Para nadie es un secreto que vivimos en un momento culturalmente relevante para el feminismo, ya que desde el destape del caso Harvey Weinstein hemos visto poco a poco como una serie de figuras masculinas en el poder han tenido por fin que enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Así que tiene sentido que el foco esté sobre directores como Woody Allen, quien desde hace décadas ha sido — repetidamente — nombrado como uno de los depredadores más poderosos de la industria del cine.

Esta semana, el diario The Washington Post publicó un artículo sobre el escritor Richard Morgan, quien relató su profunda inmersión en el archivo personal de Woody Allen localizado en la Universidad de Princeton, que se remonta a 1980 y llena aproximadamente 56 cajas (!!) de material. Morgan describe el archivo como un “jardín de lados B”, repleto con casi cuatro décadas de historias y notas de Allen, a quien describe como alguien con una “obsesión vívida con mujeres jóvenes y adolescentes”:

“Examinar todas las cajas fue enfrentarse a una obsesión insistente y vívida con mujeres, adolescentes y niñas jóvenes. Hay historias de jóvenes de 17 años que encantan a sus vecinos de 53 años y revisiones de cuentos que transforman a una protagonista de 21 años en dos de 18, conocido como el ‘truco de magia de Hollywood'”.

Un detalle particularmente revelador que Morgan nota en el artículo es que al margen de una historia sobre un hombre de 45 años obsesionado con estudiantes del City College de Nueva York, Allen habría escrito (y luego tachado) al lado del diálogo del protagonista las palabras “c’est moi”, o “soy yo” en francés. Sí, Woody, eso está claro.

Durante los últimos meses, los efectos del movimiento #MeToo han provocado nuevos cuestionamientos acerca de Allen, quien ha disfrutado de una larga y fructífera carrera en Hollywood incluso después de casarse con su hijastra, Soon-Yi Previn, con quien comenzó una relación cuando esta tenía apenas 21 años.

En el año 2014, Dylan Farrow — la hija de Allen con la actriz Mia Farrowpublicó una carta abierta en el diario The New York Times acusando a su padre de abusar sexualmente de ella cuando tenía 7 años, negadas por el director. Ya estamos en el 2018, y aunque nadie debería necesitar más pruebas de lo creepy que es Allen, parece que hay 56 cajas en Princeton que demuestran lo contrario.

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