Desde que Donald Trump ganó las elecciones como presidente de los Estados Unidos, podría decirse que el nivel del discurso de la política internacional ha ido en picada, aunque si somos honestos, no llegó de la nada: sucedió en el medio de un auge populista y nacionalista que también llevó al Reino Unido a votar por su salida de la Unión Europea.

Muchos votantes alrededor del mundo, al parecer, estaban terriblemente desencantados y dispuestos a probar algo nuevo… y desalentador: racista, sexista, xenófobo y generalmente asqueroso. Pero no siempre lo nuevo ha sido malo. Nueva Zelanda escogió hace poco la primera ministra más joven de su historia con Jacinda Ardern; Canadá, por supuesto, tiene al súper moderno Justin Trudeau, y Francia tiene a Emmanuel Macron. Estos son líderes que no se ajustan al molde, y aunque difícilmente son anti-establishment, ciertamente no representan la vieja guardia.

Ahora, otra política joven y progresista está tomando un lugar en el escenario global, pues hace pocos días, Islandia eligió a una ecologista y feminista de apenas 41 años como primera ministra: Katrín Jakobsdóttir.

Renovando el escenario político

La política islandesa ha ido de mal en peor en los últimos años, y el pasado mes de septiembre se descubrió el más reciente: el entonces primer ministro Bjarni Benediktsson debió a llamar a elecciones luego de la indignación popular que provocó la noticia de que su propio padre había hecho lobby activo para la reducción de pena de un pedófilo que violó a su hijastra durante 12 años.

Con tan sólo nueve meses en el poder, Benediktsson había sido el sucesor de Sigmundur Gunnlaugsson, quien en abril de 2016 se convirtió en una de las primeras grandes víctimas de los Panamá Papers, el famoso leak de documentos que reveló cómo los ricos y poderosos del mundo usaban paraísos fiscales para ocultar sus riquezas.

Katrín Jakobsdóttir durante las conversaciones de la coalición gubernamental. Fotografía: Mbl.is/Eggert Jóhannesson

Katrín Jakobsdóttir durante las conversaciones de la coalición gubernamental. Fotografía: Mbl.is/Eggert Jóhannesson

Katrín Jakobsdóttir desbancó la coalición de centroderecha liderada por Benediktsson acompañada del Partido verde islandés y de formar una (bastante inusual) coalición con el conservador Partido Independiente y el Partido Progresista. Las encuestas antes de las elecciones indicaban que la mitad de los votantes islandeses querían que ella se convirtiera en la primera ministra, y después de estos dos escándalos que resultaron en la caída de dos gobiernos, hay muchas esperanzas de que esta nueva coalición traiga una estabilidad más duradera a la nación nórdica:

“Es importante que intentemos cambiar la forma en que trabajamos juntos. Este acuerdo hace que suene un nuevo acorde en la política de nuestro país”.

Inclusión y ecología

Una de las razones por las que Jakobsdóttir fue una opción tan popular para liderar el país es que a pesar de su corta edad, ya se había desempeñado en diversas funciones políticas desde 2003, cuando asumió el cargo de vicepresidenta del Movimiento Verde de Izquierda. En 2009, se convirtió en Ministra de Educación, Ciencia y Cultura y Ministra de Cooperación Nórdica, puestos que ocupó hasta 2013.

Katrín Jakobsdóttir en una reunión de su partido. Fotografía: Mbl.is/Kristinn Magnússon

Katrín Jakobsdóttir en una reunión de su partido. Fotografía: Mbl.is/Kristinn Magnússon

Jakobsdóttir se define a sí misma como una socialista demócrata, feminista y antimilitarista, aspira ampliar el sistema de salud de su país ir más allá de lo que exige el Acuerdo de París en cuando a la lucha contra el cambio climático, y buscará una mayor igualdad de género. Entre sus prioridades, está hacer de Islandia un país completamente neutral en carbono para 2040 y en su agenda incluirá una mayor inversión en salud, educación e infraestructura de transporte, sosteniendo la recuperación económica de Islandia del colapso financiero de 2008 y mejorando la igualdad de género y los derechos LGBT.

Es la segunda mujer primer ministro de Islandia: la primera fue Johanna Siguroardottir, quien rompió barreras como la primera jefa de estado abiertamente lesbiana en el mundo entre los años 2009 y 2012, y antes de los dos, Islandia también tenía a la primera mujer presidente democráticamente elegida del mundo: Vigdis Finnbogadottir, que ocupó ese cargo desde 1980 hasta 1996. Esperamos que con una mayor participación femenina (¡y joven!) en la política haya verdaderos cambio para mejor en los próximos años.

Despues de leer, ¿qué te pareció?