El pasado 11 de agosto, Nicolás, un alumno de tercero medio del Lycée Antoine de Saint-Exupéry, el colegio Alianza Francesa de Vitacura, Chile fue al baño a fumar un poco de marihuana. Para su desgracia, fue descubierto por las autoridades del plantel.

Fue denunciado ante Carabineros, quienes llegaron al colegio a buscarlo. Salió caminando acompañado de un inspector, y algunos pasos más atrás que los policías, quienes lo llevaron a la comisaría. Días después, Nicolás terminó en el “Consejo de Disciplina” de la institución, en donde autoridades, apoderados y estudiantes decidieron suspenderlo por un período de 9 días, con apoyo psicológico externo.

El jueves 31 de agosto, el primer día de su sanción, Nicolás se suicidó.

¿Causalidad?

 Lycée Antoine de Saint-Exupéry. Fotografía: AEFE

Lycée Antoine de Saint-Exupéry. Fotografía: AEFE

Aunque parezca obvio a primera vista que el menor de edad no pudo manejar de manera adecuada la sanción de la institución, el ser acusado públicamente y hasta haber sido llevado por la policía delante de sus compañeros, no es posible establecer una correlación entre las acciones del colegio, pues se actuó bajo la ley, tal como lo explica el psicólogo Pablo Egenau, quien explica que ante la más mínima evidencia de porte o consumo, las autoridades escolares deben llamar a Carabineros y la Fiscalía, a riesgo de ser ellos mismos detenidos.

Sin embargo, también dice que muchas autoridades educativas deciden utilizar criterios distintos, sin judicializar las acciones del alumno, pues denunciarlo ante las autoridades es algo absolutamente extremo y dogmático, que incluso puede ser considerado irracional, cuando se cuenta con otras opciones. Y, lamentablemente, es una muestra de la creencia de que el problema de las drogas sólo puede resolverse dentro del dominio de lo penal.

Para Egenau, lo mejor en estos casos es utilizar una estrategia más cercana y de diálogo, en donde la salud física y emocional del alumno sean la prioridad en vez del castigo impuesto por “una ley que fue construida con una mirada absolutamente desajustada de la realidad de los niños y jóvenes”.

Un peu tard

Esta tarde se supo que la Superintendencia de Educación había abierto una investigación del caso, aunque es posible que el resultado sea lo que ya sabemos: que se cumplió con la letra de la ley, y nadie sabe por qué Nicolás tomó la decisión de quitarse la vida. Luego del suceso, La Corporación Educacional Alianza Francesa de Santiago habló de los hechos a través de un comunicado de prensa, en donde explicaban que la comunidad escolar estaba profundamente conmovida con lo ocurrido.

“No queremos que a raíz de su partida se generen rumores infundados ni tampoco que se expongan aspectos privados, por respeto al inmenso dolor que compartimos con su familia y amigos. Como comunidad sentimos la enorme pérdida por su partida, hubiéramos querido poder anticiparnos a la situación límite a la que llegó. Acompañamos y contuvimos con las herramientas que teníamos a mano y su partida nos ha dejado devastados”.

Bonita nota de prensa, ¿no? El colegio también hizo un acto en conmemoración de Nicolás el pasado lunes. Hicieron un “círculo de hermandad” con sus compañeros, que llevaron consigo globos de color blanco que soltaron al cielo en honor a la partida del joven. Todo muy estético, lindo, bien encuadrado y con filtros para poner las mejores fotos en Twitter:

Mejor que esta demostración pública de luto, hubiese sido una muestra privada de humanidad. Hubiese sido mejor sentar a Nicolás, darle una mano amiga, llamar a sus padres y ofrecerle apoyo. Decirle que la ley dice una cosa, pero que él importaba más que eso. Dejarlo hablar de sus problemas, de sus sueños. Quizás mencionar que todos alguna vez fumamos un porro a escondidas, aunque cuando se es un adulto en una posición de poder, a veces hay amnesia selectiva.

Quizás, mejor que decenas de globos hubiese sido un poco de tacto. Que Nicolás supiera que más que un alumno más y que un número, era un ser humano, y no un material de desecho o un criminal adolescente que hay que castigar llamando a la policía y sacarlo del colegio como si fuese la manzana podrida de la comunidad. Los padres de Nicolás no hacen nada con hermosas fotos ni homenajes. Su hijo está muerto, y aunque no hay causalidad oficial, todos sabemos que fue por fumar un maldito e inofensivo porro de marihuana.

Tras esta polémica, los colegios élite en Chile tienen un desafío por delante: lograr climas escolares de alto estándar en bienestar, y dejar de preocuparse un poco por los costos de la matrícula y el rendimiento académico. La experiencia escolar de los niños y adolescentes debe ser completa, tomando en cuenta el bienestar emocional de los alumnos. En una institución high profile, la enseñanza y un ambiente placentero y seguro para los jóvenes deben ir de la mano.

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