Cuando le quitamos el halo tropical y el brillo familiar que tanto atrae a los turistas, la ciudad de Miami se convierte en un espejismo surrealista, libertino y alcohólico, históricamente salpicado de cocaína en donde el Art Deco, el lujo y los músculos son los atractivos principales para aquellos que tienen los bolsillos llenos de dinero. En su serie más reciente, el fotógrafo francés Maxime Ballesteros se embarcó en un extraño viaje a través de fiestas salvajes en esta ciudad llena de excesos.

De las plácidas y arquitectónicas costas francesas a las playas con tequila y bling del sur de la Florida, Ballesteros (de quien les hablamos meses atrás por su visión llena de stilettos y fetiches) hizo el viaje a la costa este de los Estados Unidos por vez primera hace un par de meses atrás, antes de que la temporada de huracanes fuera una preocupación. Nacido en Lyon y basado en Berlín, el fotógrafo tiene como clientes a marcas como Louis Vuitton, Style y Nowness, y en esta serie le da rienda suelta a su estilo fotográfico provocativo en una de las metrópolis que representan de mejor manera su hedonismo artístico lleno de delirios visuales.

“Miami se ve gigantesco. Vagué por el medio de South Beach, cruzando Wynwood Bay y por el centro de la ciudad. Los autobuses y las aceras parecían vacíos en las noches, mientras las calles estaban llenas de camionetas en pleno rush y Lamborghinis en cámara lenta”.

En las imágenes de Ballesteros, como de costumbre, las postales de la vida nocturna se llevan a cabo a puerta cerrada dentro de hoteles de lujo y clubes. En estos encuadres, el francés no busca a celebridades o a millonarios en tares, sino capturar a los momentos más descontrolados de modelos, socialites y otras criaturas nocturnas que dejan sus inhibiciones de un lado mientras el flash los encuentra en un rincón.

Desde fiestas de etiqueta hasta lo que se vive antes de la última ronda en los bares, Ballesteros nos lleva por la fauna de la noche de Miami: paseamos en autobuses psicodélicos, cenamos entre stilettos, paseamos por cabañas playeras y hasta terminamos salpicados de alguna droga que mantiene vivo el insomnio y nos lleva a la cama con una sonrisa, entre el calor de los primeros rayos de sol y los recuerdos de la compañía anónima de una noche inolvidable.

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

Miami. Fotografía: Maxime Ballesteros

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