Para Ross Ulbricht, la Ruta de la Seda, que eventualmente se convertiría en el mercado negro multimillonario de drogas más famoso de la historia de la Internet, comenzó como un startup. Como Facebook, o como Tinder. Como Uber. Luego de graduarse en la universidad de Penn State en el 2011 y familiarizarse con la filosofía libertaria y los libros de Ayn Rand (cosas que usualmente van de la mano), se le ocurrió una idea.

Si la comida rápida, el alcohol y el tabaco eran legales cuando causaban tantas enfermedades, ¿por qué demonios no eran las drogas recreacionales legales también? Al final, no había diferencia. Además como un programador prodigio, tenía las herramientas para hacer su startup realidad: un mercado fuera de las reglas gubernamentales ubicado en el lado oscuro de la web.

Ulbricht lo llamó Silk Road, o la Ruta de la Seda, en honor al camino comercial utilizado por la dinastía Han siglos antes. Compradores y vendedores eran emparejados, y la sustancia de tu preferencia te llegaba camuflajeada en un juguete, en un DVD, o a veces en un paquete bien forrado que te entregaba el cartero con una sonrisa.

Ross Ulbricht. Fotografía: The Guardian

Sin embargo, las cosas comenzaron a salirse de control poco después: ya no eran solo drogas, sino equipo para fabricar drogas, rifles de asalto, venenos para el suicidio, riñones, córneas, hígados, seres humanos al mejor postor y servicios de sicariato para todos los gustos: se movían más de medio millón de dólares semanales.

En ese entonces, Ulbricht era conocido como Dreaded Pirate Roberts, todopoderoso. hasta que descubrió que Curtis Green, uno de sus “empleados” le había robado 350.000 dólares y que además había sido atrapado po la policía. Había que hacer algo para que todos supieran que iba en serio y que no era un nerd de Silicon Valley, ¿no?
Al final usó su misma plataforma para pagar $80.000 dólares a un sicario para que acabara con Green, justificándolo como el precio de una traición, pero al final, Dreaded Pirate Roberts sólo podía trabajar con gente con integridad. Geen no fue el único. Mientras hacía citas con mujeres en websites de parejas, y se encontraba con ellas, en cafés, usaba su laptop para seguir acabando con sus enemigos y todos aquellos que quisieran robarle los millones por los que había trabajado.

Ulbricht jamás iba a salir en la portada de Forbes o de Fortune por haber creado el startup más exitoso de la historia, así que tenia que reafirmar su poder de otra manera: dejando cuerpos a su paso.

Curtis Green. Fotografía: The Independent

Lo que Ulbricht nunca se imaginó es que el sicario que iba a matar a Green era realmente un agente de la DEA, y que el asesinato había sido falso. Las autoridades se estaban acercando, y en octubre del 2013, un comando conformado por oficiales del Departamento de Justicia, el FBI, la oficina de Impuestos y claro, la DEA, lo hallaron en una biblioteca de San Francisco.

Dreaded Pirate Roberts había cometido un error, dejando una puerta abierta para rastrearlo a la dirección IP de un café que frecuentaba. Cuando fue arrestado, tenía decenas de millones de dólares en bitcoins, pero sólo $2 dólares en el bolsillo. Fue sentenciado en el 2015, y sirve una condena de por vida en Nueva York.

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