En Independence, un suburbio de Kansas City, Missouri, el padre del artista norteamericano Matt Bollinger tenía una tienda en la que vendía repuestos de automóviles. Allí comienza la historia de este pintor. Cuando el negocio de la familia no pudo continuar debido a la competencia de grandes cadenas, su padre movió todo lo que había de la tienda al garaje de la casa, que para Matt tomó una dimensión mítica son sus objetos, formas y colores variados.

La obra de Bollinger se caracteriza por tener un acercamiento cinematográfico a las escenas que pinta: sus cuadros cuentan historias que quedaron suspendidas en el tiempo. Las pinturas nos dan ciertas pistas de que lo que vemos es una sencilla pausa en una narración cotidiana mucho más grande, una que lo lleva de vuelta al día a día de la vida familiar, cuyos retazos están llenos de color, expresión y sentimiento sin importar cuán sencilla sea su apariencia en la superficie, pues todo está en los detalles: desde los dorsos de los libros hasta los dobleces de una lata de cerveza aplastada, Matt convierte sus piezas en recuerdos vivos sobre el lienzo.

Matt Bollinger

Por Matt Bollinger.

Matt Bollinger

Por Matt Bollinger.

Matt Bollinger

Por Matt Bollinger.

Matt Bollinger

Por Matt Bollinger.

Matt Bollinger

Por Matt Bollinger.

Matt Bollinger

Por Matt Bollinger.

Matt Bollinger

Por Matt Bollinger.

Matt Bollinger

Por Matt Bollinger.

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