A raíz del lanzamiento de Hiperrealidad, el nuevo disco de MKRNI, conversamos con Marcelo ‘Miopec’ Peña. Marcelo perteneció a una de las bandas más inquietas de los 90’s y principios de los 00’s en Chile: Tobías Alcayota. Formó parte del trío Van junto a Andrea Ducci y Juan de Dios ‘Barraco’ Parra antes de formar MKRNI junto a Sebastián Román —de Roman & Castro — y Elisita Punto.

“Estuvimos todo el 2016 trabajando en el disco”, nos cuenta Marcelo. “De repente cuando alguno tiene una idea bacán, la trabajamos juntos. Pero generalmente hacemos alguna base o algo sobre lo que trabajamos todos juntos, así empezamos”.

¿Seguirán en la senda sonora del disco anterior?

Seguimos en la línea del disco anterior, escribiendo canciones más bien amables. Imaginamos estar en escenarios grandes, en festivales, con los bajos gigantes… no como Skrillex, pero el fin es lograr que la gente se congregue, no en el plan de techno duro. Cuando estábamos haciendo el disco, yo me paseaba entre los discos de Drake y los Chromatics.

Igual MKRNI suena un poco como Chromatics, ahora que lo comentas.

Es electrónica suave, bailable pero suave. Creo que más que estilo, buscamos un poco de carne, la sensualidad. Y la nostalgia. Estoy súper orgulloso del sonido, más sofisticado.

¿Estás contento?

La verdad es que sí. He pasado muchos procesos musicales en mi vida. Y he pasado por tantos que extraño algunos. El proceso con Tobías Alcayota, en la época del disco Omi por ejemplo, donde hacíamos música con palitos y ocarina, con un nivel de sensibilidad muy bacán. También estoy muy feliz que cada vez estoy produciendo mejor, mezclando mejor.

Leyendo sobre MKRNI me enteré que fueron al SWSX.

Hemos ido tres veces. Creo que fuimos de los primeros chilenos en ir, en el 2010. Fuimos el 2009 a Nueva York y conocimos a una chica que se encargó de nuestro booking y nos habló de la oportunidad de poder tocar en SXSW en una galería que se llama Okay Mountain, en el lado más alternativo. Es como si el perímetro de Bellavista y Parque Bustamante se convirtiera en un festival con música y arte en cada uno de los lugares disponibles. Aunque también habían tocatas fantasmas: fuimos a ver una que era no sé, a las 20 horas en un puente. Esperamos 20 minutos y recién empieza a llegar la gente; instalan amplificadores a pilas y la batería y empiezan a tocar. Super punk, algo que se ha perdido un poco aquí. Y un público súper respetuoso, que por ejemplo respeta mucho el silencio.

 

¿Y qué escuchaste allá que te haya impresionado?

Me encantaron los Golden Triangles. Todo está muy reciclado actualmente: todo viene del disco y la analogía. Yo creo que volveremos a los ritmos más básicos, con percusiones y voz: como el funk carioca. Pero la música que más me acomoda actualmente, es música peruana. Como esa música que ponen cuando vas a Cusco. Llevo unos años viviendo en el campo, voy y vuelvo. Pero desde el 2005 que estoy allá, es un lugar maravilloso. Me gusta Santiago, pero me gusta más estar allá. A veces pienso que podría irme a estudiar alguna cosa y nunca lo he proyectado así, definitivamente prefiero el viaje corto. Me gusta el campo, me gusta mi clan, ser el guardián.

Estás entusiasmado con alguna propuesta artística actual?

Me gusta mucho la canción de Nicko Altain con Shelo Aloloko (tarareando). También me gustan K$wad. Son un colectivo de trap de Antofagasta. Hay una banda que produje que se llama Las Tres Marías, son tres hombres. Es folk rock: guitarra de palo, eléctrica y un vocalista bien desenfrenado (risas).

Eres de la generación que cayó en cuenta que también se podía hacer música usando un computador. Ahora, las generaciones que nos siguen, son nativos digitales. Hoy en día, cualquiera con un computador puede hacer música. Qué piensas sobre eso?

Es bacán. Cada mente tiene sus formas de hacer música y las herramientas están. Es bueno también que la gente después se sumerja en el mundo musical, conozca los pedales, los efectos. No puedo hablar por todos, pero en general siento que todo es menos sónico y a veces extraño estos proyectos de música más experimentales. He visto músicas muy ricas que consisten sólo en un instrumento y alguien que canta, no desde las máquinas ni desde la producción, con tanta elaboración.

Como Juan Gabriel, por ejemplo.

Es super orgánico. Viene desde el mensaje que quiere entregar, no desde un beat. Entonces, el boom y todo eso, no me llama tanto. Yo me crié viendo a los Supersordo, casi que dan ganas que lleguen los milicos a sacarnos a todos. Pero hace rato que no veo amplificadores. No se puede meter ruido en ningún lado, yo creo que esa es una de las represiones más grandes que hemos heredado.

Sin ir más lejos, el arte callejero no es legal en Chile.

Así es como matamos la cultura. Y perdemos nuestra identidad. De ahí viene Miopec, mi apodo. De la miopía, la incapacidad de ver de cerca. Una polola que tuve, hace muchos años, me invitó a una charla que había en TVN, querían que la gente mandara cuentos de cómo la gente ve su barrio, la identidad de la gente. Mientras que el plan urbano de Santiago, por ejemplo, era echar abajo toda la ciudad para construir edificios. Nos borraron. Y en Chile estamos siempre reconstruyéndonos, una y otra vez.

Hace poco salió una encuesta donde el 67% de los chilenos, estaría de acuerdo con la postura mapuche de recuperar sus tierras. Igual uno puede hacer el paralelo con la cultura, todo el mundo quiere que suceda algo pero no sucede.

Porque no hay voluntad. Y nosotros hablamos de esto, somos conscientes, pero no podemos hacer nada. El poder no lo tenemos nosotros y el interés está en otro lado. Por ejemplo, acá en Santiago no estamos impregnados de las fiestas autóctonas. El mismo pueblo mapuche está super aplastado. La minería está destruyendo la naturaleza, abusando de ella y contaminándola. Tenemos poco respeto por todo.

Hiperrealidad, el nuevo disco de MKRNI, está disponible a partir del 24 de marzo en todas las plataformas digitales a través de Pirotecnia Records. Escúchalo a continuación:

Despues de leer, ¿qué te pareció?