Para nadie es un secreto que en estos días, la casa de modas italiana Gucci se encuentra actualmente en pleno renacimiento: en manos de su director creativo Alessandro Michelela marca ha vuelto a la popularidad gracias a campañas creativas, diseños coloridos y un acercamiento al público millenial, al que quieren convertir en su clientela de legado por las próximas décadas.

Sin embargo, la historia de Gucci no siempre ha sido color de rosa. Todo comenzó luego de que su fundador y patriarca Guccio Gucci (por eso las GG del logo) comenzara la empresa en Florencia en los primeros días del siglo 20 después de haber trabajado como botones en el Hotel Savoy en Londres y descubrir el papel que jugaban el equipaje y las carteras como símbolo de estatus para los adinerados y las élites: aprendió el oficio de fabricación de cueros y lanzó su línea de maletas y bolsos de lujo.

La Familia Gucci en los 70. Fotografía: Elle

La Familia Gucci en los 70. Fotografía: Elle

El resto, por supuesto, es historia. En muy poco tiempo, cualquier cosa con el logotipo de Gucci se convirtió en un elemento imprescindible para las estrellas de cine, las socialites e incluso para las primeras damas: Gucci había sido lanzado a la estratosfera de la moda. Pero las siguientes generaciones se encargaron de destruir el legado de su fundador hasta hacer que la familia Gucci perdiera el negocio que lleva su propio nombre.

Hasta ahora, la saga lo tiene todo: glamour, avaricia, sexo, asesinato, traición y ansiedad por mantener un status, e incluso hoy en día, la tercera generación sigue peleándose por el dinero de la familia. A continuación, un recuento de la oscura historia detrás de uno de los nombres más brillantes de la moda.

Traciones y mafia

Patrizia Reggiani, mejor conocida como "Lady Gucci" Fotografía: QuiFinanza

Patrizia Reggiani, mejor conocida como “Lady Gucci” Fotografía: QuiFinanza

Cuando Guccio murió en 1953, el negocio quedó en manos de Aldo, el mayor de sus tres hijos, quien expandió la marca a ciudades como New York, París, Tokio y Londres, haciéndola prosperar. Pero luego de la muerte del hermano de Aldo, Vasco Gucci (quien murió sin hijos en 1974), la compañía se dividió a la mitad entre Aldo y el hermano superviviente, Rodolfo. Aldo le dio a cada uno de sus tres hijos el 3.3%, dejándolo con el 40% mientras que su hermano retuvo el 50%.

Los problemas comenzaron a surgir cuando la tercera generación comenzó a tomar un papel más activo en la gestión del negocio familiar. El hijo de Aldo, Paulo, tenía visiones de crear su propia línea de moda, pero cuando su padre y su tío rechazaron la idea, la lanzó de todos modos tras sus espaldas: lo despidieron y cortaron todos los lazos entre él y Gucci. La venganza de Paulo fue acusar a su tío por evasión de impuestos (quien terminó en prisión), y posteriormente a sus primos por el mismo delito. Todo por sacarlo del negocio.

Al final, ambos primos obtuvieron lo que querían, con resultados desastrosos: Paulo finalmente lanzó su propia línea de moda que fue un total fracaso, y Maurizio dirigió el imperio de Gucci hasta finales de los años 80 y principios de los 90, pero a fines de 1991, había quebrado la compañía, y fue obligado a venderla gracias a deudas de más de USD $40 millones. Bajo una administración estable, Gucci pudo restaurar su gloria, pero Maurizio no tuvo un final feliz: luego de irse con su amante, su ex esposa Patrizia Reggiani lo mandó a asesinar con un grupo de mafiosos en Milán, y fue juzgada y sentenciada por 29 años. Un adiós en cuatro disparos.

Renaciendo de las cenizas

Tom Ford durante su paso por Gucci a mediados de los 90. Fotografía: Sleek Mag

Tom Ford durante su paso por Gucci a mediados de los 90. Fotografía: Sleek Mag

Aunque se le ofreció libertad condicional a cambio de trabajos comunitarios en el 2011, Patrizia se negó, alegando que nunca había trabajado y tampoco pensaba hacerlo, así que prefería quedarse entre rejas. Pero luego de salir de prisión por buen comportamiento, la ley italiana dijo que por su acuerdo prenupcial, le correspondía un millón de dólares anual de parte de su esposo… retroactivamente: debería recibir 25 millones. Aunque haya mandado a matar al hombre. WTF?

Sin embargo, aún no los recibe: tantos sus hijas como su madre (de 90 años y conocida como La Viuda Negra en Italia por sospechas de haber matado a su marido por un testamento favorecedor) están enredadas en una batalla campal y legal por el dinero.

Mientras que el público italiano estaba fascinado con todo este escándalo durante los años 90, la compañía Gucci estaba menos cautivada. Después de décadas de luchas internas, la marca ya no estaba bajo control familiar, y pese estar en el ojo del huracán, a mediados de la década de 1990 la casa de moda tuvo su resurgimiento gracias a su nuevo jefe Domenico De Sole y la dirección creativa de un joven y audaz diseñador: Tom Ford. Desde entonces, la marca sólo conserva el apellido de sus orígenes de principios del siglo pasado, y por fortuna, ha podido sobrevivir los nexos con sus previos dueños para salir airosa.

En el 2016, el director chino de culto Wong Kar-wai había prometido un filme sobre la conflictiva familia Gucci, que nunca llegó a materializarse. Pero, ¿quién necesita una película cuando la realidad es más salvaje que nuestra propia imaginación?

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