadie: el weed es consumido de manera habitual en todas partes, así como sustancias como el MDMA y el LSD, que incluso en estos días se usa en microdosis para mejorar la productividad laboral. Además, sabemos que la crisis de opioides en países como los Estados Unidos se está convirtiendo en un problema de salud pública, y todos estamos conscientes de que la cultura de los xannies ha penetrado desde el hip hop hasta la cultura pop por un sencillo motivo: demasiada gente consume xanax como caramelos.

¿Por qué tanto escapismo narcótico y alucinógeno? Buena pregunta. Lo más probable es que sea una consecuencia del hecho de que crecimos en una cultura en la que nuestros padres predicaban ad nauseum la idea de que no consumiéramos drogas hasta el punto en que se convirtió en un mantra que incluso llegó al sistema escolar. Hasta nuestras maestras nos decían los efectos del uso de las drogas a largo plazo y sus consecuencias para la salud; y si bien no era algo completamente negativo, seamos sinceros: era algo hipócrita.

Después de todo, fue en los años setenta y ochenta cuando las nubes de cocaína llenaban los rincones de cualquier fiesta que se respetara, y quienes nunca se empolvaron la nariz al menos sabían que un hit de peyote se siente increíble en las circunstancias adecuadas, gracias a todos aquellos que sobrevivieron al movimiento de contracultura. Así, tenemos millenials que se drogan y consumen alcohol como si Trump fuese a bombardear a Corea del Norte mañana: al fin y al cabo, un par de voladas no le hacen daño a nadie, ¿verdad?

Mientras tanto, desde el otro lado de la fiesta, los adolescentes de la generación z beben una gaseosa virgen y rechazando por quinta vez una estampilla de ácido.

Hiperconectados y aislados

The End of the F***ing World. Fotografía: Netflix

The End of the F***ing World. Fotografía: Netflix

A los adolescentes de hoy en día no parece importarles mucho beber hasta emborracharse, salir a citas… o salir a muchos lugares: de acuerdo con un estudio realizado a finales del año pasado por los psicólogos Jean Twenge y Heejung Park, en su mayoría prefieren quedarse en casa, evitar las drogas y el alcohol, y simplemente pasar el tiempo revisando aplicaciones de redes sociales.

El estudio, publicado en la revista Child Development, analizó las respuestas de una encuesta de 8,3 millones entre los años 1976 y 2016, así que hay una muestra importante, y de forma abrumadora, se descubrió que los adolescentes de hoy son menos propensos a manejar, trabajar por dinero, ir a citas, tener relaciones sexuales o salir sin sus padres.

Los psicólogos atribuyeron los hallazgos a un cambio radical en la forma en que la sociedad ha cambiado: hoy en día, los niños y adolescenes están hiperconectados, crecen menos rebeldes y son más tolerantes, pero mucho menos felices, y con una preparación casi nula para ser adultos. En estos días, parece haber una menor necesidad de que los adolescentes modernos se hagan adultos, así que un joven de 18 años se parece más a un adolescente de 15 años de los años 70 o de los 80.

Claro está, siempre hay excepciones a la regla y claro está que siempre es posible conseguirse a un adolescente promedio, cachondo y amante del cannabis que esté listo para beberse 5 botellas de tequila y lanzarse a la piscina sin pantalones. Pero aunque las adicciones de los millenials y la generación z no se parezcan mucho, lamentablemente hay algo que todos comparten: una salud mental que está vuelta mierda.

El nirvana en un porro de weed

Miley Cyrus. Imagen: Instagram

Miley Cyrus. Imagen: Instagram

Una de las características más inquietantes de la generación z, es una tasa de suicidio tan alta que está alarmando a psiquiatras y psicólogos alrededor del mundo. El bullying, la busca de perfección en las redes sociales y la inhabilidad de manejar problemas que ponen a muchos adolescentes y adultos jóvenes en el ojo del huracán y las polémicas de su grupo de amigos o de su comunidad (muchas veces digital), hace que muchos terminen buscando una solución permanente para problemas temporales.

Los adolescentes y adultos jóvenes se sienten aislados, y al mismo tiempo, atados a sus dispositivos móviles. Pero deshacerse de los teléfonos inteligentes no es la solución para este creciente problema de salud mental: es buscar maneras de hacerlos más independientes y de involucrarse socialmente para que puedan crearse herramientas para afrontar el mundo real, y por qué no, tal vez ver a sus amigos frente a frente en vez de una pantalla digital con poses y filtros.

Aunque seas propenso a la misantropía, al parecer relacionarte con otros es lo mejor que puedes hacer para evitar que esa depresión adolescente reaparezca en la edad adulta, y además, las habilidades sociales se vuelven más difíciles de desarrollar a medida que envejecemos. Así que lo mejor sea quizás que millenials y adolescentes de la generación z se reúnan para aprender a manejar sus excesos, y quizás compartir un poco de weed que los ayude a encontrar un poco de chill: ambos se beneficiarían inmensamente.

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