Sin temor a exagerar, podríamos decir que hoy en día Paraguay es uno de los países más religiosos y conservadores en toda América Latina: de hecho, la separación entre poderes prácticamente no existe, pues la Iglesia Católica forma parte de las decisiones políticas del país. Por eso no es extraño ver no solo a Obispos llamando a la población a rechazar “las ideologías de género, el matrimonio gay y el aborto”, sino a adolescentes de 14 años y violadas muriendo cuando son obligadas a dar a luz. Todo en el marco del “respeto a la vida”, claro. Siempre y cuando se viva como la religión lo dicte.

Sin embargo, al igual que muchos otros países de nuestro continente, hay una corriente de resistencia, una que defiende a la comunidad LGBT+, a los derechos reproductivos de las mujeres, e incluso claman por el derecho de las presidiarias lesbianas a recibir visitas conyugales: algo por lo cual el estado colombiano tuvo que pedir disculpas gracias al caso de Martha Álvarez, quien hizo una denuncia a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por discriminación. Hay historias de amor escondidas y que pasan por debajo de la mesa, aunque el sector conservador se santigüe y lo niegue con un rosario en la mano.

Una de esas muchas historias fue lo que dio pie a la película Las Herederas, del director Marcelo Martinessi, quien deja atrás la influencia y la presencia masculina del patriarcado para darle voz a las mujeres que incluso después de los 60 años, tienen derecho a liberarse sexualmente aunque la sociedad quiera olvidarse de que existen.

Sexualidad e identidad

El filme muestra la vida cotidiana de Chela (Ana Brun) y Chiquita (Margarita Irún), una pareja de mujeres que pasan los 60 años, y quienes viven en un suburbio de clase alta en asunción, pero con problemas económicos que las obligan a vender sus herencias familiares, muebles, cuadros para poder sobrevivir, aunque sus vecinos y amigos no saben por lo que están pasando.

Sin embargo, un día Chiquita es demandada por un banco y es encarcelada por fraude, dejando a Chela absolutamente sola, pero quien encuentra en su viejo automóvil Mercedes una manera de ganarse la vida, sirviendo de transporte a sus vecinas jugadoras de póker.

Así va abriéndose al mundo, y termina conociendo a Angy (Ana Ivanova), una mujer que la hace confrontarse su sexualidad y a la posibilidad de liberarse de sus propias ataduras para de una vez ante todos ser la persona que siempre ha sido.

La cinta causó furor en la Berlinale de este año: ganó dos Osos de Plata y el premio de la crítica internacional, por delante de cineastas de de la talla de Wes Anderson y Steven Soderbergh, así que era de esperarse que al llegar a su país fueran recibidos como rock stars, entre aplausos, vítores y espaldarazos ante esta hazaña que puso a Paraguay en el mapa. Pero como siempre hay un pero, todo fue perfecto hasta que llegaron al Congreso de su país para ser reconocidos por el logro.

Prejuicio Colorado

Los legisladores del Partido Colorado (el oficialista y más conservador del país) los esperaban con caras largas, y muy pocos se quedaron a aplaudir al director Marcelo Martinessi, el productor Sebastián Peña Escobar y al elenco de actrices conformado por Ana Brun, Margarita Irún y Ana Ivanova. Lo cual hubiese estado bien, si la senadora del Partido Liberal y opositor, Zulma Gómez, no hubiese lanzado esta frase a todo pulmón:

“¡Atentan contra la familia estas lesbianas partidas!”

Fue la primera de una letanía de frases homófobas que soltó antes de irse, sintiéndose valiente y con la razón. Vale destacar que hasta ese momento, la película no había sido estrenada en Paraguay, pero los medios habían revelado que se trataba de una pareja homosexual. Era suficiente para juzgarlas. El director solo dijo que esperaba que la senadora parara su boleto para ver el filme antes de calificarlo, “porque lo que dijo la retrata a ella más que a nosotros”.

Activistas en la premiere de "Las Herederas" en Paragyuay. Fotografía: Santi Carneri

Activistas en la premiere de “Las Herederas” en Paragyuay. Fotografía: Santi Carneri

La premiere de Las Herederas, realizada esta semana, tuvo una alfombra violeta en vez de roja, y además de recibir los honores de un estreno casi hollywoodense entre champaña, música, flashes y elegantes outfits, tuvo como invitados a artistas y activistas, que debieron codearse con periodistas, diplomáticos, políticos y personajes de la cultura paraguaya. Ministros ignoraron a las activistas que llegaron con carteles de protesta por el derecho de las lesbianas encarceladas a tener visitas conyugales. Como si no existieran.

Ana Brun, en el papel de Chela, es una abogada en la vida real que nunca había actuado en una película: cuando habló ante los periodistas de la Berlinale, rompió a llorar al recordar que vivió su propia vida en su personaje. Es claro que Las Herederas le ha puesto un espejo por delante a una sociedad paraguaya hipócrita y clasista; la que odia y maldice mientras del otro lado, desde la aparente oscuridad, nace el descubrimiento, el deseo y la solidaridad, pero sobre todo la resistencia y la convicción de saber que las mujeres fueron,son y seguirán siendo el motor de cambio de la sociedad que esperan tener.

Despues de leer, ¿qué te pareció?