Una vez más, durante ese pequeño oasis de calor en pleno invierno que algunos llaman el veranito de San Juan, nos reunimos los que llevamos el orgullo arco iris en el corazón para lanzar un nuevo grito de manifestación ante las desigualdades que nuestra cruel sociedad no ha podido desterrar.

La marcha del orgullo gay de Santiago, este año llamada por el “orgullo de ser tú mismo” se desarrolló el sábado pasado, con cerca de cien mil concurrentes disfrazados, dragueados, normados y brandeados con un escaso (por no decir vago) recuerdo de los disturbios del Stonewall Inn de New York en 1969, el hito histórico que dio inicio a este tipo de manifestaciones, momento en que se visibilizó la precariedad de un sector de la población. Cada asistente podía tener sus minutos de libertad para vociferar el mensaje de tolerancia que promueve, el de odio que le provoca algún grupo en particular, o simplemente pasar una buena tarde con amigos entre cervezas a mil pesos mientras caminaba frente a la fuerza policial y los edificios históricos del centro de la ciudad.

Fotografía por Dano Mozó

Hace varios años que esta manifestación no se define como algo exclusivamente gay, porque ya quedó claro que cuando se quiere promover la tolerancia, lo contraproducente es autosegregarse. El fin de esto es inclusivo, porque si se logra avanzar en temas de identidad de género, de discriminación e igualdad de derechos, se deja pavimentado el camino para otros tópicos que son igual de urgentes como el racismo y la segmentación social.

Sin embargo, esta colorida manifestación es como el clima que nos tocó: un corto día soleado en pleno invierno, una linda ilusión. La empatía durante esa tarde es total, pero ¿qué pasa durante el resto del año en que si llegas a salir con la misma ropa con la que manifestaste corres peligro de que te maten?

Los crímenes de odio siguen existiendo. La población LGBT+ es todavía un grupo vulnerable, propenso a recibir ataques por parte de grupos que superan la barrera de la intolerancia, y lo que es peor aún, está obligado a regirse por códigos sociales y legales heteronormados que finalmente lo único que consiguen es crear ciudadanos de segunda categoría, porque aún no se entiende que no es lo mismo estandarizar que uniformar.

En este sentido, la reflexión va por el sentido final de manifestaciones como la que vivimos el sábado pasado. Ya gritamos, como lo hacemos todos los años en esta fecha.

¿Y ahora qué? ¿Cómo lograr que la “normalidad” considere lo que ha sido anormal o extraño?

La respuesta es simple: educación, inclusión y ejemplo. Y son varios entes de poder los que pueden dar un ejemplo. A lo mejor el gerente general de una empresa podría ser gay y demostrar que el despreciado patriarcado puede pertenecer a más que una casta. O una ministra podría ser lesbiana y demostrar que lo que se necesita para llevar a cabo un proyecto de país son las habilidades intelectuales/sociales y no sexuales.

O un profesor pudiera ser transexual y los niños podrían entender al fin que es más importante la interesantísima experiencia de vida que debe tener esa persona para enseñar que el ridículo morbo generalizado por sus gustos sexuales. O incluso los carabineros podrían tener un grupo que esté acompañando a la marcha desde adentro como funcionarios apoyados por la institución y no resguardando armados un acotado límite bajo una orden estricta de un superior.

Fotografía por Dano Mozó

¿Cómo podemos hacer para que los grandes medios de consumo sean los que puedan contribuir en este mensaje?

Al día siguiente de la marcha, Chile disputó la final de la Copa Confederaciones y al mismo tiempo tuvo las elecciones primarias para elegir al próximo Presidente. A lo mejor si se lograra que alguien tan masivamente influyente como Alexis Sánchez promoviera un discurso de tolerancia y defendiera los derechos de las minorías vulnerables, no hubiese resultado como el gran vencedor de las elecciones el único candidato que dentro de su programa de gobierno no tiene ninguna consideración con esta comunidad.

Así de corto fue el día de calor.

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

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