Para Maria Toorpakai Wazir, los problemas comenzaron cuando tenía apenas cuatro años de edad, y le dijo a sus padres que antes de jugar con muñecas y quedarse en casa, prefería salir a la calle a jugar con los niños. Al principio se rieron de lla y lo dejaron pasar como una fase, hasta que un día, Maria quemó todos sus vestidos. Desde ese momento, comenzaron a tomarla en serio: su padre la llevó a cortarse el cabello como un niño, y comenzaron a vestirla como un jovencito más. La llamaban Genghis Khan, como el líder guerrero Mongol.

Aunque su padre era considerado como un jefe tribal en Pakistán, el resto de la familia pensaba que estaba loco por su idea de criar a una niña como si fuese niño, enseñándola a levantar pesas, a pelear con el resto de sus amigos y a que creciera como quisiera. Cuando Maria descubrió el deporte del squash, sabía que había encontrado la pasión de su vida: podría descargar sus frustraciones y su agresión con una pelota, una raqueta y una pared.

Pese a que era vista como un ser humano extraño al vestir ropas de hombre y practicar un deporte masculino, continuó entrenado. La insultaban, le hacían bullying, y a los 16 años se convirtió en una campeona de su país, incluso siendo homenajeada por el presidente. Pero al ser una joven poco común, sin velo y con una hermana que luchaba por los derechos humanos, su vida estaba en riesgo bajo el régimen talibán. Pasó tres años sin poder salir de su casa, entrenando en la pared de su cuarto y enviando correos a todos los entrenadores internacionales a los que pudo.

Maria Toorpakai Wazir

Maria Toorpakai Wazir recibiendo un premio de squash durante su adolescencia, vestida de hombre. Imagen: The Star

Un día, un entrenador canadiense respondió, invitándola a su academia en Toronto, en donde Maria ahora reside, explorando una identidad no binaria y escapando de las garras del régimen talibán, aunque un par de veces al año va a visitar a su familia… vestida de hombre.

“Sé que mientras más éxito alcance, más riesgos tendré. Pero soy de la tribu Wazir y nunca nos rendimos… mi fe es muy fuerte, y sé que que si la muerte llega, ya sea en el camino, en mi cama o con los talibanes, sé que al menos pude hacer lo que más me gustaba”.

La historia de la vida de Maria y su familia está reflejada en el documental Girl Unbound, dirigido por Erin Heidenreich, y que forma parte del Human Rights Watch Film Festival, y que demuestra que a veces para vencer la adversidad, debemos cambiar nuestra apariencia para engañar al enemigo. Veamos el trailer de la cinta a continuación:

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