La fiesta española de San Fermín es sin duda la más conocida de ese país: desde el 6 de julio y durante ocho días, la localidad de Pamplona tradición, el folclor y los toros se reúnen en un caldero de sangre caliente y adrenalina que incluso cautivó en su momento al mismísimo Ernest Hemingway. Usualmente hay más de un millón de personas, y aunque casi siempre vemos incidentes de como algún hombre ha recibido alguna cornada de un toro que corre entre la multitud, durante los últimos años, el festival se ha convertido en un lugar especialmente peligroso para las mujeres.

El 7 de julio de 2016, la vida de una joven de 18 años de edad (cuya identidad aún permanece en secreto para salvaguardar su intimidad) cambió para siempre luego de que se separara de sus amigas. Cinco hombres, José Ángel Prenda, Alfonso Cabezuelo, Antonio Manuel Guerrero, Jesús Escudero y Ángel Boza se ofrecieron a acompañarla a su vehículo para que no estuviera sola, pero al final, decidieron violarla entre todos y filmarlo con sus teléfonos celulares luego de robarle el de ella, para que no tuviera a quien llamar.

Por fortuna, alguien la encontró llorando sentada en un banco, y terminó contándoselo todo a la policía, describiendo con detalle a cada uno de sus agresores, quienes se compartieron los videos de la agresión en su su grupo de WhatsApp, llamado La Manada. Al día siguiente, habían sido apresados.

Sin embargo, la justicia demostró ser tan patriarcal como el crimen: desde tempranas horas de esta mañana, toda España está en conmoción luego de que uno de los casos de violencia sexual de más alto perfil en el país tuviera un desenlace inesperado: en vez de los 22 años de cárcel que pedía la fiscalía, los cinco hombres solo tuvieron una condena en prisión de nueve años, cinco años de libertad condicional y a cada uno se les ordenó pagar 10.000€ a la mujer. Guerrero (quien por cierto es oficial de la policía de la Guardia Civil) también recibió una multa de 900€ por robar su teléfono.

Los hombres fueron declarados culpables solo de “abuso sexual continuo” de la mujer en el vestíbulo de un edificio en las primeras horas del 7 de julio de 2016, pero no de violación. Según la ley española, el delito menor de abuso sexual difiere de la violación en que no implica violencia o intimidación; y de hecho uno de los jueces (¡uno de los jueces!) argumentó que los hombres deberían haber sido absueltos de todos los cargos, excepto el robo del teléfono.

Una interpretación machista del término “consensual”

Uno de los selfies de "La Manada" en los Sanfermines de 2016. Fotografía: El Español

Uno de los selfies de “La Manada” en los Sanfermines de 2016. Fotografía: El Español

Los abogados defensores de La Manada afirmaron que la mujer había consentido y había permitido que uno de los hombres la besara. También argumentaron que los 96 segundos de video de los teléfonos de los hombres, mostrando a la mujer inmóvil y con los ojos cerrados durante el ataque, era una prueba de consentimiento. La fiscal Elena Sarasate, sin embargo, dijo que la víctima había estado demasiado aterrorizada para moverse.

“Los acusados quieren que creamos que esa noche conocieron a una chica de 18 años que llevaba una vida normal y que, después de 20 minutos de conversación con personas que no conocía, acordaron tener relaciones sexuales grupales con todo tipo de penetración, a veces simultáneamente, sin usar un condón. Si el sexo era consensual, ¿por qué le robaron el teléfono? Lo más obvio sería intercambiar números telefónicos, ¿no?”

El juicio también fue criticado después de que los jueces aceptaran como prueba un informe compilado por un detective privado contratado por algunos de los acusados. El detective había seguido a la mujer durante varios días y había producido fotografías de ella sonriendo con sus amigas: esto fue presentado como evidencia de que no había sufrido ningún trauma duradero, lo que provocó que cientos de mujeres se manifestaran afuera de la corte con carteles que decían: “Te creemos, hermana”.

Protestas, ira e impotencia

Durante el día de hoy, miles de personas se reunieron en ciudades de toda España, desde Sevilla a Barcelona y en las afueras del Ministerio de Justicia en Madrid con carteles y consignas que decían: “No es abuso, es violación”. En Madrid, hombres y mujeres llenaron las calles centrales gritando “¡Vergüenza! ¡Vergüenza!” y “No significa no”. En Barcelona, miles de personas se congregaron en la plaza central golpeando ollas y sartenes y sacudiendo sus llaves en el aire.

A medida que se anunciaban las manifestaciones en el país europeo, Amnistía Internacional declaró en su cuenta de Twitter lo siguiente:

“La falta de reconocimiento legal de que las relaciones sexuales sin consentimiento constituyen una violación da lugar a la idea de que nos corresponde a nosotros como mujeres protegernos de la violación”.

Mientras tanto, el grupo internacional de derechos humanos Women’s Link dijo que el caso había ofrecido a los jueces una oportunidad única de establecer un precedente que ayudaría a proteger a las víctimas de agresiones sexuales en un futuro, pero como suele suceder, el tribunal no hizo nada al respecto.

Esta no es la primera vez que los tribunales fallan a favor de los agresores sexuales: el año pasado, un hombre francés que violó a una niña de 11 años de edad terminó evitando la cárcel cuando los fiscales convencieron al jurado de que la menor de edad “había consentido” al sexo simplemente por seguirlo. ¿Qué mierda está pasando?

¿Es que acaso la ley está tan preocupada por defender la patriarquía que se les hace imposible reconocer que cinco hombres atacando sexualmente a una adolescente paralizada no representa una violación? La víctima estuvo durante cinco meses en un juicio en el que se la trató de promiscua y mentirosa, donde la acusaron de querer joderle la vida a cinco hombres porque en el video de la violación no se le veía “defendiéndose”.

¿Cómo te defiendes de cinco bestias que igual que te violaron pueden matarte a golpes? ¿Cómo se confía en una justicia que busca por todos los medios defender el honor del atacante? ¿Who watches the watchmen? ¿En dónde se mete tanta rabia, frustración y decepción?

La cultura de violación está más viva que nunca — si gritas, mueres. Si le cuentas a la policía, es tu culpa. Si vas a juicio, mientes. La misoginia nos respira al cuello, llamándonos putas mientras busca penetrarnos a la fuerza. Te creemos, hermana.

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