I’ll see you again in 25 years. Así le dijo Laura Palmer al agente del FBI Dale Cooper en el capítulo final de la segunda temporada de Twin Peaks en 1991. La serie de culto está de regreso un poco más tarde de la fecha indicada por la fatídica heroína, y quienes estén al día con los cuatro capítulos que ya han salido al aire pueden estar de acuerdo que más que una historia lineal o una continuación del cliffhanger con el que quedamos en los 90, la serie parece habitar el mundo interdimensional por el que Lynch es tan conocido: es la versión 100% heroína pura de la mitología lynchiana.

Y esas ideas, además de un reconocido currículum en el séptimo arte que abarcan casi 40 años de largometrajes, cortos, series de televisión y hasta videos musicales, también tiene cabida su primer amor: la pintura y la música, que siempre serán su fuente de inspiración. Lynch estudió en la Escuela de Bellas Artes de Philadelphia antes de hacer su transición al mundo audiovisual, y en muchas entrevistas ha revelado que una de sus influencias más grandes siempre ha sido el artista irlandés Francis Bacon, conocido por sus pinturas y dibujos figurativos llenos de imágenes llamativas, grotescas y crudas cargadas de emoción.

"Crucifixion" (1965), por Francis Bacon.

“Crucifixion” (1965), por Francis Bacon.

Cuando se destila la obra de Bacon hasta obtener sus leit motifs y sis ideas principales, obtenemos cuerpos mutilados, cabezas que gritan, trozos de carne que flotando libremente, gente atrapada en limbos, figuras que se desdoblan y se dividen en múltiples formas, imágenes de autoridad moral corruptas y atormentadas. ¿suena familiar?

Al igual que Bacon, Lynch soñó con ser pintor, pero en vez de plasmar sus ideas en un lienzo terminó haciéndolo de manera diferente: con el concepto de que la narrativa puede acercarnos a la verdad y a los demás, siempre y cuando nos haga soñar. Para Lynch, la lógica en la narrativa es una expresión artística que eventualmente puede ser un obstáculo para la inspiración, así que en su mudo de múltiples dimensiones, fantasías y sueños, toma prestado el espíritu de Bacon para tomar el control, llevándonos a lugares inesperados, y queriéndolo o no, a veces le rinde homenaje a su pintor favorito.

A mediados de los 60, Lynch ya estaba experimentando acerca de cómo trasladar una pintura al mundo audiovisual sin perder su esencia. Ejemplo de ello es su corto Six Figures Getting Sick de 1966, una animación compuesta por seis cabezas, que poseídas por una fuerza desconocida, terminan vomitando sobre sí mismas. Es una idea que se repite en Twin Peaks con el Agente Cooper y sus doppelgangers, que incluso vomitan al igual que estas cabezas.

Los delirios visuales de Bacon tienden a encontrar sus espejos en los más recientes episodios de Twin Peaks: en el primer episodio, vemos a El Brazo en el Black Lodge, que se asemeja a la imagen de uno de los trípticos de 1944 del artista, mientras que el monstruo sin cuerpo de la misteriosa caja de cristal puede verse en Two figures at a window.

"Second Version of Triptych" (1944) de Francis Bacon

“Second Version of Triptych” (1944) de Francis Bacon

Imagen: Netflix

Son justamente estos momentos de irracionalidad barroca los que acercan a Lynch y a Bacon en una delicada dimensión yuxtapuesta sobre la trama, y que son los instantes que en realidad importan en la serie, más allá del misterio, el café y el pie de cereza.

Imagen: Netflix

"Two Figures at a Window" (1953), de Francis Bacon

“Two Figures at a Window” (1953), de Francis Bacon

La cosmología de Twin Peaks es particular: aunque tiene su base en una imagen irreal y aparentemente perfecta de un pequeño pueblo semi rural que es atacado por fuerzas siniestras que nadie puede contener o comprender, y eso es justamente lo que hizo que tantas personas se contagiaran con el misterio, más allá de Laura Palmer. Ahora, la acogedora historia del pueblo de Twin Peaks es un núcleo podrido en donde la violencia, la depravación y la irrealidad ocupa el centro de la serie.

Las historias están fragmentadas, al igual que las dimensiones y las realidades; el encantador surrealismo de hace 25 años es ahora lo más cercano que podemos tener a un film de arte en la televisión. Los límites son borrosos, las expectativas son una gran interrogante. Más que nunca, esta es la versión más pura y concentrada de David Lynch que tendremos en algún tiempo, si le creemos eso de que no volverá al cine. Y es posible que no haya encontrado un mejor compañero para este desconocido camino por el lado oscuro de la humanidad que Francis Bacon: tenemos hasta el mes de septiembre para envenenarnos con las pesadillas escondidas en la habitación roja del Black Lodge.

Despues de leer, ¿qué te pareció?